La relatora especial de la ONU para los territorios ocupados de Palestina recibe el homenaje de tres universidades belgas con un doctorado 'honoris causa' por su labor como observadora de los excesos de Netanyahu en Gaza. EEUU la ha declarado «amiga de terroristas» y sufre un tenaz acoso por su trabajo

LA relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese.AFP
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De entre los muchos odios que los fanáticos de Benjamin Netanyahu dispensan a esa amplísima parte del mundo indispuesta para comulgar con su proyecto genocida contra la Franja de Gaza (y la pena de muerte decretada hace unos días para los ciudadanos palestinos de Cisjordania), la jurista italiana Francesca Albanese acumula algunos de los más gordos. Es la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, la primera mujer que ocupa el cargo. Nació en 1977 en Ariano Irpino, pueblo de la región italiana de la Campania, suelo fértil donde también echaron el primer vagido el poeta Torquato Tasso (1544-1595), autor de Jerusalén liberada; el cantante Renato Carosone, el de Tu vuò fà l'americano; o el pintor barroco Luca Giordano (1634-1705), artífice de los frescos del Monasterio de El Escorial y los del Casón del Buen Retiro. De esa tierra viene Albanese, a la que tres universidades belgas (Amberes, Gante y Bruselas) dispensan esta semana el doctorado honoris causa. El motivo del reconocimiento es el empeño de esta mujer, institucionalmente muy sola, por no callar ante el Estado de apartheid con el que Netanyahu propone fumigar la vida de palestinos y libaneses de algunos territorios del sur.
La respuesta del ejército de Israel al atentado criminal sin precedentes de Hamas el 7 de octubre de 2023 -murieron 1.400 personas- se ha convertido a la vez en un abuso gigante al derecho internacional y en un operativo de exterminio ritual. Ahí es donde Albanese entra en escena. Y explica lo que en verdad ocurre. Y se gana el título de non grata para Trump y para Netanyahu. También por esto merece reconocimiento y apoyo. No es una 'hippie' recién duchada, sino una de las voces de la decencia contra el largo crimen de los sicarios guiados por ultras. EEUU le ha prohibido la entrada en su territorio y le ha congelado una cuenta corriente abierta en Washington en 2025. Sólo puede pagar en metálico, con lo que tizna los dedos el níquel de las monedas. Todo empezó cuando aquella serpiente le trajo una manzana y dijo prueba. La serpiente era su conciencia, la manzana fue el informe que presentó a Naciones Unidas en marzo de 2024, titulado Anatomía de un genocidio. La acusaron de ser "amiga de terroristas", de "antisemitismo declarado" y de "despreciar a EEUU, a Israel y a Occidente". Albanese vive en Túnez, a pocos kilómetros de las ruinas de Cartago.
Esta mujer ha denunciado la crueldad paramilitar de Netanyahu sin distinguir a inocentes de culpables. Y la destrucción masiva del territorio gazatí donde se levantará presuntamente un resort infame (si alguien no detiene antes a La Bestia ondeando un riguroso examen psiquiátrico).Ni si quiera está clara la cifra de muertos. El rechazo que provoca la matanza fría y sistemática de decenas de miles de humanos ajenos al terrorismo de Hamás ha infestado a cientos de millones de ciudadanos dispuestos a llamar genocidio al genocidio, un síntoma de que aún nos suena a vida el pulso.
Francesca Albanese tiene prohibida la entrada en tierras de Gaza. Si no dejaban a los trabajadores de las ONG, cómo iba a entrar ella, la bruja terrible de una verdad desmedida. Su rebelión administrativa se ha contagiado a todos los rincones. Durante meses se han llenado las plazas de gente protestando y ondeando la mortaja blanca de algunas portadas de periódicos donde el horror se filtraba. Este mismo periódico, mi periódico, ha manifestado en muchas primeras el rechazo a la insidia del crimen. ¿Seremos antisemitas por invocar la decencia sin perder de vista la miseria brutal del atentado original? Vaya por Dios. Exigir a Israel el cumplimiento de las leyes internacionales y los derechos humanos no es antisemitismo. Atrás quedó el bajo instinto de la Edad Media que La Bestia y sus socios financian y reavivan.
A lo mejor esta mujer, expuesta a mil perrerías por oscuros poderes afianzados a la sombra de los poderosos que desprecian su labor de estafeta contra la ocupación ilegal, merece la candidatura al Premio Nobel de la Paz. El golpe sería formidable: La Bestia con una chapa de segunda mano a nombre de una ninguneada a la que extrajo de golpe del presente de Venezuela (María Corina Machado) y Albanese con la medalla exactamente por méritos acreditados. Este asunto va más allá de las paranoias de estar del lado de Hamas, o ser de izquierdas o ser de derechas, o ser un zumbado. El insoportable espectáculo de la crueldad denunciado por Albanese no desgrasa la fascinación por la historia del pueblo de Israel y el espanto ante el sufrimiento obligado en los campos de exterminio nazis.
Pero a esta hora Israel, en manos del siniestro Netanyahu, se ha convertido en una base norteamericana convencida de ser llamada a exterminar a una civilización enemiga. Laboralmente, una Biblia no difiere tanto de una Torá o de un Corán. Da lo mismo cuál escojas si en nombre de la fe ciega y la seguridad fiera quedamos todos igualmente desprotegidos, humillados y obligados a tragar.
La aventura brava de Francesca Albanese está a punto de convertirse en la versión moderna de los cantares de gesta. Sola como las funcionarias solas mantiene la simple dignidad de mantenerse en pie soportando amenazas, dificultades, acoso. Lleva en la masa de la sangre la categoría de no claudicar ni se permite el reflejo condicionado de echar el cuerpo a tierra aun cuando sabe que algunas balas le silban muy cerca de la oreja.




















