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De lunes a viernes, con los mercados en funcionamiento, Donald Trump adopta un tono conciliador y habla de altos el fuego, paz, acuerdos y colaboraci�n. Sin embargo, cuando llega el fin de semana y las bolsas cierran, el presidente estadounidense endurece su discurso: recupera las amenazas, afirma que no descarta retomar los bombardeos y muestra su perfil m�s agresivo. Este patr�n se repite desde febrero y las �ltimas 24 horas no han sido una excepci�n. El jueves anunci� una tregua entre Israel y L�bano, m�s impuesta que negociada. Un d�a despu�s, celebr� con entusiasmo la reapertura total del Estrecho de Ormuz y asegur� que Ir�n no volver�a a bloquearlo. Tambi�n afirm� que trabajar�a con Teher�n para recuperar el material nuclear afectado tras los ataques del verano de 2025 y trasladarlo a Estados Unidos. El problema es que todos estos anuncios fueron unilaterales. Bastaron pocas horas para evidenciar su fragilidad. Entre el viernes por la noche y el s�bado por la ma�ana, varios petroleros que intentaron cruzar el estrecho tuvieron que retroceder al comprobar que segu�a bloqueado. Algunos buques incluso recibieron disparos de advertencia, reflejando la persistente tensi�n en la zona.
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