


















El primer cruce
"Sin un m�nimo consenso, seguiremos a bandazos entre integraci�n sin reglas y reglas sin integraci�n"

Colas en Ayuntamiento de Zaragoza durante el segundo d�a de la regularizaci�n de inmigrantes.
Actualizado S�bado, 18 abril 2026 - 00:07
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Nunca he sido un gran lector de ciencia ficci�n, pero reconozco cierta debilidad por la ucron�a: ese juego de imaginar finales alternativos de la historia. Ser� por eso que disfruto leyendo el programa electoral del PSOE. Sobre todo cuando el Gobierno anuncia un nuevo �hito� de la legislatura. Porque lo importante, ya saben, no es que haya presupuestos, sino hitos. Y si no figuraban en el programa, mejor: as� se conserva el efecto sorpresa. El cambio de posici�n sobre el S�hara Occidental, los indultos del proc�s o la ley de amnist�a habr�an perdido su encanto de haberse anunciado. No hay nada como las medidas que de la noche a la ma�ana se vuelven indispensables.
El �ltimo hito del Gobierno es la regularizaci�n extraordinaria de cientos de miles de inmigrantes. La medida reabre una cuesti�n inc�moda: su encaje con el mandato electoral del PSOE. En su programa, los socialistas defienden una �migraci�n regular, segura y ordenada�, basada en v�as legales y procesos de integraci�n progresiva. Una regularizaci�n masiva responde a otra l�gica: no act�a sobre los flujos futuros, sino sobre una realidad ya consolidada; no ordena la entrada, sino que la corrige a posteriori.
No hay una contradicci�n frontal: convertir irregularidad en legalidad tambi�n puede entenderse como una forma de ordenar. Pero s� hay una tensi�n evidente. Cuando la regularizaci�n se convierte en el instrumento principal de la pol�tica migratoria, puede percibirse como una quiebra del principio de orden previo o incluso como una se�al de incompetencia, cuando no de tolerancia hacia la irregularidad. En todo caso, a ver qui�n le dice a un Gobierno que lleva tres a�os sin aprobar unos presupuestos que carece de un mandato electoral espec�fico para adoptar una medida tan trascendente. No estoy en contra de la regularizaci�n, sino de las chapuzas.
En el extremo opuesto, el acuerdo en Extremadura entre PP y Vox desplaza el debate hacia una l�gica de exclusi�n. Frente a una regularizaci�n que suscita dudas leg�timas, el pacto introduce la �prioridad nacional� y la restricci�n de derechos para inmigrantes irregulares, acerc�ndose a un enfoque m�s identitario que funcional. Que el PP asuma este marco, tras defender hist�ricamente posiciones m�s pragm�ticas, refleja tanto la presi�n de sus socios como la carencia de un discurso propio.
A derecha e izquierda se percibe la falta de voluntad de alcanzar un m�nimo consenso sobre la gesti�n de la inmigraci�n. Tantos hitos despu�s, tampoco vamos a sorprendernos: el consenso exige estabilidad, previsibilidad y coherencia. Sin ese terreno com�n, seguiremos a bandazos entre integraci�n sin reglas y reglas sin integraci�n.
No est� de m�s recordar que quienes llegan no son amenazas abstractas, sino personas que buscan una vida mejor; tratarlas como sospechosos o meros consumidores de recursos es injusto. Pero la apelaci�n moral no basta: los derechos, los servicios p�blicos y la convivencia exigen planificaci�n, reglas claras y explicaciones honestas. Sin pedagog�a pol�tica, incluso las decisiones bienintencionadas erosionan la confianza. Y conviene no olvidar que las fronteras de Espa�a son tambi�n las de Europa: un espacio que solo se sostiene si sus Estados act�an con responsabilidad y sentido de conjunto. Pero dif�cilmente podremos entendernos con Europa si ni siquiera somos capaces de hacerlo entre nosotros.
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