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En el muelle de Arguineguín, punto emblemático de llegada de embarcaciones precarias a Gran Canaria, el Papa León XIV ha protagonizado uno de los momentos más emotivos de su viaje al archipiélago. Ante unos 1.800 invitados, entre los que se encontraban el presidente Pedro Sánchez y numerosos socorristas, el Pontífice escuchó el relato de una mujer nigeriana que puso rostro al drama de la trata de seres humanos en las rutas atlánticas.
La mujer compartió una elección de vida o muerte: "Elegí cruzar (...) Morir intentándolo, o quedarse y no tener nada". Su calvario, sin embargo, se agravó durante la travesía al quedar embarazada de un hombre perteneciente a las mafias. Según su testimonio, el horror alcanzó su punto álgido al pisar suelo español, momento en el que le quitaron a su bebé para coaccionarla y obligarla a ejercer la prostitución. Esta denuncia evidenció ante el Santo Padre la brutalidad de las redes de explotación que operan tras el fenómeno migratorio.
La respuesta de León XIV fue una condena sin paliativos a lo que denominó "industrias de muerte". El Santo Padre denunció la existencia de "monstruos" que acechan los mares: mafias que trafican con la desesperación y tratantes que esclavizan a mujeres y niños. Dirigiéndose directamente a la comunidad migrante, les imploró: "No entreguen su existencia a quienes comercian con ella (...) No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad".
El Pontífice subrayó que, aunque los migrantes pueden ser despojados de casi todo, "nunca de su dignidad", y que poseen sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Finalmente, hizo un llamamiento a la comunidad internacional y a las autoridades presentes para combatir la indiferencia, pidiendo que el dolor de los que sufren no se convierta en el "paisaje habitual" de las costas. Concluyó recordando que la Iglesia no puede desentenderse de estos muelles, donde el sufrimiento humano clama por una respuesta de humanidad.











