

























Hay frases que se convierten en mantras: �est�s gordo porque quieres�, �si comieras menos y te movieras m�s�, �no le pones voluntad�... Cristina Petratti, m�dica de familia, recibe en su consulta a m�s de un paciente que carga no solo con las secuelas de la enfermedad de la obesidad, sino con �el estigma de no haber hecho lo suficiente para evitarla�.
Petratti tiene claro, y la experiencia de m�s de dos d�cadas dedicada a la obesidad la avala, que el mensaje �come menos, mu�vete m�s�, aunque l�gico en apariencia, �es reduccionista y da�ino. Equivale a decirle a alguien con depresi�n que "piensa en positivo". Genera culpa, frustraci�n y abandono en el paciente, en lugar de motivaci�n�.
En la actualidad, la ciencia y la medicina han dado pasos de gigante para se�alar que no hay una obesidad, sino muchas, y que el individuo no es el culpable, pero s� responsable, como ella misma argumenta. �El paciente no eligi� su gen�tica ni su entorno, por lo que la culpa no le pertenece. Pero s� tiene responsabilidad: buscar ayuda, iniciar un tratamiento y sostener h�bitos a largo plazo�.
Por eso, invita a los pacientes a un diagn�stico preciso, ya que �hay m�ltiples obesidades con mecanismos biol�gicos, riesgos y tratamientos distintos. Las gu�as internacionales ya desde 2025 proponen este cambio de enfoque�.
La experta lo resume en su �ltimo libro Obesidades sin culpa: no es falta de voluntad, es biolog�a. Aqu� analiza c�mo en esta �enfermedad inflamatoria de bajo grado, a largo plazo, cr�nica� intervienen el cerebro, las hormonas, el metabolismo, el entorno y las emociones. �No es una cuesti�n de disciplina ni de voluntad�, insiste. Porque lo que calificamos como �kilos de m�s� o �estar gordo o delgado� tiene tras de s� un largo recorrido hist�rico y cultural: �desde Hip�crates y Galeno se trat� como fallo moral�.
Primero, conocer qu� cifras definen la enfermedad. �El �ndice de masa corporal (IMC)? �La b�scula? Petratti defiende que �es un dato poblacional �til para la investigaci�n, pero insuficiente a nivel individual�. Y justifica este argumento en que no distingue d�nde est� la grasa ni c�mo se comporta.
�Lo determinante para la salud es la distribuci�n de la grasa y la disfunci�n del tejido adiposo, no el n�mero en la b�scula�, describe. Aqu� se�ala que el per�metro de la cintura es un s�ntoma de alarma: �m�s de 88 cm en mujeres y m�s de 105 cm en hombres indican mayor riesgo cardiovascular�. Con una simple cinta m�trica, se puede medir, y asegura que no se precisa de una gran inversi�n en las consultas.
Una vez delimitada la obesidad, los ejes para abordarla se centran en los h�bitos. �El reto est� en convertir las obligaciones o la disciplina en parte de nuestro estilo de vida; hay que integrarlas�. �Cu�les? Alimentaci�n, actividad f�sica, gesti�n emocional y, cuando procede, abordaje terap�utico farmacol�gico o quir�rgico.
�Los f�rmacos GLP-1 son una herramienta, no un milagro. Abren la puerta al cambio metab�lico y reducen riesgos cardiovasculares, pero no funcionan solos�, recuerda. �Sin cambio de h�bitos, ni los medicamentos ni la cirug�a bari�trica tienen un efecto duradero�, recalca.
Interiorizar los h�bitos resulta esencial dado que vivimos en entornos obesog�nicos, los que nos vuelven m�s propensos a ser obesos. �Las ciudades est�n dise�adas para el coche, los ultraprocesados son baratos y accesibles, las jornadas laborales roban el tiempo para cocinar, hay sedentarismo digital en ni�os... Todo apunta a que Espa�a podr�a alcanzar un 37% [hoy 24%] de obesidad en una d�cada�, advierte la experta de la Sociedad Espa�ola de la Obesidad.
�La obesidad no es un problema est�tico ni de voluntad, sino una enfermedad con base biol�gica que requiere tratamiento cl�nico�, resume la experta, antes de remachar con la idea a la que vuelve siempre: �El juicio social aleja a los pacientes del sistema sanitario. Mientras la obesidad no sea reconocida y tratada como enfermedad cr�nica, seguir� sin recibir los recursos cl�nicos que merece�.
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