























Mario S�ez Madrid
Actualizado
La ubicaci�n exacta a la que los asistentes deb�an acudir lleg� hora y media antes de que comenzase el evento. Extra�o cuanto menos teniendo en cuenta que el anuncio oficial fue casi dos meses antes. Propio de las mejores tramas de esp�as que ha dado el cine. El hotel VP Sogno Metropolitano, en el centro de la capital, fue al final el lugar donde se desarrollar�a la Primera Conferencia sobre Remigraci�n.
El evento reuni� a ocho ponentes de la derecha extraparlamentaria espa�ola, donde trataron, a lo largo de la tarde, la idea de que Espa�a est� perdiendo su identidad como consecuencia de la inmigraci�n masiva.
All� se juntaron desde j�venes vestidos de traje y camisa, que buscan en la pol�tica un rumbo por el que orientar sus futuros, hasta esa Espa�a de los domingos, sobria y con la mirada de aquel que se ha visto sorprendido al ver c�mo las cosas van cambiando demasiado r�pido. Todos ellos, aunque no destacasen por ser una multitud abrumadora, se reunieron en torno a ese t�rmino que presentaron, no como una expulsi�n masiva, sino como una restauraci�n y una soluci�n.
"Espero que esta conferencia sea la primera de muchas, pero no demasiadas, que eso significar�a que el problema contin�a", comenzaba as� el evento, mientras el p�blico murmuraba "Esto promete".
Alrededor de la sala, repleta de sillas y chaquetas de traje colgadas de ellas, la inmigraci�n no se describ�a como un fen�meno social complejo ni como una consecuencia de conflictos geopol�ticos. Es, en palabras de aquellos que se pusieron frente al p�blico y se refugiaron bajo la seguridad del atril, una "enfermedad". Y como toda enfermedad, tambi�n necesita un diagn�stico, con su posterior tratamiento y su cura. La remigraci�n ser�a, en aquella tarde de s�bado, precisamente eso.
Un mismo patr�n, f�cil de identificar, se reflej� en cada una de las intervenciones. La apelaci�n a la historia, la invocaci�n de una Espa�a gloriosa, el se�alamiento a enemigos concretos y el cierre de cada uno, con un "�Viva Espa�a!" que la sala devolv�a con una misma convicci�n.
Hubo incluso momentos de iron�a involuntaria. Alfonso Gon�alves, ponente llegado desde Portugal y l�der del grupo Reconquista Portugal, se despach� contra el presidente del Gobierno de Espa�a, Pedro S�nchez. Un portugu�s, en Madrid, empleando uno de los insultos que m�s fama tiene ahora mismo dentro del repertorio pol�tico espa�ol.
Pero si hubo una figura sobre la que recayeron las miradas en aquella jornada, esa fue la de Juan Garc�a-Gallardo, ex vicepresidente de Castilla y Le�n por Vox. Centr� su discurso en la falta de una propuesta pol�tica que sea suficiente para la ciudadan�a. "Parece que nadie se atreve a dar el paso al punto en el que queremos estar", afirm� Gallardo, que adem�s apel� al recuerdo y a la p�rdida de la identidad del pa�s: "Espa�a con otros habitantes no ser�a la misma. La remigraci�n no es odio, es restaurar el orden".
Antes de terminar, abord� el tema de la dependencia econ�mica. Frente a la pregunta de qui�n trabajar�a si se llevase a cabo esa "remigraci�n", Gallardo propuso devolverle al trabajo manual el estatus social necesario para que los espa�oles vuelvan a querer ocuparlo.
Y con eso, otro "�Viva Espa�a!". El mismo con el que cada discurso fue cerrado. El mismo que la sala devolv�a con el tono y la convicci�n que tuvieron la primera vez y que pronunciaron durante toda la tarde. Un ritual que, a estas alturas, sal�a solo.
Ya la sala se vaci�. Una Espa�a recogi� sus chaquetas mientras la otra segu�a renombrando tiempos pasados. Pero fuera, ajeno a la reuni�n, Madrid segu�a siendo Madrid.
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