Ciudad Abierta
"Auto a auto, esc�ndalo tras esc�ndalo, todas las m�scaras han sido arrancadas. No solo del presente; tambi�n del pasado"

El presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.EFE
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S�nchez siempre ha pretendido que su proyecto no era una aventura personalista. Desde que accedi� a la secretar�a general del partido, el l�der del PSOE fue probando distintos perfiles -distintas m�scaras, si se quiere- que trascendieran aquello de lo que lo acusaban sus cr�ticos. Seg�n el momento ha adoptado discursos socioliberales, europe�stas y regeneracionistas, as� como otros m�s t�picos del populismo de izquierdas, reforzados con un antitrumpismo progresista y con las versiones dominantes en nuestro tiempo del feminismo y el ecologismo. Los esc�ndalos de los �ltimos a�os han ido desdibujando estos perfiles. Auto a auto, esc�ndalo tras esc�ndalo, todas las m�scaras han sido arrancadas. No solo del presente; tambi�n del pasado.
Los casos de �balos, Cerd�n y Leire, as� como los que salpican a su entorno familiar, destruyeron la pretensi�n de que el sanchismo hubiese sido alguna vez un proyecto regeneracionista, un impulso de limpieza institucional. La amnist�a, por su parte, arras� la idea de que el sanchismo hubiese tenido un plan sincero para reconducir la crisis catalana, y no solo una estrategia de cesiones cuyo primer y �ltimo objetivo era permitir al PSOE mantenerse en el poder. Ahora, la imputaci�n de Zapatero est� dinamitando la imagen del sanchismo como una cruzada moral progresista, un anhelo de justicia e igualdad universales cuyo silencio ante los cr�menes del chavismo y afinidad con los intereses de la dictadura china eran pura casualidad.
Por el camino han quedado tambi�n -ya porque se marchasen, porque cayeran en desgracia o porque se achicharraran en defensa del jefe- todas aquellas figuras que en alg�n momento sirvieron para reforzar los distintos perfiles del sanchismo. Calvi�o y Ribera est�n en Europa, Marlaska y Robles pulverizaron el prestigio que alguna vez tuvieron, Redondo e Iglesias demuestran con cada nueva intervenci�n o entrevista que lo asombroso no es que salieran del Gobierno de Espa�a, sino que alguna vez entraran en �l... y esto sin contar a los escuderos que est�n en la c�rcel, o en libertad provisional, o citados para declarar ante un juez. Si sumamos a ese panorama la incapacidad para aprobar unos presupuestos, o para remontar en las encuestas, o para resultar m�nimamente competitivo en las �ltimas elecciones auton�micas, tambi�n se desvanece la pretensi�n de que el sanchismo, en cualquiera de sus perfiles, tenga detr�s algo parecido a una mayor�a social.
A la altura de mayo de 2026, lo �nico que va quedando del sanchismo es lo que siempre hubo: la figura de Pedro S�nchez, el proyecto personal de Pedro S�nchez. Esto sigue siendo mucho, si es que no lo es todo. Quienes se preguntan c�mo puede aguantar el presidente en la situaci�n actual tambi�n podr�an preguntarse c�mo pudo armar una moci�n de censura con unos partidos que acababan de montar una declaraci�n unilateral de independencia, y cuyos l�deres estaban entonces huidos o en prisi�n preventiva. La respuesta en ambos casos ser� la misma. En el centro de esta fase crepuscular del sanchismo, en fin, se encuentra lo mismo que en todas las anteriores. Una vez m�s la pregunta es cu�ntos querr�n creer que esto va de otra cosa.





















