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Donald Trump

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El tercer atentado contra Trump deja en shock a unos Esta...
Pablo R. Sua · 2026-04-27 · via Donald Trump

A las 20.35 del s�bado, cuando el primer plato de la noche, una ensalada de guisantes y burrata, acababa de ser servido, cinco o seis sonidos secos interrumpieron la velada m�s esperada y pol�mica de Washington, la cena de los Corresponsales de la Casa Blanca en el Hotel Hilton. Durante unos instantes, el tiempo se par�, entre una confusi�n total y un p�nico incipiente ante lo que pod�a haber sido una bandeja ca�da, pero resultaron ser disparos. Una parte de la sala reaccion� con nerviosismo, buscando una salida o directamente tir�ndose al suelo, bajo las mesas, para sorpresa de los extranjeros, quietos y ajenos a los protocolos que muchos estadounidenses aprenden desde la guarder�a ante la posibilidad de que haya un tirador suelto.

En cuesti�n de segundos, muchos m�s de los que probablemente exigen los protocolos del Servicio Secreto, decenas de agentes rodearon al presidente Donald Trump, a la primera dama, al vicepresidente JD Vance y a la plana mayor del Gobierno, y los escoltaron fuera de la sala con sus armas desenfundadas. "�Al suelo, al suelo!", chillaban las fuerzas de seguridad, igual o m�s desconcertadas que los asistentes, mientras cientos de invitados, entre ellos congresistas, senadores, militares, diplom�ticos y altos cargos de la administraci�n, trataban de comprender d�nde estaba la amenaza y c�mo alejarse de ella.

Para entonces, el Servicio Secreto ya hab�a logrado reducir a Cole Tomas Allen, un hombre de 31 a�os, hu�sped del mismo hotel, que hab�a logrado penetrar en el per�metro de seguridad con una escopeta, una pistola y varios cuchillos, pero que no hab�a conseguido llegar al sal�n de baile. El problema es que nadie lo sab�a ni lo supo durante unos interminables minutos. Las primeras reacciones, de hecho, apuntaban a que un posible tirador hab�a muerto o que podr�a haber m�s. No fue as�.

Allen, tras llegar a la capital en tren desde California, m�s de 4.000 kil�metros para poder transportar sus armas, intent� entrar al lobby, situado un piso por encima de la sala de la fiesta, en una carrera descontrolada disparando, antes de ser placado, reducido y esposado. Hubo intercambio de disparos y, salvo el impacto sin consecuencias en el chaleco de un agente, nadie result� herido. El sistema funcion�, pero porque s�lo era una persona. De haber sido un comando, o haber llevado otro tipo de armamento, el resultado podr�a haber sido muy diferente.

El propio presidente, despu�s de intentar en vano que le dejaran volver al sal�n para continuar con la velada, improvis� una hora despu�s una rueda de prensa en la Casa Blanca para explicar lo ocurrido y mostrar que tanto �l como sus colaboradores y familia estaban bien. "He estudiado asesinatos, y debo decirles que las personas m�s influyentes, las que m�s influyen, son las que m�s los sufren. F�jense en Abraham Lincoln. Si repasan a las personas que han pasado por esto, las que m�s influyen, las que tienen mayor impacto, son a las que persiguen. No persiguen a las que no hacen mucho. Lamento decir que me siento honrado por eso, pero he hecho mucho. Hemos hecho mucho", explic� el presidente cuando le preguntaron por qu� creer�a que "esto le sigue pasando", en referencia a los intentos de atentado contra �l.

Es la primera vez que el presidente acud�a a la cena de Corresponsales de la Casa Blanca, un evento institucional que existe desde 1921, pero que �l hab�a evitado precisamente por su p�sima relaci�n con los medios. Trump los necesita, pero los odia. De hecho, el debate interno en el mundo del periodismo ha sido muy fuerte estos d�as, porque muchos consideran que no tiene sentido que alguien que insulta, desprecia, amenaza e incluso fuerza el despido de reporteros, analistas y presentadoras sea el invitado estrella, y que los corresponsales r�an sus chistes. Algunos medios muy importantes, de hecho, no participaron. En el "manifiesto" de unas 1.000 palabras del tirador parece haber precisamente una referencia a c�mo podr�a haber v�ctimas entre la prensa si lograba sus objetivos, pero considera que merece la pena el riesgo, pues los acusa de ser "c�mplices" por asistir a un evento con "un ped�filo, violador y traidor".

Washington vuelve a estar en shock. El pa�s est� roto, la polarizaci�n est� disparada y la ret�rica, en a�o electoral, no deja de escalar. Es la tercera vez, desde julio de 2024, en la que Trump es objeto de un atentado o est� cerca de serlo, despu�s del disparo que recibi� en un mitin durante la campa�a electoral y de que su escolta descubriera a un hombre con un rifle agazapado en un campo de golf, esperando a que se acercara. Trump es una de las personas m�s amenazadas del planeta, si no la que m�s, en un momento de enorme tensi�n y violencia pol�tica en EEUU. Por eso se han multiplicado las cr�ticas y las preguntas. Sobre los posibles fallos de seguridad, pero tambi�n sobre los motivos exactos para explicar las motivaciones de Allen, un profesor de California que dej� en su habitaci�n y envi� a su familia un "manifiesto" con expresiones como "so soy un ni�o de escuela v�ctima de una explosi�n, ni un ni�o que muere de hambre, ni una adolescente abusada por los muchos criminales de esta administraci�n. Poner la otra mejilla cuando otra persona es oprimida no es un comportamiento cristiano; es complicidad en los cr�menes del opresor", seg�n The New York Post.

El fiscal general interino Todd Blanche, que sustituye temporalmente a la cesada Pam Bondi, explic� el domingo en una ronda de entrevistas en televisi�n que todo apunta a que el detenido "ten�a probablemente como objetivo a personas que trabajan en la administraci�n, incluyendo al presidente". Blanche dijo que Allen no est� "cooperando", pero que los investigadores hab�an logrado obtener algo de informaci�n de los dispositivos electr�nicos del sospechoso, del registro de su casa en California y la habitaci�n de hotel, y de "entrevistas con varias personas que lo conocen", lo que ha empezado a arrojar algo de luz.

El fiscal general interino tambi�n confirm� un detalle importante para explicar c�mo logr� llegar con sus armas tan cerca del presidente: Allen era un hu�sped del Hilton, lo que le permiti� llegar "un d�a o dos antes" a las instalaciones. Por sorprendente que parezca, el per�metro de seguridad alrededor del lugar donde se celebraba la cena era muy estricto en teor�a, pero en realidad s�lo obligaba a pasar detectores de metales para entrar en el sal�n de baile donde hab�a cerca de 2.000 invitados. Para llegar a la alfombra roja, a apenas un metro de distancia de los ministros m�s importantes, o entrar en las fiestas privadas en diferentes plantas del mismo edificio, bastaba con mostrar una sencilla entrada en papel, o una captura de pantalla de la misma. De hecho, varias manifestantes contra la guerra hab�an logrado presentarse una hora antes, con pancartas, all� mismo, vestidas de gala pero sin una invitaci�n.

Una voluntaria de la cena de Corresponsales de la Casa Blanca asegur� al Post que el presunto atacante pareci� armar su escopeta en una zona poco vigilada cerca de la entrada, en el nivel de la terraza, antes de abrir fuego y correr hacia el sal�n de baile. El Gobierno ha sacado pecho afirmando que el per�metro de seguridad y los controles funcionarios, ya que Allen apenas pudo penetrar unos metros. Pero el mismo sospechoso, en el manifiesto citado por la prensa local, se burla de su incompetencia.

En julio de 2024, Kimberly Cheatle, la directora del Servicio Secreto, present� su dimisi�n por los enormes errores de seguridad que permitieron que un tirador estuviera a punto de matar a Trump en Butler, un pueblo de Pensilvania, durante un mitin de las elecciones. Cheatle, que en los d�as posteriores al atentado asumi� "la responsabilidad �ltima", reconoci� en una audiencia ante el Congreso que se trataba "del mayor fracaso en d�cadas". Esta vez, los agentes lograron detener la amenaza antes de que fuera demasiado tarde, pero los cientos de periodistas presentes se preguntaron enseguida si las medidas hab�an sido suficientes o adecuadas.

"Esperaba c�maras de seguridad en cada esquina, habitaciones de hotel con micr�fonos ocultos, agentes armados cada tres metros, detectores de metales por todos lados. Lo que me encontr� (�qui�n sabe, tal vez me est�n gastando una broma!) es nada. Ni una maldita seguridad. Ni en el transporte. Ni en el hotel. Ni en el evento (...) Es una locura, cualquier agente iran� podr�a haber tra�do una ametralladora pesada y nadie se habr�a dado cuenta", escribi� en esas p�ginas. "Entro con m�ltiples armas y ni una sola persona all� considera la posibilidad de que yo pueda ser una amenaza. La seguridad en el evento est� toda afuera, enfocada en los manifestantes y en los que van llegando, porque aparentemente nadie pens� en lo que pasa si alguien hace el registro (check-in) el d�a anterior", concluye su reflexi�n Allen.

El v�deo del momento en el que Trump es evacuado es quiz�s uno de los momentos m�s llamativos de la noche. El presidente est� sentado en la mesa principal, sobre un escenario, acompa�ado de su mujer y de un mentalista que estaba haciendo un truco para ambos distendidamente. En ese momento, se ve que algo ha ocurrido en la sala, con sonidos parecidos a detonaciones de fondo, y una parte importante de la sala reacciona. Sin embargo, ning�n escolta acude inmediatamente a rodear al presidente. Tardan varios segundos e incluso cuando el primero y el segundo agente se presentan, lo que hacen es tapar �ngulos poni�ndose frente a �l, no tir�ndolo al suelo (como pas� en Pensilvania) o tap�ndolo con sus cuerpos. Para eso hacen falta unos segundos m�s todav�a e incluso el presidente, que sale m�s tarde de la sala que el vicepresdiente, se tropieza.

"Muchas preguntas de seguridad sobre esta noche, entre ellas: �por qu� no hubo ning�n control de identificaci�n en absoluto m�s all� de un pantallazo de una entrada o por qu� no hubo ning�n detector de metales hasta que llegamos al s�tano del Hilton?", escribi� en la red X Meridith McGraw, del Wall Street Journal. Y todo precisamente en el mismo hotel en el que en 1981 dispararon e hirieron de gravedad a Ronald Reagan. Los protocolos de seguridad exigen que en situaciones como la fiesta de anoche, las agencias federales comprueben los nombres de los alojados en el hotel, pero Allen no ten�a antecedentes ni estaba en el radar de nadie, por lo que no activ� ninguna alarma. El subdirector del Servicio Secreto, Matthew Quinn, ha asegurado que el atacante intentaba perpetrar una "tragedia nacional" mientras todas las miradas estaban puestas en la cena de corresponsales de la Casa Blanca.

Precisamente por todo esto, Trump cree que est� m�s justificada que nunca la idea de construir un gran sal�n de bailes dentro de la Casa Blanca, uno de sus proyectos m�s deseados, con un coste de 400 millones de d�lares y que est� ahora enfangado en los tribunales. El hotel, ha afirmado en varias entrevistas despu�s del incidente, no ofrec�a las garant�as de seguridad necesarias. Mientras que su ansiado proyecto incluir� un gran b�nker.