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El paseo de Xi Jinping y Trump por el templo donde los em...
Lucas de la · 2026-05-14 · via Donald Trump

Durante siglos, los emperadores chinos cruzaron en procesi�n las puertas del Templo del Cielo envueltos en seda azul y escoltados por una corte silenciosa que avanzaba entre humo de incienso, m�sica ritual y antorchas encendidas. Llegaban hasta un altar de m�rmol blanco para ejecutar uno de los ceremoniales m�s sagrados del imperio: el sacrificio al cielo.

All�, en cada solsticio de invierno, degollaban toros y bueyes, ofrec�an jade, seda y vino, y rezaban de rodillas para garantizar buenas cosechas y preservar la armon�a entre el universo y la tierra. Si las lluvias no llegaban o las hambrunas arrasaban provincias enteras, no era solo un desastre agr�cola: significaba que el soberano hab�a perdido la legitimidad divina sobre la que descansaba el poder imperial chino.

El Templo del Cielo era el coraz�n espiritual del imperio. Construido a comienzos del siglo XV por la dinast�a Ming, el complejo fue concebido como una representaci�n f�sica de la cosmolog�a china: las estructuras circulares simbolizaban el cielo; las cuadradas, la tierra. Cada n�mero, cada escal�n y cada piedra obedec�an a un orden matem�tico pensado para conectar al emperador con las fuerzas celestiales. Mientras la Ciudad Prohibida representaba el poder terrenal, este era el lugar donde ese poder buscaba la aprobaci�n de los dioses.

Este jueves, cinco siglos despu�s de aquellos rituales imperiales, el viejo santuario recibi� a los dos hombres m�s poderosos del mundo. All� donde la sangre de los astados degollados serv�a para preservar la armon�a, Xi Jinping y Donald Trump pasearon rodeados por un despliegue de seguridad que blind� buena del sur de Pek�n.

Mucha seguridad el jueves en la entrada del Templo del Cielo, que permanece cerrado hasta el fin de semana.

Mucha seguridad el jueves en la entrada del Templo del Cielo, que permanece cerrado hasta el fin de semana.Lucas de la Cal

Desde primera hora de la ma�ana, el parque Tiantan -como lo llaman los pequineses- apareci� rodeado por un per�metro imposible de franquear. Furgones apostados en cada esquina, polic�as, militares, agentes de paisano hablando por pinganillos. Tambi�n hab�a grupos de curiosos y turistas agolpados tras las vallas met�licas intentando adivinar por d�nde entrar�an las comitivas.

Despu�s de m�s de dos horas de reuni�n en el Gran Palacio del Pueblo, en la plaza de Tiananmen, la caravana oficial de Xi y Trump atraves� el centro de Pek�n rumbo al Templo del Cielo. All�, rodeados por decenas de funcionarios, int�rpretes y agentes de protocolo, ambos l�deres posaron frente al Sal�n de Oraci�n por las Buenas Cosechas, el edificio circular de tejados azules que se ha convertido en la imagen m�s reconocible del recinto.

Las im�genes difundidas por la televisi�n estatal mostraron a las delegaciones de ambos pa�ses subiendo lentamente las escaleras de m�rmol blanco antes de entrar al templo. El momento m�s inc�modo lleg� cuando un periodista grit� en ingl�s a Trump una pregunta sobre Taiwan. El presidente estadounidense evit� responder y continu� caminando junto a Xi entre los flashes de las c�maras.

Poco despu�s, preguntado por c�mo hab�an transcurrido las conversaciones, Trump resumi� la jornada con su estilo habitual: "Genial. Un lugar magn�fico. Incre�ble. China es preciosa". La escena condensaba el objetivo de Pek�n: envolver una relaci�n marcada por la desconfianza estrat�gica en la solemnidad de la historia imperial china.

Trump y Xi durante su visita al Templo del Cielo

Trump y Xi durante su visita al Templo del CieloBRENDAN SMIALOWSKIAFP

"Trump siempre trae mucho ruido", dec�a entre risas fuera del recinto un jubilado apellidado Zhao. "Pero Xi sabe manejarlo. China ahora es un pa�s igual de fuerte que Estados Unidos". A pocos metros, una estudiante universitaria que se identific� como Lin aseguraba que, al ver toda la comitiva y seguridad, se hab�a acercado "por curiosidad", por si pod�a tomar alguna foto a lo lejos de Trump.

El Templo del Cielo, donde el emperador (se le conoc�a como el "hijo del cielo") actuaba como intermediario entre el orden celestial y la tierra, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998. Mientras Trump y Xi entraban por los senderos bordeados de cipreses centenarios que rodean a los patios, el contraste con la antigua liturgia imperial y la pol�tica moderna resultaba inevitable. Donde antes ard�an ofrendas rituales, ahora se exhibe como un escenario de fraternidad despu�s de negociar aranceles, semiconductores y equilibrios militares.

No es la primera vez que Pek�n utiliza sus atracciones hist�ricos como decorados diplom�ticos para impresionar a Washington. Los medios chinos recuerdan que Henry Kissinger, el arquitecto del acercamiento entre Washington y Pek�n durante la Guerra Fr�a, era un visitante habitual del recinto. Dicen que acudi� m�s de una docena de veces. Ya en su viaje secreto de 1971, el que abri� la puerta a la hist�rica visita de Richard Nixon un a�o despu�s, Kissinger aprovech� un descanso en las negociaciones para recorrer este lugar.

Entrada vallada en el Templo del Cielo.

Entrada vallada en el Templo del Cielo.Lucas de la Cal

No muy lejos de all�, en 2014, Barack Obama mantuvo largas conversaciones nocturnas con Xi en la isla de Yingtai, dentro del complejo de Zhongnanhai, el coraz�n del poder comunista chino. Tres a�os despu�s, fue Trump, en su primer mandato, quien recibi� una bienvenida excepcional en la Ciudad Prohibida. Entonces, Xi y la primera dama Peng Liyuan acompa�aron al republicano y a la primera dama, Melania Trump (ausente en este viaje) a tomar t� en el Bao Yun Lou, un edificio imperial de estilo occidental construido en 1915 con fondos devueltos por EEUU bajo la presidencia de Theodore Roosevelt.

Las cr�nicas de aquella visita cuenta que, en medio de un ambiente estudiadamente �ntimo, Trump ense�� orgulloso un v�deo de su nieta Arabella vestida con un qipao (vestido tradicional chino), cantando canciones en mandar�n y recitando poes�a cl�sica china. La recepci�n de 2017 fue tan extraordinaria que marc� la primera vez desde la fundaci�n de la Rep�blica Popular en 1949 que China cerraba la Ciudad Prohibida para recibir a un jefe de Estado extranjero.

Hoy el ambiente es mucho m�s fr�o entre las dos superpotencias. Pero Pek�n contin�a recurriendo a la misma estrategia: envolver la pol�tica contempor�nea en la profundidad ceremonial de cinco siglos de historia imperial.