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Las escenas de escasez y racionamiento se repiten en Puerta de Toledo, Puente de Vallecas y el barrio de Salamanca. Frases como «no tengo», «se han agotado» o «solo vendo un par por persona» se escuchan una y otra vez en distintos distritos de la capital. Días antes, las redes sociales denunciaron las primeras escenas de acaparamiento, en las que grupos organizados agotaban las existencias a medida que los establecimientos se reabastecían. Afortunadamente, no se trata de ningún producto de primera necesidad, sino de los cromos de Panini del Mundial de fútbol.
«Ahora mismo es más fácil comprar cocaína que cromos», ironiza Juan, de 40 años, un padre primerizo de Vallecas que estos días vive una odisea para encontrar sobres para sus hijos.
La situación ha alcanzado tal nivel que la propia Panini, titular de la licencia oficial de la colección, ha acabado reconociéndola públicamente. «Ha sido un boom que nos ha sorprendido a todos», admitió este fin de semana el director de Panini, Lluís Torrent, en declaraciones a Efe. «Nos ha causado muchísimas roturas de stock en los puntos de venta. Hay bastantes quejas, que lamentamos. Pedimos que comprendan que ha habido un exceso de peticiones que nos ha llevado a esta situación».
Las declaraciones plantean una pregunta de fondo: ¿se trata de una escasez provocada por intereses especulativos, como ocurre en ocasiones con las cartas de béisbol en Estados Unidos, o de una fiebre coleccionista alimentada por el Mundial?
Según Laura Fernández, de la tienda especializada Collectorage, detrás del fenómeno hay una combinación de factores. «El problema ha estado sobre todo en la impresión. Este año hay más selecciones que en otros mundiales. Mucha más gente está coleccionando. Además, es el último Mundial de Messi y Cristiano y eso le da un valor añadido. Hay gente que cree que es el último Mundial de Panini, aunque en realidad es el penúltimo», explica.
La colección tampoco es pequeña. El álbum reúne 980 cromos y cada sobre contiene siete estampas por 1,5 euros. Aun así, los aficionados aseguran que el precio ha pasado a un segundo plano frente a un problema mucho más básico: encontrarlos.
Diego lo comprobó hace unos días mientras recorría distintos quioscos y comercios de las inmediaciones de Puerta de Toledo en busca de sobres. Tras varias negativas, logró localizar existencias en una tienda de alimentación regentada por un ciudadano chino. La alegría duró poco.
«Solo te vendo un par de sobres si me compras una bolsa de patatas fritas», asegura que le dijo el comerciante. Cuando preguntó por qué condicionaba la venta, recibió una explicación inmediata: grupos organizados compraban cajas enteras para revender los sobres y el margen comercial apenas compensaba el esfuerzo. «Saco menos de 10 céntimos por venderlos», le respondió.
Escenas similares se repiten en otros puntos de la ciudad. En la estación de Méndez Álvaro, la propietaria de un quiosco que todavía conserva existencias explica que durante los primeros días vendió cajas completas a gran velocidad. Sin embargo, cambió de estrategia cuando descubrió qué estaba ocurriendo con parte de ese material. «He dejado de vender cajas enteras para que no se aprovechen», explica tras imponer un sistema de racionamiento similar al que ya aplican otros establecimientos.
«Todos los días me doy un paseo por el barrio para ver si queda algún sobre en algún quiosco y poder llevárselo a mi hijo», cuenta José, otro de los padres que estos días se ha sumado a una especie de «búsqueda del tesoro» por distintos comercios.

ANTONIO HEREDIA
«Ya en el anterior Mundial se quedaron cortos. El auge de los cromos es una tendencia muy arraigada en Latinoamérica. La demanda viene aumentando. Este Mundial empezaron a producir tarde y está pasando algo parecido con colecciones como Hello Kitty», señala Fernández.
La escasez también ha alimentado un pequeño mercado paralelo. Giovanny Castro, también de Collectorage, asegura que muchos compradores buscan especialmente los cromos de Messi y Cristiano Ronaldo por tratarse de su última aparición.
«Se ha juntado todo. La gente quiere guardar esos cromos porque será su último Mundial. Tiene que pasar algo de tiempo para que adquieran valor, aunque si llegan a la final ese proceso será más rápido», explica. Según Castro, los cromos normales de ambos futbolistas ya se están ofreciendo por entre ocho y 10 euros.
«Ahora no tiene sentido comprarlos a ese precio. Dentro de poco subirán más y pueden alcanzar los 120 euros, que es lo que cuestan los de los primeros mundiales de Messi y Cristiano», afirma. Las cifras son todavía más llamativas en el caso de algunas versiones especiales. «El extrasticker de Cristiano y Messi ya se está vendiendo por 200 euros», se detalla sobre esta fiebre mundialista.
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