Un estudio de ADN ambiental comprobó que el río puede funcionar como un biosensor continuo para estimar la fauna acuática, la urbana y patrones de alimentación

Gente sentada junto al East River con el skyline de Manhattan.AFP
Florencia Da Silva Madrid
Actualizado
El ADN del East River de Nueva York ha dado una nueva lectura de la ciudad. Los científicos Mark Stoeckle y Jesse Ausubel, de la Universidad Rockefeller, estudiaron durante un año cómo los muestreos fluviales pueden funcionar como un biosensor continuo para estimar la abundancia de la fauna acuática y urbana, cambios estacionales en las especies y los impactos humanos en tiempo real.
Entre los descubrimientos destacados en el informe Biomonitoreo del Antropoceno: El East River de Nueva York se convierte en un biosensor vivo, los expertos resaltaron que detectaron indicadores genéticos del consumo de alimentos de los habitantes, ya que encontraron rastros de ADN de pollo, vaca, cerdo, pavo, cordero y peces de consumo común. Por lo tanto, estos análisis pueden identificar los patrones de alimentación y las tendencias de salud pública.
En el agua que fluye bajo el puente de Brooklyn también hallaron ADNe (ADN ambiental) de poblaciones de ratas, ardillas, mapaches y aves comunes de la ciudad. Según señalaron los científicos, al utilizar este método, las autoridades municipales podrían evaluar si las poblaciones de ratas están aumentando o disminuyendo.
Además, resaltaron la evidencia de que el Gobiesox strumosus (pez ventosa) y el Hypsoblennius hentz (blenia pluma) son abundantes en comparación con hace diez años. También detectaron material genético de 71 especies de peces locales y se rastrearon los cambios en su abundancia a lo largo del tiempo. "Creemos que el aumento puede deberse a la mejora de la calidad del agua y a la restauración de los bancos de ostras en el puerto de Nueva York", explica Mark Stoeckle en conversación con EL MUNDO.
A partir de una toma semanal de un litro de agua en las orillas del río pasadas por "algo similar a un pequeño filtro de café", los investigadores produjeron una lectura continua sobre la información que contenía el río durante un año. Registraron que después de una lluvia intensa la información genética era aún mayor. Para confirmar la fiabilidad del método, compararon los resultados con los análisis tradicionales de arrastre y comprobaron su coincidencia.
"El estudio fue relativamente económico en tiempo y personal en comparación con la mayoría de las investigaciones de peces o vida silvestre, por lo que podría replicarse en cualquier otra parte del mundo sin demasiados recursos", sostiene Stoeckle. El bajo presupuesto que requiere el análisis es un punto que resaltan los científicos. Un año de muestreo semanal costó aproximadamente 15.000 dólares y una fracción del tiempo de un miembro del personal.
A su vez, los académicos aclararon que la recolección de la muestra de agua también se puede hacer con un dron o incluso un cubo atado. De esta forma, el monitoreo ambiental puede ser "tan simple y rutinario como un análisis de sangre". "Muchas ciudades y pueblos tienen sistemas de desbordamiento de alcantarillado como Nueva York, por lo que en estos sitios también se puede aprender sobre la fauna y los seres humanos que habitan en esos lugares", asegura Stoeckle.
Actualmente, los investigadores de la Universidad Rockefeller analizan el ADNe de una bahía costera de Nueva Jersey, cerca de La Gran Manzana. "Nos interesa ver cómo se comparan el material genético de los peces, la vida silvestre y los animales de consumo con los de Nueva York", afirma el académico.
El muestreo también podría detectar cambios ecológicos antes que los programas de monitoreo tradicionales para tener una visión casi a tiempo real del ecosistema. El monitoreo genético continuo de la evolución de la crisis ambiental podría ser clave en un contexto de crisis ambiental, ya que la mitad de las mayores ciudades del planeta correrán el riesgo de sufrir uno o más riesgos climáticos de aquí a 2050. Según el último informe del London Stock Exchange Group (LSEG), grandes urbes como las de Ciudad de México, Nueva York, Madrid, Ámsterdam, Dubái y Tokio sufrirán los efectos del cambio climático —como inundaciones, olas de calor, ciclones y escasez de agua— si no se controlan las emisiones de gases de efecto invernadero.
"Esperamos que nuestro trabajo inspire a las agencias gubernamentales u organizaciones civiles a rastrear el ADNe en sus vías fluviales locales", dice Stoeckle. "Deseamos que se convierta en una forma común de vigilar la vida que nos rodea, del mismo modo en que se vigila el clima o se rastrean las poblaciones de aves".





















