

























Cuando cae la tarde y el centro de Madrid comienza a vaciarse, es hora de irse a descansar. As� que los clanes de carteristas que trabajan de los descuidos de turistas y madrile�os despistados se dirigen a la estaci�n de Atocha. All� cogen el Cercan�as y ponen rumbo a sus guaridas, ubicadas en tres puntos principalmente: Torrej�n de Ardoz, donde varios de ellos se hospedan en hostales; el bautizado como hotel okupa de San Blas; y las ruinas de la discoteca Attica, derruida en 2018 donde actualmente se ha instalado un campamento ilegal.
Este �ltimo enclave fue, en su �poca dorada, el templo del bakalao de la capital. Ubicado junto a la A-2, casi lindando con San Fernando de Henares, a este macrolocal acud�an cada noche personas de todas las clases sociales, desde "currelas hasta los m�s pijos". Hace mucho que el techno dej� retumbar entre sus muros, actualmente inexistentes. En la parcela, adem�s de grafitis que evocan lo que un d�a fue, se ha levantado un asentamiento donde alrededor de quince familias, la mayor�a de origen rumano, ya han instalado en cerca de 20 infraviviendas.

El interior del asentamiento donde descansa una mujer que apenas hablaba espa�ol.M. SANTAMAR�A
Esta especie de bungalows, que cuentan hasta con c�sped artificial donde salir a tomar el sol, son obra de un mismo autor: un carpintero rumano que, adquiriendo los materiales de distintos "chatarreros espa�oles", va poco a poco construy�ndolos. "Me cuesta 7.000 euros cada uno", dice, sin entrar en detalles de por cu�nto los vende despu�s o si recibe un alquiler mensual.
Este poblado se divide en dos n�cleos, la que ha renacido sobre las ruinas de Attica, que ya est� a rebosar, y una nueva donde ya hay construidas tres casas provisionales. "Arriba ya no tenemos m�s espacio, as� que hemos tenido que expandirnos en otra �rea m�s pr�xima al r�o". Esta �ltima zona est� pegada a monta�as de basura acumuladas en las orillas del r�o Jarama, justo a un lado del Puente Viveros, tal y como revel� GRAN MADRID hace una semana.

Las pintadas en recuerdo del templo de techno madrile�oM. SANTAMAR�A
Seg�n explica Luis, el due�o del restaurante Las Moreras -cuyo negocio limita con los terrenos de Attica-, la zona se ha convertido en "un asentamiento que crece sin control". Este hostelero se�ala que la situaci�n es "una pasada" y que, aunque se sabe de la existencia de procesos judiciales para intentar recuperar el terreno, la realidad es que el n�mero de construcciones sigue aumentando cada mes.
El enclave de personas sin hogar, donde no todas son carteristas, se ha concebido como una zona residencial. Cuenta con lavadoras, electricidad e, incluso, una barbacoa para que la zona se parezca a un camping. Pero no del todo legal. El due�o de Las Moreras explica que sus moradores est�n enganchados al alumbrado, aunque tambi�n matiza que "no son personas conflictivas" ya que, seg�n �l, "no se come d�nde se caga".
"Est� todo limpio", explica una de las mujeres que vive ah�, para ejemplificar que no quieren problemas. En el poblado apenas se habla espa�ol, a excepci�n del carpintero rumano, quien detalla que ellos no ensucian y tiran todo en contenedores cercanos, a pesar de que la ladera del r�o Jarama, justo al lado de d�nde viven, se ven toneladas de deshechos org�nicos que contaminan el r�o a su paso. "No hay d�nde vivir y uno busca la vida donde puede", declara.

Las ruinas de Attica como base de construcci�n del poblado.M. SANTAMAR�A
"Entre los carteristas tambi�n hay mucho racismo. Aquellos m�s racializados conforman el estrato m�s bajo de su sociedad, y han acabado en la parcela de Attica", explica a este diario Javi, portavoz de Patrulla Ciudadana, una plataforma formada por cerca de 40 voluntarios (desde estudiantes a jubilados) que se dedican a realizar vigilancias activas por las calles de la capital al grito de "cuidado, pickpockets (carteristas, en ingl�s)".
Fuentes policiales apuntan a este diario que el proceso ya est� judicializado y que el Ayuntamiento, por el momento, no puede actuar ya que se trata de una propiedad privada. Asimismo, el propio distrito de Barajas "no puede hacer nada hasta q haya una sentencia firme".
Por su parte, el asentamiento establecido en Torrej�n no es nuevo. Ya estuvieron en esta localidad hace a�os, aunque su Ayuntamiento clausur� en octubre de 2024 tres de los hostales donde se alojaban. Despu�s se disiparon. Patrulla Ciudadana dice que han estado en ciudades como Toledo o Segovia, pero ahora, con el buen tiempo, est�n regresando a Madrid: "Les estamos viendo otra vez por el centro y por el aeropuerto... Y tambi�n en nuevos hostales de Torrej�n. Adem�s, tenemos constancia de que, antes de llegar a sus alojamientos en los Cercan�as, hacen paradas en Coslada o en San Fernando para deshacerse del material robado durante la jornada, por si acaso hay alguna inspecci�n a su llegada".
El caso m�s reciente que ha documentado Patrulla Ciudadana es el de cuatro mujeres b�lgaras detenidas en una tienda de ropa de Gran V�a por robar m�s de 400 euros a unos turistas italianos. Tras desvalijarlos, se metieron juntas en un probador. Cuando salieron, ni rastro del dinero ni la documentaci�n de sus v�ctimas. "Posiblemente se lo hab�an guardado en sus partes �ntimas... La Polic�a no suele registrarlas ah�, por lo que meten, envueltos en bolsitas, desde dinero hasta m�viles", dice el portavoz de la plataforma ciudadana, asegurando que tan solo cuatro d�as despu�s de ser arrestadas por las autoridades se las volvieron a encontrar robando en las calles.
La discoteca Attica se inaugur� en diciembre de 1987 con la m�sica funk como protagonista, pero a partir del 1990 el house de Chicago, la electr�nica y el EBM belga se convirtieron en los due�os del lugar. El local, parte de la Ruta del Bakalao, contaba con jaula para el DJ, terraza, piscina, bandas callejeras y mucha droga. Attica era un lugar de encuentro en una �poca de cambio que consegu�a reunir desde los famosos de la �poca a clientes de todas las clases sociales.
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