Tierra de nadie
El PP ha llegado a un acuerdo con Vox no sin pocas dudas, pero con la necesidad de ofrecer una alternativa a S�nchez

Mar�a Guardiola, junto a �scar Fern�ndez (dcha.), de Vox, al anunciar el acuerdo el jueves.Efe
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Desde el no es no de Pedro S�nchez, que este a�o cumple una d�cada, la pol�tica espa�ola est� abonada a depender de los extremismos. Donde hay un muro no hay posibilidad de entendimiento ni pol�ticas de Estado comunes, sino polarizaci�n y frentes ideol�gicos. El PSOE ha atravesado ese camino normalizando a Podemos, a Bildu, a Junqueras, a Puigdemont y anda ahora con Xi Jinping y el Grupo de Puebla. El PP lo ha hecho pactando con Vox. No sin pocas dudas, pasadas y presentes, pero con la necesidad de ofrecer una alternativa a S�nchez y presentar gobiernos eficaces frente al desgobierno sin presupuestos.
El primer cap�tulo de esta alianza renovada ha sido el pacto en Extremadura para investir a Mar�a Guardiola. Cuatro meses hab�an pasado desde las elecciones y la incertidumbre empezaba a pesar como losa sobre la cabeza de Vox, incapaz de responder de qu� serv�a votarle. Su 17% de los votos y el 43% del PP eran una exigencia de cambio a gritos que conven�a no ignorar.
El resultado son 23 p�ginas de acuerdo, dos puestos en el Gobierno auton�mico para Vox y el compromiso de dar estabilidad institucional con cuatro presupuestos. Entre las medidas hay pol�ticas compartidas -bajadas de impuestos, desregulaci�n- y p�ldoras del ideario de uno y otro. Sorprende que el PP haya asumido algunas afirmaciones del repertorio de Abascal, como el �rechazo expl�cito al acuerdo UE-Mercosur� o que se hable de �imposiciones de Bruselas�. Y choca que los dos principales problemas que se�alan los extreme�os en las encuestas, que son el paro y las infraestructuras, no tengan un cap�tulo propio en el pacto de gobierno, sino que aparezcan levemente en otros puntos.
Guardiola compareci� sonriente para anunciar el acuerdo, pero por el momento quien lo est� rentabilizando es Vox, que lo ha planteado en t�rminos de mirad de lo que somos capaces. El partido necesita ox�geno y quiere conseguirlo con este pacto. La semana pasada fue negra para la derecha populista, que tuvo que digerir la derrota de Orban, el divorcio entre Trump y Meloni y, en Espa�a, la brusca bajada de Vox en las tres encuestas andaluzas que se publicaron. La guerra en Ir�n ha consolidado un ambiente de crisis en un �mbito pol�tico que parec�a imparable, pero que ahora se enfrenta a sus propios fantasmas.
Esos fantasmas llevan en Espa�a el nombre de Podemos y Ciudadanos. Dos partidos que tuvieron m�s de cinco y cuatro millones de votos, respectivamente, antes de caer en el ostracismo tras un paso fugaz por las instituciones. Vox es su heredero como m�ximo representante de la nueva pol�tica contra el bipartidismo y se enfrenta al mismo dilema: c�mo superar el momento populista de ofrecer soluciones f�ciles a problemas complejos y pasar a gestionarlos y a ofrecer respuestas reales.
Abascal est� presumiendo en especial de haberle colado al PP el �principio de prioridad nacional�, definido como la �asignaci�n de recursos p�blicos a quienes mantienen un arraigo real, duradero y verificable con el territorio�. Habr�a que preguntarse si realmente han doblegado al PP en esto o si los populares est�n viviendo su propia evoluci�n con la inmigraci�n, adoptando la l�nea dura que gobierna Europa y que comparten desde el popular Merz, la socialista danesa Frederiksen o la radical Meloni. Por de pronto, G�nova tuvo que salir a explicar el pacto al d�a siguiente de firmarlo, lo que no es muy buena se�al.
Lo firmado constituye, en todo caso, una declaraci�n de intenciones y se entiende que un programa para toda Espa�a, porque precisamente en Extremadura no hay un problema acuciante con la inmigraci�n. Es la comunidad aut�noma con menor porcentaje de residentes nacidos en el extranjero y en la lista de problemas de los extreme�os ocupa el puesto 16�, con apenas un 1,3%. Si acaso, la regi�n tiene el problema contrario, el de la fuga de j�venes formados por falta de oportunidades y el de la p�rdida de poblaci�n. De Guardiola y el PP dependen ahora tenerlo muy en cuenta. El �xito de este acuerdo no estar� en sus declaraciones, sino en su capacidad para responder a la realidad.
























