Consultor especializado en geopolítica de Oriente Próximo, analiza el pacto alcanzado entre Washington y Teherán y advierte de las dificultades y de que "la confrontación puede volver"

El consultor y analista político Daniel Bashandeh.
Actualizado
- Trump ha difundido el acuerdo con Irán con el triunfalismo que le caracteriza. ¿Cree que esta vez se va a materializar o aún puede descarrilar?
- No hay confianza entre las partes. Por ello, la clave pasa por saber si finalmente habrá alivio económico o no para la República Islámica. Según el memorándum que ha presentado Irán, los nuevos interlocutores que negocian con Estados Unidos estarían priorizando lo económico frente al tema nuclear. Ellos necesitan vender resultados internos para encaminar un nuevo equilibrio de poder. Si Trump apuesta por la negociación, los avances estarían marcados por concesiones económicas a cambio de concesiones en el tema nuclear. Todavía no está claro si Trump va a ceder en este sentido, ya que también tendrá presión interna porque dentro de Washington varios sectores podrían criticar las negociaciones y vender el acuerdo como una derrota de Estados Unidos en lo militar con implicaciones geopolíticas frente a sus rivales, especialmente China. Hay que ver si consigue normalizar la situación del Estrecho de Ormuz. El objetivo ahora de Trump es su desbloqueo. Y habrá que esperar a qué ocurrirá cuando acabe el Mundial de fútbol. Sin embargo, para influir en el nuevo dibujo iraní, la negociación podría ser una oportunidad, ya que la confrontación genera una cohesión interna mientras que las conversaciones causan división en el régimen. Como el líder supremo, Mojtaba Jamenei, todavía no ha tenido ninguna aparición pública y hay incertidumbre sobre su estado actual, las negociaciones son una oportunidad para los más pragmáticos mientras que suponen un riesgo para el ala más dura. En caso de que las negociaciones fracasen, la militarización del sistema político protagonizará la acción política y, con ello, el cierre de filas.
- ¿Qué papel va a desempeñar Israel, nada satisfecho con el fin de la ofensiva contra su gran enemigo?
- El rival estratégico de Israel es Irán. Ambos aspiran a dominar la región. La confrontación seguirá. Según el memorándum iraní, Teherán no cedería en el tema del apoyo a Hizbulá o Hamas. Esto sigue siendo una línea roja para Israel y justificaría la confrontación entre ambos países. Está por ver como reaccionará Netanyahu durante estas negociaciones, ya que intentará dificultar cualquier interlocución entre EEUU e Irán. El objetivo de Israel es la República Islámica e intentará seguir buscando la inestabilidad política en Irán.
- Se conocen detalles del plan de paz, pero los aspectos sustanciales como el programa nuclear iraní parecen quedar en un limbo, ¿será posible encauzar en 60 días lo que no se había podido en tantos meses?
- Es complicado, ya que la República Islámica ha declarado que no cederá en el tema del enriquecimiento de uranio, algo que Trump e Israel exigen. En el último acuerdo alcanzado por Obama, las negociaciones duraron dos años aproximadamente. Con lo cual, cualquier estancamiento en este sentido será utilizado para justificar la confrontación entre Israel e Irán y una vuelta a las hostilidades. Todo dependerá en gran parte de si hay avances en lo económico y si hay alivio de sanciones, algo similar a lo ocurrido durante la Administración de Obama. La República Islámica está en proceso de reorganización interna. Está por ver si finalmente puede consolidarse un liderazgo pragmático en Irán que priorice lo económico frente a lo ideológico con el consentimiento del aparato militar a través de estas negociaciones. Y, sobre todo, si vuelve la normalidad a Ormuz.
- ¿Cómo ve el papel que ha adquirido como mediador Pakistán? ¿El acuerdo da oxígeno a las Petromonarquías del Golfo, o las deja en situación de temor ante un Irán que está vendiendo el pacto como su gran triunfo contra todos.
- Tanto Pakistán como los países del Golfo Pérsico demuestran que tienen capacidad para ser mediadores efectivos. El papel de Pakistán refleja que la mediación efectiva está orbitando a Asia, alejándose de Europa. Los países del Golfo son los que más sufren las consecuencias económicas y comparten espacio geográfico, con lo cual, priorizarán la estabilidad al no tener su seguridad garantizada. Tampoco desaparecerá la presencia de Estados Unidos en la región ni Israel cederá en sus aspiraciones de condicionar las dinámicas del Golfo Pérsico. Esto hace que la amenaza de la República Islámica a sus vecinos siga presente.
- ¿Se ha dejado una vez más completamente vendida a la oposición y a la población en general dentro de Irán? ¿Era una quimera pretender un cambio de régimen?
- A lo largo de la Historia, los intereses geopolíticos de las potencias no suelen coincidir con el de los pueblos. En el caso de Irán, las grandes potencias mundiales siempre han intentado condicionar el futuro político del país para su propio beneficio. La República Islámica gobierna solo para una minoría y se mantiene gracias a las lealtades, principalmente de las fuerzas armadas. La mayoría de la población rechaza la República Islámica, y pese a la guerra y las limitaciones, sigue demandando libertad, dignidad, oportunidades económicas, derechos, justicia e igualdad. El futuro de Irán pasa por los iraníes y no por intervenciones extranjeras.
- ¿Cómo ve a medio plazo la reconfiguración regional si el acuerdo entra en vigor?
- De momento, Israel, Estados Unidos e Irán ganan tiempo para evaluar sus estrategias. Todos están pendientes del desarrollo de las negociaciones. Hay mucho camino por recorrer y nada concreto. Los incentivos suelen cambiar a medida que pasa el tiempo ya que cada parte buscará su oportunidad para sacar provecho de la situación. Existe el riesgo que una parte ceda más que la otra. Una negociación es exitosa si hay cooperación. Pero con cuestiones tan complejas y líneas rojas, las preferencias suelen cambiar. Todo dependerá de si hay avances concretos. En caso contrario, la confrontación puede volver.

















