"El presidente ha embarcado a todo un poder del Estado en una ficción homérica en la que cada cargo enchufado debe actuar como un héroe en su defensa"

Leire Díez, la conocida como 'fontanera' del PSOE.
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La saga cinematográfica de Bourne repite los guiones entrega a entrega como si fuera una multicopista. Una agencia secreta incrustada en la CIA para ejecutar trabajos turbios persigue al desertor Jason Bourne (Matt Damon) porque tiene depositadas en su atrofiada memoria las misiones criminales que se han realizado bajo el amparo del Gobierno. Cuando le localizan en alguna ciudad del mundo, el jefe de la agencia pronuncia siempre la misma frase: «Llama al activo». El activo es un francotirador de mirada de acero y movimientos de ninja que se desplaza en jet privado con el implacable objetivo de eliminar a Bourne. Finalmente, es éste quien liquida al sicario.
El 24 de abril de 2024, el presidente del Gobierno abandonó el Congreso con mohín desazonado y se dirigió a La Moncloa. Se acababa de enterar de la imputación de su esposa y montó un psicodrama victimista y sentimentaloide tan eficaz que, al parecer, su círculo más íntimo se lo creyó. Por orden suya o en su nombre, su número 2 en el PSOE, Santos Cerdán, se reunió con los ministros y los jefes de gabinete de la Moncloa y, cuando salió, diría algo así como: «Llamad al activo». Y apareció Leire, que llevaba un tiempo en el dique seco tras años mangoneando en empresas de la Sepi. El objetivo a abatir era, entre otros, el teniente coronel Antonio Balas. Como diría Gila, mucha guerra para un adulto.
Leire no llegó en un deportivo ni en un jet con un rifle de mira telescópica al hombro, sino en un autobús Alsa procedente de Bilbao. Cuatro horazas y media. La cutrez de los protagonistas y del dispositivo explica el resultado. La fontanera fue detectada a las primeras de cambio y eliminada. Sus vergüenzas y las de sus jefes están hoy al descubierto de todos excepto de los fanáticos. Pero esto no tiene mucho remedio.
El presidente ha embarcado a todo un poder del Estado en una ficción homérica en la que cada cargo enchufado debe actuar como un héroe en su defensa. La trama de los Leire, Cerdán o Pérez Dolset no es del PSOE, sino del Gobierno. De ninguna otra forma pudieron haber accedido a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, intimísima amiga de Sánchez, o al ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz a través de su mano derecha, Diego Villafañe. A la tenaz fontanera y sus secuaces el acceso a tan sensibles cargos se lo daba la autoridad de quien la enviaba. Y, desde luego, para ninguno era Cerdán.
Según se suceden los días, la realidad sigue dando zarpazos al celuloide y los héroes mudan en monigotes. Sin ir más lejos, Mercedes González negó ayer que se reuniera con Leire Díez, pero que sí se tomó «dos cafés» con ella, a pesar de que se sabía que iba buscándoles las vueltas a los agentes que estaban bajo su mando.
El reverso de esta ópera bufa travestida de novela de caballería es una cloaca infinita en la que los personajes están unidos por la órbita a un único núcleo: la defensa de Pedro Sánchez y de sus intereses. Hoy le toca la vez al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, al que Sánchez sacó del trastero de la historia para encargarle el armazón moral e ideológico del Gobierno de coalición en el poco tiempo que tuviera con sus tejemanejes en Venezuela, China o Marruecos.
Ciertamente, en ese ámbito es más certero que el francotirador de Bourne. Ya ha pasado una semana desde que un dron marroquí asesinó a un líder del Polisario y nadie del Gobierno español ha dicho ni pío. Debe ser por el famoso respeto al multilateralismo y al derecho internacional.






















