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A mediados de noviembre de 2024, una semana después de las elecciones presidenciales, un vídeo se hizo viral en internet. Era un fragmento corto de El arte del resurgimiento: El regreso de Donald Trump, una producción de Tucker Carlson Network que mostraba desde dentro la campaña de Trump, incluyendo sus reacciones y sus interacciones con su equipo y su familia. Pero lo que dio la vuelta al mundo no fueron sus exabruptos reaccionando a un discurso de Kamala Harris, sino ver cómo el futuro presidente publicaba sus mensajes en Truth Social, su propia red social. O, más bien, cómo alguien escribía y publicaba esos mensajes en su nombre.
En el vídeo se ve a Trump en una pequeña sala, sentado junto a diez miembros de su equipo, incluyendo a la hoy jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, o al asesor más radical y poderoso, Stephen Miller. Pero junto a ellos hay un rostro mucho menos conocido: una asistente joven, rubia, de 34 años, llamada Natalie Harp, que tiene uno de los trabajos más delicados e influyentes del planeta: tuitear en nombre del presidente.
Trump es famoso por usar las redes sociales como ningún político antes. Entra en todos los debates, hace anuncios, declara o zanja guerras, promociona sus productos y apoya o hunde carreras de aspirantes a congresistas o senadores. Pero, sobre todo, lanza diatribas con un estilo único y vitriólico. Son textos a veces larguísimos, escritos en una mezcla de mayúsculas y minúsculas, con sus apodos e insultos favoritos, con su firma y sus sintagmas fetiche. Millones de personas asocian esa estructura al presidente y solo a él. Y, sin embargo, la figura de Harp, divisiva y nociva según otros colaboradores del líder republicano, es fundamental en esa tarea. Él habla y Harp, sentada junto a él con un ordenador abierto, transforma en texto las ideas de Trump, imitando su estilo, y, tras mostrárselas y recibir el visto bueno, pulsa publicar.

Natalie Harp, siempre cargada de papeles y cerca del presidente Trump.GETTY
«Las noticias de última hora no entienden de dónde estés. Así fue como empezó nuestra oficina móvil. Muchas veces, el presidente quiere plasmar sus ideas por escrito, así que tomo el dictado, lo imprimo y luego él trabaja en ello hasta que tiene las palabras perfectas para un post viral de Truth Social», explicó Harp, apodada por algunos de sus críticos como la «impresora humana», a la cadena Fox poco después de aquel vídeo.
En los últimos meses, pero sobre todo en los últimos días, Trump parece haber perdido por completo el control. Por las noches, a veces incluso bien entrada la madrugada, publica o vuelve a publicar todo tipo de mensajes, sin filtro ni límites, incluidos contenidos racistas procedentes de cuentas anónimas o que animan a represalias o a la violencia. Lo hizo cuando difundió una imagen del matrimonio Obama caracterizado como chimpancés. O más recientemente, cuando compartió una imagen comparándose con Jesucristo.
Desde que volvió al Despacho Oval, Trump ha publicado cerca de 9.000 mensajes en su red social, una media de casi 19 al día, para una audiencia de, en teoría, casi 12 millones de personas. Esta semana, antes de irse a China, publicó o republicó en una sola noche 55 post, algunos delirantes, en los que acusaba a Obama de robar 120 millones de dólares y orquestar un golpe de Estado. Denunciaba cómo le robaron las elecciones de 2020, pedía que arrestaran al fiscal que lo investigó, llamaba traidores a muchos demócratas, reclamaba que Hillary Clinton fuera enviada a Haití o daba visibilidad a mensajes que instaban a despedir a su fiscal interino por no perseguir a los enemigos políticos del presidente.
Harp, cuyo cargo oficial es el de asistente ejecutiva de Trump, es el engranaje clave de esa fiebre tuitera. Le entrega al presidente montones de borradores impresos de publicaciones para redes sociales para su aprobación. «Según fuentes cercanas al asunto, a menudo recicla contenido de otras cuentas que Harp o sus asesores consideran que le gustarían a Trump. Posteriormente, Harp accede a la cuenta del presidente —a veces fuera del horario laboral— y publica lotes de mensajes aprobados por el presidente. Trump aprueba personalmente todo el contenido publicado en su cuenta y si bien Harp suele publicar contenido en nombre de Trump, el presidente publica algunos mensajes él mismo, según funcionarios de la Casa Blanca», explicaba esta semana The Wall Street Journal.
Algo similar publicó The Washington Post en 2023, cuando Trump era solo un expresidente con aspiraciones de volver. «Según sus asesores, ella suele entregarle artículos de prensa y publicaciones en redes sociales que él no vería de otra manera —a veces promoviendo falsas acusaciones de fraude electoral— y toma dictados para publicarlos en Truth Social, los cuales en ocasiones se publican sin la revisión de sus principales colaboradores».
Harp, una ex presentadora y periodista de cadenas conservadoras, provoca celos entre algunos funcionarios de la Casa Blanca porque normalmente no comparte los borradores de sus publicaciones con la oficina de la jefa de gabinete, los asesores de comunicación ni los funcionarios de seguridad nacional, alegando, según la prensa, que trabaja para el presidente y que solo obedece sus órdenes. Y este lleva años protegiéndola, blindándola y abortando cualquier intento de deshacerse de ella.Trump nunca ha perdonado a quienes se alejaron cuando cayó en desgracia tras el asalto al Capitolio, ni ha olvidado a quienes se quedaron, incondicionales como Harp, que estaba con él en los juicios, en los mítines o en todas las ocasiones en las que han intentado asesinarlo.
Harp conoció a su jefe en 2020 y lleva desde 2022 en el círculo más cercano. Las crónicas periodísticas de esos años recalcaban cómo «siempre está con él». La cercanía al presidente es un activo de enorme valor. «Otros colaboradores la consideran una figura problemática entre sus asesores por su devoción incondicional a su jefe y su falta de criterio. Sigue a Trump a todas partes, incluso en el campo de golf, en un carrito equipado con un portátil y, a veces, una impresora», escribió The Washington Post entonces.
Un biógrafo del presidente dice que Harp, que lleva años justificando su devoción con un extraño relato, parcialmente inventado, sobre cómo una decisión de Trump le salvó la vida facilitándole un tratamiento médico, ejerce de «guardiana». Durante la campaña estaba encargada de mantener y gestionar el acceso de influencers MAGA como Laura Loomer, una de las mayores fanáticas de la conspiración. Pero también de congresistas, senadores y gobernadores. «Ella es como un par de ojos y oídos adicionales para el presidente Trump», le dijo el senador John Barrasso a Fox News. «Le envío un mensaje a ella si necesito comunicarme con el presidente», explicó Barrasso. «Si no contesta el teléfono, sé que debo contactar a Natalie, y él recibe el mensaje». «Si quieres hacerle llegar algo al presidente Trump, ella es la persona indicada», apunta también el influyente senador Lindsey Graham.
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