Bajad las armas
Alguien que seg�n Aldama experimentaba �ntimas licuefacciones al contacto con �balos. Alguien que olvid� las manos en la parrilla de Santos Cerd�n

Mar�a Jes�s Montero.
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Aseguran los cronistas que en Ferraz ya se debate el destino de Mar�a Jes�s Montero a partir del lunes, tal es la debacle que vaticinan los sondeos internos. Siendo Montero la n�mero dos del partido, semejante debate solo lo puede haber abierto el n�mero uno. Y conociendo su escasa disposici�n a la may�utica, el uno habr� restringido los t�rminos de la discusi�n al per�metro de su almohada. Pedro es as�: hoy te telonea, ma�ana te desconoce. Anteyer te env�a al matadero electoral bajo promesa de puerta giratoria, pasado ma�ana ordena que cambien la cerradura de tu despacho vac�o.
De todos modos yo no me preocupar�a en exceso por el futuro de una mujer como Mar�a Jes�s Montero Cuadrado, dama de acrisoladas virtudes. La an�cdota que mejor describe la delicadeza de su personalidad se la debemos a Javier Caraballo, a quien le contaron que un d�a, cuando la se�ora era consejera socialista de Salud, se subi� a un AVE con todo su equipo y todo su desahogo verbal. Hablaban de los recortes en sanidad p�blica que ten�an planeados sin reparar en que otros viajeros la hab�an reconocido y pegaban la oreja. En cierto momento la consejera se hart� de la disputa y la zanj� con palabras por las que a�n suspira el blanco subsuelo de Carrara:
-Vamos a ver, cerramos el hospital de Granada, le echamos la culpa al alcalde del PP y a m� no me toqu�is la polla.
He ah� el risue�o encanto, el gr�cil ingenio, la sutil cogitaci�n y la clarividencia moral que bulle entre las sienes privilegiadas de la mujer m�s poderosa de la democracia, seg�n propia confesi�n. A esta estadista de gesto sobrio y maneras versallescas, a esta Eugenia de Montijo del 78 le sobran recursos para sobrevivir en pol�tica o en los Dominican Don't Play. Nadie ha aguantado tanto tan cerca de Pedro S�nchez, y eso no es casualidad. Si quisi�ramos tallar un Monte Rushmore del sanchismo en una cantera de granito, el feldespato se negar�a a que le esculpieran encima la jeta impracticable de Mar�a Jes�s Montero.
Alguien que seg�n Aldama experimentaba �ntimas licuefacciones al contacto con �balos. Alguien que olvid� las manos en la parrilla de Santos Cerd�n. Alguien que ha convivido con un presidente de la SEPI arrestado por la UCO. Alguien que en ocasiones ve accidentes laborales y que bate palmas con el a�reo donaire con el que se desperezan los murci�lagos. Alguien que jam�s ha conocido la elegancia tiene en esta Espa�a todav�a una brillante carrera por delante.





















