























Tribuna

Una seguidora besa a Mar�a Corina Machado, el s�bado, en la Puerta del Sol, en Madrid.Efe
Julio Borges Junyent
Actualizado Domingo, 19 abril 2026 - 00:05
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Madrid estos d�as no es solo Madrid. Para los venezolanos del exilio se ha convertido en una extensi�n del pa�s, en una plaza donde el dolor se reconoce sin verg�enza y la esperanza se pronuncia en voz alta. La visita de Mar�a Corina Machado -su gira completa, sus encuentros, sus gestos, su paso por espacios pol�ticos e institucionales y su abrazo con la di�spora- es un temblor �ntimo en millones de familias que llevan a�os viviendo el desarraigo.
Porque Venezuela no se rompi� �nicamente en lo pol�tico y en lo econ�mico. Venezuela se rompi� en el alma. Se rompi� en la confianza, en la palabra, en la idea de futuro. Se rompi� en la familia. Veinticinco a�os de dictadura no solo vaciaron hospitales y escuelas: vaciaron mesas. Dejaron una silla sobrante en cada comida. A un hijo en otro huso horario. A un abuelo esperando medicinas. A un preso pol�tico convertido en silencio. A un duelo sin abrazo. Pero tambi�n dej� a un pueblo que no se rinde.
Cuando un joven, una se�ora y un ni�o lloran al verla, y mis hijos se emocionan al saludarla, es porque todos pensamos en la familia y los amigos que dejamos, en el abuelo que no despidieron, en todo lo vivido y tambi�n, en lo no vivido, pero sobre todo ven esperanza en el futuro, en vivir en el pa�s que nos arrebataron a ocho millones de venezolanos obligados a huir y al que ellos sue�an regresar y reconstruir con todos los venezolanos.
Las dictaduras, cuando caen, casi nunca caen por una f�rmula t�cnica. Caen cuando ocurre lo que parece imposible: cuando un pueblo se pone de pie y encuentra un liderazgo moral que no se vende, no se asusta y no se cansa.
Mar�a Corina es a ratos hermana, a ratos madre, a ratos hija de un pa�s herido porque combina dos cosas raras en pol�tica: firmeza y cuidado. Firmeza para no arrodillarse. Cuidado para no convertir la lucha en odio. Esa mezcla toca especialmente a las mujeres venezolanas, las que sostuvieron hogares en dos pa�ses: trabajando doble, mandando remesas, criando los hijos que las acompa�aron mientras su coraz�n sufr�a por los que se hab�an quedado. Ellas saben que un pa�s no se reconstruye solo con petr�leo: se reconstruye con v�nculos, con dignidad y con verdad.
Madrid se volvi�, esta semana, en una especie de capital emocional de Venezuela. Esta visita reorden� ese desorden: record� que el exilio no es destino, que puede ser misi�n; que lo que hemos sufrido sirve para volver a levantar lo que destruyeron. Es imposible entender este momento sin honrar al pueblo. Porque la gran gesta de Venezuela no solo la protagonizan l�deres: la protagoniza la gente. Los que marcharon sin armas frente a balas. Los que documentaron el voto. Los que defendieron actas. Los periodistas que se enfrentaron a la censura. Los estudiantes que se negaron a callar. Los militares y pol�ticos presos y exiliados por negarse a traicionar su conciencia. Veinticinco a�os de violaciones de derechos humanos no lograron quebrar la voluntad de ser libres.
Quiero nombrar especialmente a Edmundo Gonz�lez Urrutia: con su serenidad de padre y de abuelo, representa la Venezuela decente, tranquila, firme, que no busca revancha, sino Rep�blica. Todos los venezolanos han tenido que sacrificar algo, Mar�a Corina y Edmundo encarnan con su testimonio ese sacrificio y algo que el mundo necesita comprender: la democracia no es un lujo, es una necesidad humana. Es la condici�n para vivir sin miedo.
Hoy es 19 de abril, fecha en la que el pa�s conmemora el inicio de su libertad. Que sirva esta fecha para proclamar que Venezuela est� resucitando desde su alma.
Julio Borges Junyent es pol�tico y abogado venezolano, adem�s de fundador del partido Primero Justicia
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