Guerra en Oriente Próximo
La pregunta que cabe hacerse ahora es si se atreverá Trump a hacer transitar un buque de guerra por Ormuz sin permiso de Teherán

Ciudadanos iraníes portan fotografías del difunto Líder Supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei.Efe
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Cuarenta días. La mayor campaña militar estadounidense desde la invasión de Irak. Dos grupos de combate de portaaviones. Ataques sobre Teherán, Isfahan y Qom. Alí Jamenei, abatido. Y, noventa minutos antes de que expirara el ultimátum, Trump anuncia una pausa de dos semanas y acepta el plan iraní de 10 puntos como base para las conversaciones.
Ese plan, redactado en Teherán, exige el control iraní de Ormuz, el derecho al enriquecimiento de uranio, el levantamiento de sanciones y la retirada militar estadounidense de la región. Hace seis semanas, Washington ni siquiera las habría considerado. Hoy, está sobre la mesa en Islamabad.
Esto es lo que dan de sí 14 días.
Para Estados Unidos, dan margen para reposicionarse, y solo si Washington contempla una campaña terrestre. Más marines en la región, más activos navales en el Golfo, una ventana para que Vance, Witkoff y Kushner negocien en Pakistán. Sin eso, la pausa no es más que un estancamiento disfrazado de diplomacia. Trump tendría que ceder en Ormuz, en la cuestión del enriquecimiento o en las sanciones para salir de Islamabad con una victoria. La distancia entre el plan estadounidense de quince puntos y el iraní de diez sigue siendo la misma que el 27 de febrero.
Para Teherán, en cambio, 14 días son un regalo. La estructura de mando, golpeada por los ataques dirigidos contra su cúpula, gana tiempo para recomponerse. El régimen los aprovecha para identificar y silenciar a los opositores a los que Trump animó a salir a las calles en enero y después, como tantas veces, abandonó. La producción de drones continúa a un ritmo de unos cuatrocientos al día, lo que suma 5.600 nuevas armas durante la pausa. Los lanzamisiles se reposicionan. Las minas navales regresan al Estrecho. Material ruso y chino sigue entrando por los canales abiertos durante la guerra. Y, sobre todo, el sistema internacional empieza ya a tratar el plan de Teherán como la base de cualquier acuerdo duradero. Cada nueva ronda partirá más de la posición de Irán que de la de Washington.
Israel ya había perdido incluso antes de que el acuerdo quedara cerrado. Netanyahu fue informado apenas unos minutos antes que el resto del mundo, excluido de unas negociaciones que definirán la seguridad de su país durante la próxima década. Los misiles iraníes siguieron cayendo sobre Israel tras el anuncio. Altos cargos estadounidenses, incluido el vicepresidente y el director de la CIA, filtran ahora que se opusieron al plan bélico de Netanyahu antes del 28 de febrero. Así es como una Administración empieza a tomar distancia de un aliado convertido en lastre.
Veamos ahora qué creen haber ganado los mercados energéticos. El Brent cayó por debajo de los 95 dólares tras el anuncio. La duración de la tregua es de catorce días, mientras que el ciclo petrolero en el Golfo, en las condiciones actuales, es más largo. Antes de la guerra, un buque necesitaba entre tres y cinco días para entrar, cargar y salir. Hoy, con cientos de barcos en cola, la Guardia Revolucionaria regulando el paso uno a uno y esperas de entre siete y veintiún días en las terminales del Golfo, un ciclo realista se extiende entre dos y cuatro semanas. Un petrolero que entre el segundo día de la tregua seguirá cargando cuando llegue el día catorce. El crudo que permanezca dentro al expirar ese plazo quedará atrapado si las conversaciones fracasan. De ahí que el miércoles solo transitaran cuatro buques, frente a una media superior a 100 antes de la guerra. La caída del Brent responde al sentimiento. El mercado físico cuenta otra historia.
Y puede que ni siquiera lleguen a ser 14 días. El presidente del Parlamento de Irán considera que se han violado ya tres cláusulas del acuerdo. Israel sigue castigando a Hizbulá en el Líbano, en contra de la interpretación que hace Teherán del pacto. La estructura de mando iraní está tan fragmentada que sus unidades avanzadas pueden actuar sin órdenes de sus superiores. Pero, en el fondo, todo se reduce a una prueba decisiva: ¿se atreverá Washington a hacer transitar un buque de guerra por Ormuz sin permiso de la Guardia Revolucionaria? Teherán ha ordenado a su Armada destruir cualquier embarcación que lo intente. Una de las dos partes cederá antes de que se agote el tiempo, y quien lo haga marcará el equilibrio de Oriente Próximo durante la próxima década.
Una tregua rara vez trae la paz. Casi siempre sirve para prepararse. Irán lo está aprovechando. Israel queda al margen. Washington corre contra el reloj hacia las legislativas de noviembre. Teherán ha tardado 40 años en construir la influencia que ha capitalizado en apenas seis semanas, y catorce días de pausa dejan intacta esa ganancia. Solo aplazan el momento de pagar la próxima factura.
Bjorn Beam es analista geopolítico senior en Arcano Research y ex oficial de la CIA.




















