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Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, nunca tantos conflictos hab�an azotado el planeta. Lo confirm� este martes el secretario general de la ONU, Ant�nio Guterres, mientras precisaba que la violencia no s�lo est� aumentando en cantidad y en magnitud, sino tambi�n en complejidad. "Oriente Pr�ximo, Ucrania, Sud�n...", enumer� los escenarios golpeados, antes de hacer inventario de los 'jinetes del Apocalipsis' que mantienen al mundo en una encrucijada. A juicio de Guterres, las grandes amenazas ser�an siete: las guerras, la impunidad, la carrera armament�stica, los ataques contra los derechos humanos, la crisis clim�tica, las desigualdades y el impacto de tecnolog�as como la Inteligencia Artificial.
La complejidad de las contiendas adopta m�ltiples formatos en nuestra convulsa actualidad. El primer ejemplo lo encontramos en Oriente Pr�ximo, donde los enfrentamientos b�licos se han ido prolongando bajo el espejismo de treguas ficticias. La operaci�n estadounidense 'Furia �pica' que dio lugar hace tres meses a la guerra de Ir�n se ha ido desarrollando a lo largo de las �ltimas semanas bajo la forma de un falso alto el fuego. Mientras Washington lanzaba ataques, Teher�n no pon�a la otra mejilla. Las dos capitales han ido intercambi�ndose golpes mientras negociaban paralelamente para ir extendiendo la fr�gil tregua. Pero, �desde cu�ndo esta situaci�n no constituye una violaci�n o incluso una ruptura del alto el fuego?
Algo similar ocurre con Israel y el L�bano, ambos bajo una supuesta tregua durante la que Tel Aviv se ha ensa�ado con Hizbul� y ha avanzado posiciones en el pa�s de los cedros. As�, anteayer, la agencia AP informaba de que tropas israel�es se adentraban en una aldea del sur del L�bano mientras representantes de las partes enfrentadas negociaban en el propio Pent�gono.
En Gaza se repite el mismo patr�n. Cientos de palestinos han perdido la vida desde octubre, mes en el que se pact� el alto el fuego con Israel.
Otra manifestaci�n de los nuevos rostros del horror se encuentra en nuestro flanco Sur, en �frica. En el continente vecino, la epidemia del �bola se mezcla con los conflictos, dando lugar a un c�ctel de alto voltaje. La Rep�blica Democr�tica del Congo est� sufriendo el tercer brote m�s grave de los 17 que ya ha padecido. M�s de 250 personas han fallecido y los contagios superan el millar. El pa�s limita con nueve pa�ses, entre ellos, Uganda, que hace frontera con la provincia de Ituri, donde la fiebre hemorr�gica ha encontrado un peligroso caldo de cultivo y m�s del 90% de los afectados se concentra en esta regi�n fronteriza. La situaci�n es alarmante. Las autoridades sanitarias carecen de recursos para contener la enfermedad debido a la actividad de grupos armados y al desplazamiento constante de la poblaci�n. La OMS ha pedido un alto el fuego para facilitar la respuesta sanitaria. El director general Tedros Adhanom Ghebreyesus ha descrito la situaci�n como una "colisi�n catastr�fica entre enfermedad y conflicto".
No es necesario irse muy lejos para seguir encontrando distintas manifestaciones de la guerra. En el caso de los europeos, la amenaza rusa estaba a las puertas, pero, seg�n avanza la guerra h�brida y la zona gris del conflicto se expande, se puede sostener que el conflicto de Ucrania se disputa directamente en el territorio de la UE. Y si no, que se lo digan a los habitantes de Galati, la ciudad portuaria del Danubio, en Ruman�a, donde un dron ruso impact� durante la madrugada del viernes sobre un edificio residencial, dejando heridos a un adolescente de 14 a�os y a una mujer de 53.
Los contornos de la guerra de Ucrania se han vuelto cada vez m�s difusos, pero la �ltima oleada de acontecimientos constatar�a la flamante y peligrosa estrategia del Kremlin hacia el continente europeo.
El pasado 14 de mayo, la primera ministra letona, Evika Silina, anunci� su dimisi�n despu�s de que drones ucranianos desviados por Rusia cruzaran el espacio a�reo de Letonia y alcanzaran unas instalaciones petroleras. Los tanques de combustible sobre los que impactaron estaban vac�os, pero la crisis generada en el pa�s b�ltico por la percepci�n de vulnerabilidad y la falta de respuesta efectiva acab� precipitando la ca�da del Gobierno de coalici�n.
Estonia tambi�n ha sido v�ctima de la guerra electr�nica rusa. El 25 de marzo, drones ucranianos fueron arrojados por el Kremlin contra la chimenea de una central el�ctrica.
Ruman�a, Letonia, Estonia... Pero tambi�n Polonia. O Moldavia. Las violaciones del espacio a�reo son constantes y los fragmentos de drones se dispersan ya por una amplia franja de territorio europeo.
Nada es gratuito ni casual. Vladimir Putin pone a prueba a los miembros de la UE, pero tambi�n a los socios de la Alianza Atl�ntica. Rusia obtiene as� informaci�n de primera mano sobre la capacidad de reacci�n y paciencia y, lo m�s importante, sobre el estado de las defensas antia�reas en el flanco oriental de la OTAN. Todo forma parte de una campa�a para lograr objetivos estrat�gicos sin llegar a una guerra abierta. �O acaso no estamos entrando ya en ella?
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