La cumbre de la OTAN se presenta como un nuevo escenario en el que Sánchez podrá erigirse como némesis de Trump, una posición a los que la izquierda crédula atribuye la colaboración de EEUU con la Justicia española en el caso Zapatero.

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Cuidado que vienen los nuestros. O no. El PP ha llevado al Constitucional el veto de la mesa del Congreso a las dos enmiendas a la moción en las que Junts y PP pedían a Sánchez un adelanto electoral. No debe de ser fácil estar en el PP estos días. Como en el 23, parece que rozan el poder con los dedos y ya hay postulantes y peloteos para ocupar ministerios, secretarías de Estado, consejos...
Hace bien Feijóo en no confiarse. El gallego es más zorro de lo que piensan algunos y parece que se da cuenta de que los aspavientos de los de Nogueras no son más que una escenificación para exprimir de nuevo a Sánchez. El optimismo debe contenerse.
Hasta el rabo, todo es Sánchez (que le pregunten a Begoña) y no sería descartable que el votante español presenciara la enésima mutación que le permita retener la presidencia otros cuatro años en el tiempo que aguante el Gobierno hasta que convoque elecciones.
El mismo día que declaraba Zapatero, se reunía Sánchez con Benjamín León, el embajador de Trump en Madrid. Se trataba de una reunión cerrada hacía meses y nada tuvo que ver con la colaboración de la Justicia de EEUU con la española en el caso por el que se investiga al expresidente, a sus hijas y a la pobre secretaria Gertru. Otra cosa diferente es lo que los votantes de izquierdas estén dispuestos a creer del que fuera el arma electoral, según se jactaba, de las elecciones del 23. La inyeniera Diana Morant dijo que le parecía sospechoso que EEUU diera importancia al caso Plus Ultra justamente ahora, «que el Gobierno de España y el presidente se plantan contra Trump con ese no a la guerra». Y eso es lo que la izquierda quiere pensar, porque lo otro sería reconocer que no les importa la corrupción, una distonía que, en su superioridad moral, la izquierda siempre ha atribuido a la derecha. (Como si el 15,9% de los votos que C's logró en 2019 no hubieran salido de un PP situado por los escándalos).
El escenario perfecto para representar su comedia lo tendrá Sánchez en dos semanas. Los próximos 7 y 8 de julio se celebrará la cumbre de la OTAN en Turquía. El secretario general, Mark Rutte, dicen, siempre ha sido la bestia negra de Sánchez. En 2020, cuando se negociaban esos fondos europeos de la pandemia, el holandés encabezaba el clan de los tacaños de la UE -Dinamarca, Suecia y Austria- que no quería ser en exceso dadivoso con el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Y tenía cierta razón: al final, hoy ya lo sabemos, el Tribunal de Cuentas detectó en 2024 que el Gobierno español desvió 2.389 millones procedentes de créditos de fondos europeos para el pago de pensiones.
Y ya saben lo que puede pasar. Seguramente Sánchez saque fuerzas de su flaqueza para tratar de volver a escenificar su oposición a Trump y su no a la guerra, como diría Morant. (Pese a la claudicación ante Irán). En 2025 ya trató de hacerse el estrecho para llegar al 5% de gasto militar que vuelve a reclamar, como Obama y Biden, el presidente republicano. Sin embargo, sus mohines hicieron que el resto de líderes europeos le marginara en la foto final.
En la entrevista que le hizo Fernando Belzunce, Zanny Minton Beddoes, la directora de The Economist, alababa la política exterior de España y decía que habíamos sabido manejar mejor la inmigración porque «en su mayoría provenía de países hispanohablantes y se integraba mejor». Respecto a la corrupción, reconocía la periodista, es verdad que en España es «enorme».
Una semana antes, el prestigioso semanario inglés se preguntaba cuánto podría durar el Gobierno del español. Atrás quedaban aquellas portadas de L'Espresso en las que se designaba a Sánchez «Persona dell'Anno» y otros medios como The New York Times que le coronaban como la cabeza de la oposición a Trump en el mundo por su postura en Gaza e Irán. También le ayudaba la cifra económica que permitía que España fuera calificada por el Financial Times como nueva estrella económica. Nadie recordaba que el Gobierno no ha presentado unos presupuestos desde 2023.
En los últimos meses, la prensa internacional ha virado y recoge los escándalos de corrupción que corroen el Gobierno de Sánchez. Sin duda, montará el numerito en la cumbre de la OTAN en dos semanas.
Si hasta presumió de hablar con ZP cada día...






















