























En un tiempo en el que casi todo el mundo opina, comparte y discute a diario, medir de verdad lo que piensa una sociedad se ha convertido en una tarea mucho más difícil de lo que parece. No basta con mirar las redes sociales ni con confundir una tendencia viral con una radiografía del país. Para saber cómo cambian las creencias, los valores, la confianza en las instituciones o las actitudes ante la desigualdad, hacen falta datos fiables, recogidos durante décadas y con métodos capaces de resistir el paso del tiempo.
Esa es precisamente la labor que acaba de reconocer el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ciencias Sociales en su XVIII edición. El galardón ha sido concedido al Institute for Social Research, el ISR de la Universidad de Míchigan, y al National Opinion Research Center, NORC, de la Universidad de Chicago, dos instituciones que han marcado la historia moderna de la investigación social basada en encuestas. El jurado las premia por sus contribuciones a la medición objetiva y continuada de la opinión pública y de la vida social, y por haber construido una fuente de datos "fiable e inigualable" para científicos sociales, responsables públicos y periodistas.
El reconocimiento llega en un momento especialmente simbólico. En un contexto de polarización, desinformación y ataques a la idea misma de objetividad, el premio a ISR y NORC funciona también como una defensa de la evidencia. La idea cobra aún más actualidad después de que esta misma semana el Gobierno de Donald Trump haya cesado de golpe a los 22 miembros del Consejo Nacional de Ciencia, el órgano que gobierna la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos.
Las encuestas, tantas veces reducidas en la conversación pública a los sondeos electorales, son en realidad una herramienta clave para entender una democracia entre una votación y la siguiente. Permiten saber qué preocupa a los ciudadanos, cómo se transforman sus valores, qué grupos sociales se sienten más vulnerables y qué actitudes se mantienen estables incluso cuando el clima político se agita.
El campo de la opinión pública y el análisis social cuantitativo reúne sociología, ciencia política, psicología, comunicación y estadística. Su objetivo no es adivinar el futuro, sino observar con precisión el presente y compararlo con lo ocurrido años o décadas antes. Ahí está una de las grandes aportaciones de ISR y NORC: no se limitaron a hacer encuestas puntuales, sino que levantaron series temporales largas, comparables y abiertas al análisis.
José Ramón Montero, catedrático emérito de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del jurado, resume esa dificultad con claridad. Hacer encuestas en el siglo XXI implica cuidar desde la financiación y la redacción de cuestionarios hasta la selección de muestras, la aplicación de entrevistas y el análisis de los resultados. En todos esos pasos, explica, estos centros han incorporado prácticas de "buen hacer sociológico y politológico" y las han aplicado en miles de publicaciones y estudios.
El caso del ISR tiene una carga histórica especial. Fundado en 1949, sus orígenes se remontan al Centro de Investigación mediante Encuestas creado tres años antes bajo el impulso del psicólogo social Rensis Likert. Su trabajo fue decisivo para convertir la investigación de actitudes en una disciplina científica dentro de la universidad, y la conocida escala Likert sigue siendo hoy una de las herramientas más habituales para medir grados de acuerdo o desacuerdo ante una afirmación.
El instituto de Míchigan se consolidó además como referencia tras las elecciones presidenciales estadounidenses de 1948. Mientras la mayoría de las encuestas daban por ganador a Thomas Dewey, los estudios de Míchigan apuntaron correctamente a la victoria de Harry Truman. Aquel acierto reforzó la importancia del muestreo riguroso y abrió el camino a una nueva etapa en los estudios electorales.
Desde entonces, el ISR ha desarrollado proyectos que han influido en la ciencia social mundial. Sus estudios electorales han sido esenciales para analizar el comportamiento de los votantes, la participación democrática y la evolución de la opinión pública. También impulsó la Encuesta Mundial de Valores, que desde 1981 ha explorado creencias y valores en más de 120 países, y estudios longitudinales como el Panel Study of Income Dynamics, que sigue desde 1968 la vida económica, social y sanitaria de familias estadounidenses.
A esa lista se suma el Health and Retirement Study, iniciado en 1992 para estudiar a la población mayor de 50 años y analizar ingresos, trabajo, salud, pensiones, discapacidad o gasto sanitario. Su metodología ha sido adoptada por más de 40 países. El ISR es también custodio del ICPSR, uno de los mayores archivos digitales de datos de ciencias sociales del mundo, con materiales sobre educación, salud, justicia penal, envejecimiento o desigualdad.

Sede del NORC en la Universidad de Chicago.NORC
NORC, por su parte, nació en 1941 con una idea que hoy resulta casi urgente: proteger la democracia mediante datos sociales independientes, rigurosos y no subordinados a intereses partidistas. Su fundador, Harry Field, había visto cómo las encuestas privadas podían utilizarse según las necesidades de los clientes y defendió la creación de un centro sin ánimo de lucro dedicado a la investigación de servicio público.
La Segunda Guerra Mundial aceleró su crecimiento, porque el Gobierno estadounidense recurrió a NORC para conocer las actitudes de la población ante la guerra, la confianza pública y los cambios sociales del momento. Pero su gran contribución llegaría en 1972 con la creación de la General Social Survey, la GSS, considerada hoy una referencia para medir valores, actitudes y comportamientos sociales en Estados Unidos.
La fuerza de la GSS está en su continuidad. Hasta 1994 se realizó cada año y, desde entonces, cada dos. Sus datos han servido de base a decenas de miles de artículos, libros, informes y tesis doctorales, y se han convertido en una de las fuentes más citadas de las ciencias sociales, solo por detrás del censo estadounidense. NORC también contribuyó a la creación del International Social Survey Programme, una red que permite comparar respuestas entre más de 40 países.
El trabajo técnico detrás de estos estudios suele ser invisible para el gran público, pero es decisivo. NORC ha investigado cómo influye el orden de las preguntas, qué palabras pueden sesgar una respuesta, cómo formular opciones intermedias, cómo reducir la no respuesta y qué incentivos ayudan a mejorar la participación sin deteriorar la calidad de los datos. Preguntar no es solo preguntar: es diseñar una herramienta capaz de captar lo que piensa una persona sin empujarla hacia una respuesta concreta.
Por eso el premio tiene una lectura que va más allá de dos instituciones académicas. Las sociedades democráticas necesitan opinión pública, pero también instrumentos fiables para entenderla. Sin buenos datos, el debate se vuelve más frágil; con ellos, periodistas, investigadores y responsables políticos pueden mirar la realidad social con más precisión.
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