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Trump da la bienvenida al "fant�stico" rey Carlos III, qu...
Eduardo Álva · 2026-04-28 · via Donald Trump

Hasta 500 miembros de las seis ramas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se han desplegado en el recinto de la Casa Blanca para recibir con m�ximos honores a los reyes brit�nicos, Carlos III y Camila, que este martes comienzan una hist�rica visita de Estado a la antigua colonia, marcada por la tensi�n en las relaciones entre Washington y Londres, pero tambi�n por el fallido atentado contra Trump del s�bado, que permite al monarca convertir el viaje en un abrazo de solidaridad hacia su anfitri�n, que a fin de cuentas esto va de que el sucesor de Isabel II consiga seducirle y met�rselo en el bolsillo.

La cifra de militares presentes es extraordinaria, muy superior al habitual en estas citas. As� lo ha ordenado un Trump que, por su parte, est� decidido a epatar a sus visitantes, a pasarle por el morro al jefe de los Windsor que ning�n pa�s puede siquiera competir en grandeza con la superpotencia.

NI siquiera la lluvia con la que ha amanecido este martes en Washington ha impedido que una multitud de curiosos aguardara desde temprano en el jard�n sur de la Casa Blanca la llegada de los reyes. A fin de cuentas, no todos los d�as se ve tan de cerca a alguien de sangre azulada.

El rey Carlos saluda a JD Vance.

El rey Carlos saluda a JD Vance.AP

Para el recibimiento, tambi�n est�n presentes el vicepresidente JD Vance, junto con otros miembros del Gabinete, como el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario del Tesoro Scott Bessent y la jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles. La secretaria de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, tambi�n est� presente.

La atm�sfera de la ceremonia de bienvenida ha estado marcada por la interpretaci�n de la banda de gaitas y tambores del Ej�rcito de Estados Unidos, un gesto que subraya la herencia compartida entre ambas naciones. La Bater�a de Saludo Presidencial ha lanzado obuses de 72 mm en una salva de 21 ca�ones. Trump y Carlos III pasan revista a las tropas, de gala. Adem�s de la c�pula militar, la delegaci�n oficial estadounidense est� integrada por familias de militares, representantes del Reino Unido y estudiantes de la Escuela Internacional Brit�nica de Washington, otorgando de ese modo un car�cter comunitario y educativo al encuentro.

El dispositivo de Seguridad se ha incrementado sustancialmente tras lo ocurrido en la Cena de Corresponsales, con m�ltiples capas de protecci�n, tanto invisibles como muy visibles. "Las medidas de seguridad estar�n a la altura de la gravedad y la magnitud de la visita", ha declarado Anthony Guglielmi, portavoz del Servicio Secreto, ante la llegada del ocupante del trono de San Jorge.

Carlos III y su consorte aterrizaron el lunes por la tarde en Washington D.C, ciudad totalmente engalanada con banderas estadounidenses y brit�nicas para la ocasi�n, y de inmediato fueron recibidos de modo informal por el matrimonio Trump en la Casa Blanca, donde los cuatro compartieron un t� y un encuentro distendido. Los reyes tambi�n fueron agasajados por sus anfitriones con una visita por los lugares m�s privados de la residencia presidencial y un peque�o festejo en el jard�n.

Pero el programa oficial comienza este martes, con el deslumbrante recibimiento. Tras los saludos protocolarios, la interpretaci�n de los himnos nacionales de los dos pa�ses, el pase de revista a las tropas y los consabidos parabienes, se procede al intercambio de regalos propio de todas las visitas de Estado, antes de que Trump y Carlos III entren en faena en el Despacho Oval. No faltaban asuntos importantes que tratar.

Dos l�deres antag�nicos

No es f�cil imaginar dos l�deres a priori m�s antag�nicos. El rey Carlos III es un europe�sta y atlantista declarado, convencido de las bondades de la democracia liberal nacida tras la Segunda Guerra Mundial, defensor del orden internacional basado en viejas normas consuetudinarias, ecologista, abanderado de la lucha contra el cambio clim�tico, amante de la agricultura sostenible, defensor del multiculturalismo y, pese a ser el l�der de la Iglesia de Inglaterra, profundamente espiritual que aboga por el continuo di�logo interreligioso. Casi un woke, lo definir�an de un brochazo los MAGA. Donald Trump es todo lo contrario. No hace falta entrar en detalles a estas alturas.

Pocas cosas parece que puedan tener en com�n uno y otro. Y, sin embargo, �oh, magia!, el presidente de Estados Unidos respeta profundamente al monarca brit�nico. Es un sentimiento que le despiertan pocos mandatarios, probablemente porque ninguno le debe de parecer que est� a la altura. Pero a Carlos III le tiene consideraci�n. Y eso se nota, tanto en sus declaraciones p�blicas -a pocos ha dedicado tantos halagos, desde "es un buen hombre" a "nadie puede ejercer un liderazgo como el suyo en el Reino Unido"- como en la qu�mica que se produce cuando se encuentran. Nadie sabe si es un sentimiento rec�proco. Pero tanto da. Los reyes est�n programados para no mostrar sus emociones y son aut�nticos profesionales en el arte del cortejo y de agradar a sus interlocutores. De modo que todo funciona. En realidad, Trump por lo que siente fascinaci�n es por la Monarqu�a, sobre todo por la brit�nica, heredada del sincero afecto que su madre, de origen escoc�s, proyectaba en Isabel II. Y entre eso y que la Corona es la mejor herramienta de diplomacia blanda con la que cuenta lo que queda del viejo imperio brit�nico, el jefe de los Windsor se ha remangado para afrontar la misi�n m�s delicada desde que asumi� el trono, en septiembre de 2022, la de intentar revitalizar la "relaci�n especial" entre Washington y Londres, que hoy atraviesan su crisis m�s profunda de todo el �ltimo siglo.

Todo parece separar en la actualidad a Estados Unidos del Reino Unido. Para la Administraci�n Trump, la postura del Gobierno laborista de Keir Starmer ante la guerra en Ir�n, que se ha negado a hacer el tradicional seguidismo en el campo b�lico a la superpotencia, ha sido la puntilla en el enfriamiento de relaciones. Pero no faltan otros innumerables desacuerdos de calado, desde la pol�tica migratoria a la guerra arancelaria, pasando por la presi�n que la Casa Blanca ejerce a Downing Street para que ceda y aumente la extracci�n de petr�leo y gas en el Mar del Norte. Tanto se han enrarecido las cosas entre los dos tradicionales y s�lidos aliados que incluso en los �ltimos d�as Trump ha aireado un �rdago dando a los brit�nicos donde m�s les duele, amenazando con retirarles el apoyo diplom�tico respecto a las Malvinas, las islas reivindicadas por Argentina. No es ninguna broma. Este contencioso ya provoc� la guerra de 1982 y para los ciudadanos de una Gran Breta�a en busca de su nueva identidad y de lugar en el mundo, mientras sigue pesando no poco la nostalgia imperial, mentar las Malvinas, m�s a�n que mentar Gibraltar, es una patada en la l�nea de flotaci�n del orgullo nacionalista.

As� las cosas, aunque la hist�rica visita de Estado de Carlos III y Camila a EEUU se produce en las circunstancias menos recomendables para realizar un viaje de estas caracter�sticas, en Londres asumieron que no s�lo no cab�a cancelar el acontecimiento, sino que ahora se encomiendan a los buenos oficios del rey para resta�ar la herida, o que al menos deje de supurar. Y la ventaja para el monarca es que en Washington siempre tienen muy clara la distinci�n entre el Gobierno y la realeza brit�nica: el primero representa lo contingente, lo temporal, lo vol�til, lo pasajero; la Corona simboliza sin embargo la permanencia y encarna la historia de la naci�n, tan indisolublemente ligada a la de los Estados Unidos que conmemoran justo ahora sus 250 a�os de independencia, la excusa con la que se program� para estas fechas la visita real.

El mismo Trump admiti� la semana pasada a la BBC que la esperada llegada del rey "sin duda" puede ayudar a reparar las relaciones bilaterales. "La respuesta es s�. Absolutamente. Es un hombre fant�stico. Lo conozco bien, lo conozco desde hace a�os. Es un gran hombre, un hombre valiente", remarc� el mandatario norteamericano.

Una misi�n sensible

Expertos en la Monarqu�a brit�nica y analistas llevan semanas, sin embargo, advirtiendo de los riesgos que comporta este viaje para Carlos III. De entrada, Trump es un presidente impredecible, con una personalidad muy voluble, que no posee el fino olfato de la diplomacia y de los usos y costumbres que caracterizan a las relaciones internacionales, marco del que jam�s puede salirse ning�n monarca parlamentario. Y no es dif�cil aventurar que el rey va a tener que exhibir cintura, flema y dotes de equilibrista para sortear alusiones comprometedoras al Gobierno de Starmer por parte de su interlocutor. Pero, sobre todo, este viaje est� rodeado de tan enormes expectativas que su �xito o fracaso se va a medir por el grado de influencia real que pueda ejercer el monarca en Trump para como m�nimo rebajar las tensiones. F�cil no parece.

"El Reino Unido y Estados Unidos siempre encuentran la manera de dialogar". Esa es la idea fuerza que precisamente va a hilvanar el discurso tambi�n este martes de Carlos III ante el Congreso de Estados Unidos, en sesi�n conjunta, el acto m�s trascendental de este viaje. Se espera tambi�n que afirme que, en tiempos de grandes desaf�os internacionales, es m�s necesario que nunca permanecer unidos para defender los valores democr�ticos. Fuentes pr�ximas a Buckingham han deslizado que instar� a que se defiendan los principios de tolerancia, libertad e igualdad, ya sea apoyando a la OTAN o protegiendo a Ucrania. El discurso ha sido redactado por Palacio, pero siguiendo las recomendaciones del Gobierno que lidera Starmer.

Otro de los asuntos espinosos que rodean la visita de los monarcas brit�nicos a EEUU es el caso Epstein. En las �ltimas semanas, organizaciones de apoyo a v�ctimas del ped�filo y depredador sexual que se quit� la vida en 2019 han reclamado que los reyes tengan un gesto hacia ellos durante esta estancia de cuatro d�as. Una demanda que creci� tras el arresto durante unas horas del ex pr�ncipe Andr�s Mountbatten-Windsor, hermano del soberano, uno de los implicados m�s c�lebres en la red del financiero. Buckingham ha aclarado que no ser� posible que se produzca ese encuentro entre Carlos III y Camila con v�ctimas, algo que a nadie se le escapa habr�a desnaturalizado por completo los objetivos del hist�rico viaje. Sin embargo, los monarcas s� se reunieron el lunes por la tarde con representantes de cuatro organizaciones ben�ficas de Washington D.C. que luchan contra la explotaci�n infantil y la violencia dom�stica en una recepci�n en el jard�n de la Embajada brit�nica. Michelle DeLaune, directora ejecutiva del Centro Nacional para Ni�os Desaparecidos y Explotados, elogi� a la reina Camila como "maravillosa" por "concienciar" y "fomentar el di�logo".