La moción triunfante de 2018, en la que no se leyó programa alguno, no fue constructiva y no dignificó la vida pública

Pedro Sánchez y José Luis Ábalos, en la moción de censura de 2018.EFE
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¿Por qué tenemos una crisis constitucional? Porque el Gobierno no ha contado durante toda la legislatura con la confianza parlamentaria que otorga la aprobación de los Presupuestos. Los casos de corrupción y los escándalos alrededor del PSOE suponen un ataque a la ejemplaridad democrática, por lo tanto, también abundan en dicha crisis. Nuestros constituyentes quisieron un Gobierno y presidente fuertes, por eso diseñaron una moción de censura constructiva y regalaron al segundo el tiempo político mediante la potestad de disolver las Cámaras libremente. Con un impeachment inservible en la práctica (art. 102 CE), el resultado es un Gobierno encastillado.
¿Qué puede o debe hacer la oposición en esta situación? Para empezar, atenerse a la propia Constitución. El PP no ha debido desempolvar la moción de censura «instrumental». Por el esperable desplante del PNV y Junts, y porque si hoy estamos en crisis se debe a una tergiversación de la propia institución, diseñada para exigir la responsabilidad política del Gobierno y formar simultáneamente otro con apoyo parlamentario estable hasta el final de la legislatura. La moción triunfante de 2018, en la que no se leyó programa alguno, no fue constructiva -se disolvieron las Cortes pocos meses después- y no dignificó la vida pública, como se pretendía: algún ministerio se convirtió en la cueva de Alí Babá aprovechando que la vigilancia administrativa se diluyó durante la pandemia.
No deja de ser curiosa la falta de estatuto jurídico de la oposición en las Constituciones, también la nuestra. Porque tan importante como el Gobierno y su control es una minoría política fiable y presta a gobernar a la que el sistema solo pide tolerancia con la alternancia y cumplimiento de la ley electoral y de partidos. Sin el peso de la gestión a nivel nacional, haría bien la oposición en redescubrir la política constitucional, disciplina que permite imaginar posibles reformas para repensar, por ejemplo, la prórroga presupuestaria, el nefasto papel de los nacionalistas en la gobernabilidad de todos o la impúdica colonización de instituciones. Se necesita embridar de nuevo el poder político porque el futuro, en términos de riesgo democrático, será más salvaje que el presente. Y ya es decir.























