El instructor del 'caso Begoña' arguye ahora que sus escoltas podrían ayudarla a huir de España. Ni el mejor guionista de Mañaneros habría imaginado a un instructor más útil para su máquina del fango

El presidente Pedro Sánchez (arriba), el juez Juan Carlos Peinado (en el centro) y Begoña Gómez, mujer del presidente (abajo).
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1. «Ha llegado el momento de poner pie en pared, amigas»
Ya está: el momento de Begoña Gómez ha llegado. Dos años después, el juez Juan Carlos Peinado envía a juicio a la mujer del presidente del Gobierno por cuatro delitos y dicta contra ella severas medidas cautelares: no puede abandonar España, pierde su pasaporte y deberá presentarse en Plaza de Castilla cada dos semanas. La legislatura, o lo que sea que discurre ante nuestros ojos, entra en una nueva etapa, probablemente la última.
El ambiente lo ha resumido bien un periodista de independencia contrastada como es Antón Losada: «Ha llegado el momento de poner pie en pared, amigas». El tono va a subir aún más, a un lado y al otro. Por eso conviene pasar a limpio tres o cuatro cosas en torno al emponzoñado caso Begoña.
Un caso que, para empezar, es distinto de todos los demás que afectan al presidente. David Sánchez, su hermano, nunca ha despertado pasiones en la galaxia sanchista; es probable que no solo porque el enchufe fuera feo, sino también porque el torturado músico tributaba en Portugal, como los ricos de derechas. Luego están los dos sucesivos secretarios de Organización del PSOE, Ábalos y Cerdán: a ellos Sánchez ha podido tirarlos públicamente a los pies de los caballos con el argumento de que le traicionaron.
Es cierto que el caso Zapatero se parece más al de Begoña: además del faro moral del PSOE, el ex presidente era la mantequilla del Frankenstein al completo. Por eso Sánchez le defenderá aunque un día atraque una joyería acompañado por un grupo de narcos venezolanos.
2. Ingredientes verosímiles del 'caso Begoña'
Sin embargo, Begoña pertenece a otra esfera: si Zapatero sostenía el muro, Begoña sostiene la narrativa del victimismo. Su causa judicial es la que al presidente le proporciona los ingredientes suficientemente verosímiles para presentarse como la víctima de una inverosímil conspiración autoritaria en su contra. Begoña es la gran coartada. Y Peinado, la palanca perfecta. Porque también en esto Sánchez tiene suerte: ni el mejor guionista de Mañaneros habría imaginado a un instructor más útil para su máquina del fango.
A Peinado hay que reconocerle el valor -si no la osadía- de enfrentarse al poder sin vacilar, y eso es encomiable: el presidente del Gobierno llegó a presentar una querella contra él, nada menos. Pero cómo se hacen las cosas importa. Su instrucción ha dado demasiadas vueltas; sus autos incluyen referencias extemporáneas; ¡su redacción es desastrosa! Y ahora resulta que deja a Begoña sin pasaporte porque los escoltas de Presidencia pueden ayudarla a escapar. La decisión puede tener justificación, pero esta justificación es una locura.
Y así se repite la historia: el polémico instructor permite a Sánchez insinuar que todos los jueces que investigan a su entorno son lo que Peinado parece esforzarse en parecer: chapuceros, arbitrarios, politizados. Por eso el caso Begoña es el caso Sánchez: el que le sirvió para montar su sentimental amago de dimisión en abril de 2024, y el que usará ahora para movilizar a su bloque de cara a las elecciones, que convocará justo cuando a él le convenga (como todos).
3. ¿A quién no le reciben los peces gordos del Ibex?
Según nos cuentan, Begoña Gómez es una self made woman de izquierdas a la que el fascismo quería ver barriendo el suelo de la Moncloa y que ahora paga el precio por haberse empoderado. ¡Bien hecho! Lo discutible es que para hacerlo tuviera que aprovechar su posición privilegiada para lanzar su carrera profesional como se lanzan los cohetes. Y en esto Peinado sí afina.
Aún no sabemos si Begoña delinquió; incluso es posible que la Audiencia Provincial considere que no hay indicios suficientes para enviarla a juicio, para hacerlo por los cuatro delitos que le atribuye el juez o para que se enfrente a un jurado popular. Veremos. Lo que sí está muy claro es que la mujer de Sánchez se comportó como alguien que, al tocar poder, se dice: ¿cómo no voy a subirme al trampolín que la vida me ha regalado?
El auto del juez contiene una relación de hechos detallada. Por resumir: en tiempo récord, y tras ser llamado a la Moncloa, el rector de la Universidad Complutense crea una «cátedra extraordinaria» para Begoña, que no es licenciada; la financiación vendrá de grandes empresas vinculadas con el Estado: Reale Seguros y la Fundación La Caixa; a Begoña la reciben peces tan gordos como los presidentes de Indra y Telefónica, que ponen dinero para un software destinado a pymes cuya plataforma ella acaba registrando a su nombre, aunque todo se para cuando la investigación arranca. Por no hablar de las cartas de recomendación para adjudicaciones públicas que firmó en favor de su amigo Barrabés.
Pobre Begoña: ¿cómo no entenderla? Las oportunidades hay que aprovecharlas. Lo mismo debe de pensar Sánchez: Peinado está siendo para el presidente una oportunidad fantástica.
























