




















Un nuevo estudio realizado con medidas tomadas desde el espacio muestra que el brillo de la Tierra sigue aumentando progresivamente. Pero las variaciones son muy irregulares, reflejando crisis econ�micas, conflictos armados y pol�ticas medioambientales.
Cuando estos d�as contempl�bamos algunas de las bellas im�genes de la Tierra tomadas desde la c�psula Ori�n, volv�amos a sorprendernos por las numerosas luces artificiales que delinean el territorio durante la noche. Es un espect�culo aparentemente magn�fico: la parte del planeta que se haya sumergido en la oscuridad est� salpicado de innumerables luces doradas o azuladas que se�alan las posiciones de las grandes ciudades y los contornos de los continentes. La pen�nsula Ib�rica destaca por la abundante luz artificial que ilumina la costa y las zonas m�s pobladas del interior.
Sin embargo, este derroche de luz artificial no solo es la pesadilla de los astr�nomos y de todo aquel que quiera admirar las maravillas de los cielos nocturnos, tambi�n afecta la calidad del sue�o y altera los biorritmos de plantas y animales. A pesar de las alertas lanzadas constantemente por astr�nomos, ecologistas y especialistas medioambientales, la impresi�n general es que la contaminaci�n lum�nica no deja de crecer.
Un nuevo estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature y llevado a cabo por un equipo internacional de investigadores capitaneado por Tian Li de la Universidad de Connecticut, confirma ahora esta tendencia general al aumento de la contaminaci�n lum�nica. Pero nos aporta muchos matices que pueden entenderse por consideraciones geopol�ticas.

La Tierra de noche.Michala Garrison/NASA Earth Observatory
El equipo ha analizado los datos del instrumento VIIRS DNB (Visible Infrared Imaging Radiometer Suite Day/Night Band) que va instalado a bordo del sat�lite estadounidense Suomi NPP y de su predecesor, el NOAA-20. Los detectores captan la luz en varias bandas de frecuencia, desde el infrarrojo al ultravioleta, y eliminan los efectos indeseables que podr�an falsear las medidas: el reflejo de la Luna, las auroras polares y las sombras de las nubes.
El estudio demuestra que, a nivel global, la emisi�n de luz aument� aproximadamente de un 16% entre 2014 y 2022. El aumento anual promedio es de un 2% anualmente, pero estos porcentajes esconden grandes asimetr�as regionales. Las zonas del mundo que aumentan m�s r�pidamente su brillo se sit�an en pa�ses en desarrollo como India, China y algunas zonas de �frica. Tambi�n aumenta la iluminaci�n en la mayor parte de Estados Unidos.
Pero, simult�neamente, se han observado zonas que se oscurecen y que estas �reas van aumentando de extensi�n a�o a a�o. Destacan Alemania y Francia que han conseguido disminuir dr�sticamente su iluminaci�n gracias a las nuevas pol�ticas medioambientales implementadas; en concreto Francia la ha reducido por un asombroso 33%.

La iluminaci�n c�lida y dirigida hacia el suelo es la menos contaminante.Fundaci�n Starlight
A diferencia de estudios previos, se ha detectado que la actividad humana nocturna tiene una din�mica compleja y una gran volatilidad: el brillo del planeta no var�a de manera lineal, sino que experimenta importantes fluctuaciones. Por ejemplo, eventos repentinos, como la invasi�n de Ucrania en febrero de 2022, y desastres naturales, han contribuido a atenuar la luz en algunas zonas muy concretas. El nuevo estudio permite distinguir las tendencias temporales a largo plazo de los eventos m�s concentrados en un periodo de tiempo, como la epidemia de covid-19 o algunas guerras. En Palestina se observan fluctuaciones cada vez que el conflicto se agrava, y en Puerto Rico se revelan los apagones que se producen cuando la isla es azotada por un hurac�n.
Los autores del trabajo alertan, sin embargo, que su estudio podr�a estar algo sesgado, pues los sensores utilizados no son perfectamente sensibles a las luces LED azuladas que han empezado a utilizarse de manera masiva por todo el mundo. Esto es particularmente importante, pues la visi�n humana nocturna es m�s sensible al lado azul del espectro visible que al rojo. Si en una poblaci�n se cambian las c�lidas luces tradicionales de sodio (amarillentas) a LED blancos o azulados, sus habitantes perciben que ha aumentado la iluminaci�n, pero desde el sat�lite parecer� que ha disminuido, pues este no detecta la luz azul por debajo de 500 nan�metros de longitud de onda.
Por eso es muy posible que el aumento real de la iluminaci�n sea significativamente mayor que el 2% anual detectado por VIIRS y citado anteriormente. En todo caso, el estudio concluye que nuestro planeta no solo se ilumina m�s y m�s, sino que su brillo es inestable. Y sus autores instan a la creaci�n de una red de sat�lites equipados con sensores completamente sensibles en el azul para poder medir el impacto real de la tecnolog�a LED en la biosfera.
Naturalmente lo que algunos percibimos como una fatalidad en el aumento de la iluminaci�n, otros lo consideran un signo de prosperidad. Pero, por supuesto, todos estaremos de acuerdo en que zonas que antes no ten�an acceso a la electricidad puedan aumentar su calidad de vida y su actividad econ�mica disfrutando de una iluminaci�n nocturna adecuada.
Sin embargo, ambas posturas no son irreconciliables: se puede iluminar de manera suficiente y razonable sin ocasionar ning�n perjuicio ni a los que queremos observar el cielo ni a los que queremos preservar la salud humana, animal y vegetal. La receta es muy sencilla: basta con iluminar lo necesario, sin despilfarrar, con luz preferentemente c�lida, y que no est� dirigida hacia el cielo, sino hacia el suelo.
El art�culo de Li y colaboradores, titulado Satellite imagery reveals increasing volatility in human night-time activity ha sido publicado el 8 de abril pasado en la revista Nature y puede ser consultado en este enlace.
Rafael Bachiller es director del Observatorio Astron�mico Nacional (Instituto Geogr�fico Nacional) y acad�mico de la Real Academia de Doctores de Espa�a.
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