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Jos� Luis �balos y Koldo Garc�a sentados en el banquillo de acusados en el Tribunal Supremo.
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Previsiblemente, �balos no cargar� contra S�nchez ma�ana en su declaraci�n ante el Supremo. Asumido su sino, sus batallas son otras: controlar los da�os y vengarse de Santos Cerd�n. �balos no s�lo sigue emocionalmente secuestrado por S�nchez sino que su perentoria situaci�n le empuja a interiorizar -lo necesita- que s�lo S�nchez puede desde el poder asistirle en el futuro. Por otra parte es plenamente consciente de que sus excesos se llevaron a la organizaci�n por delante. Se sabe culpable de haber quebrado la confianza de la organizaci�n criminal y arruinado la empresa. Cruz� la raya. No s�lo quiso diversificar el negocio con una l�nea propia, la de las mascarillas; sino que cometi� un error mucho m�s grave: sus debilidades arriesgaron la conveniente discreci�n que el operativo de Cerd�n requer�a.
Hace mucho, una de las cr�nicas negras sobre la vulgarizada beautiful marbell� recog�a el testimonio y coda de su ex alcalde, Jes�s Gil. Se refer�a a un preg�n inaugural de las fiestas de la ciudad. Isabel Pantoja era la rutilante artista invitada. �Cuando vi c�mo Juli�n Mu�oz miraba a la tonadillera supe que se nos jod�a el tinglado�. El caso Malaya sent� a casi 100 procesados en el banquillo y supuso la disoluci�n del Consistorio en 2006 -Gil hab�a fallecido en 2004-: todos estaban en el ajo; incluida el azote de Gil, la concejala Garc�a Marcos, que fue socialista y despu�s se uni� a los ex gilistas contra Mu�oz. La organizaci�n criminal era un todo disperso -pol�ticos, empresarios, polic�as, un galerista, una condesa...- pero un caos ordenado y tupido; cuando aparecieron las apetencias carnales y afloraron los sentimientos, todo se fue a pique.
El caso Mascarillas refiere al desv�o de 53 millones de euros aunque tiene un incalculable agravante moral. La trama dio el primer pelotazo a la semana de decretarse el encierro de los atemorizados espa�oles, el 21 de marzo de 2020. Aun as�, durante un mes y pico, servilmente, Sim�n e Illa desaconsejaban el uso de mascarillas porque �crean una falsa sensaci�n de seguridad�. Ignominiosamente, ambos y todos los disciplinados secuaces medi�ticos arremetieron contra las mascarillas blancas -FPP2- que import� la Comunidad de Madrid: la trama aspiraba al monopolio del comercio de mascarillas. A finales de abril, �balos firm� la adjudicaci�n de ese primer contrato, de 20 millones, con Aldama y Soluciones de Gesti�n. Ya se sab�a que anticorrupci�n investigaba a la empresa por otros asuntos. Una semana despu�s, el Gobierno decret� su uso obligatorio en el transporte p�blico y recomendable en la calle. El 20 de mayo, con el negocio consolidado, el Ejecutivo decidi� el uso obligatorio tambi�n en la v�a p�blica. Durante un verano, los obedientes ciudadanos llevamos mascarilla en la playa y hasta la orilla. A finales de ese est�o, �balos mont� su fiesta en el parador de Teruel.
Sin embargo, Koldo y �balos, conscientes de que buena parte de la opini�n p�blica ha echado la persiana a los infaustos recuerdos que trae el Covid y de que los medios parecen m�s atra�dos por la supuesta pero probable financiaci�n ilegal del PSOE, desv�an su atenci�n hacia ella, con algo de alpiste y calculadas inconcreciones. La financiaci�n ilegal es la falsa l�nea roja que ha trazado el s�quito de S�nchez al completo, desde Rufi�n a D�az, pasando por el sol�cito, dram�tico y relamido PNV. Llegado el caso, todos tragar�an agua y sapos sin lanzarse a la piscina llena: prefieren la alberca de S�nchez; tambi�n Esteban.


























