Quien fuera el hombre más rico de Rusia sufrió 10 años de prisión. Ahora habla de su visión sobre un país aislado y beligerante con Europa que cada vez se aleja más del ideal democrático que él anhela

Mijaíl Jodorkovski, ayer, en la azotea de la Fundación Rafael del Pino, en Madrid.
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Fue el más importante de los oligarcas de la Rusia postcomunista y la decimosexta persona más rica del mundo mientras estaba al frente de la petrolera Yukos. Pero todo cambió cuando Mijaíl Jodorkovski fundó, en 2001, la Open Russia Foundation, orientada al fortalecimiento de la sociedad civil en Rusia. Sus críticas a la corrupción del régimen de Vladimir Putin le llevaron a la cárcel y a perder una empresa que acabaría siendo empujada a la quiebra por el Estado. Pasó cerca de una década en el temible campo número 13 del penal de Krasnokámensk en la antigua provincia de Chitá, en el sudeste de Siberia. Indultado, emigró a Londres, donde vive y ejerce de fundador del NEST Centre, dedicado al análisis de Rusia y su entorno.
Esta semana, el ex magnate ha pasado por Madrid invitado por la Fundación Rafael del Pino, en cuya sede accedió a charlar sobre la situación actual de su país, las experiencias más duras de su cautiverio y un futuro más allá del putinismo.
- Putin tiene 73 años. ¿Quién cree que le sucederá?
- Es muy difícil saberlo. Imaginemos que le cayera un ladrillo en la cabeza. Esto es como el chiste ruso en el que van dos ladrillos caminando por un tejado. Uno dice: «Oye, ¿tú crees que hoy va a llover?». Y el otro le mira y responde con calma: «Da igual... Lo importante es ser buena persona». Podría decirle varios nombres, como, por ejemplo, Mishustin, pero lo que tengo claro es que sea quien sea, lo que nos demuestra la lógica y la historia de Rusia es que el sustituto de Putin va a ser mucho más débil y vulnerable que él. Es incluso probable que acabe gobernando el país una specie de colectivo, no una persona concreta.
- ¿Será Rusia algún día una democracia consolidada?
- Calculo que necesita 20 años no para la llegada de la democracia, sino para que su población recupere el equilibrio y deje de verse a sí misma rodeada de enemigos. A nivel de democracia, se necesitará más tiempo. Rusia es demasiado grande y tiene muchas comunidades muy diferentes. Podría verse mucha más ansia democrática en las grandes ciudades que en las zonas del interior, donde resulta muy difícil pensar en un sistema a la europea.
- ¿Debe acostumbrarse Europa a una Guerra Fría con Rusia?
- Sí. Europa debe darse cuenta de que lo único que puede salvarla de una guerra caliente es teniendo capacidad para defenderse. Putin se ha acostumbrado a resolver sus problemas políticos internos mediante agresiones externas. Ya lo ha hecho en cuatro ocasiones. Ese es su modus operandi y a su edad no va a cambiar su forma de actuar.
- Históricamente el resultado de las guerras ha marcado la política rusa, desde un cambio de régimen cuando el resultado ha sido catastrófico hasta una consolidación del mismo si ha salido victoriosa. ¿Depende el futuro de Putin de la guerra de Ucrania?
- Por el momento, va ganando la guerra. La historia nos demuestra que si ganas guerras, el dictador se mantiene. Si Putin hubiera pensado que podía perderla, no la hubiera iniciado. Por eso es muy importante que no se sienta capaz de menospreciar a la OTAN y anexionarse, por ejemplo, la ciudad estonia de Narva.
- ¿Prolongar el conflicto ucraniano puede ser una estrategia para crear una economía de guerra que permita a través de la industria militar que Rusia reduzca la distancia tecnológica con Occidente?
- No lo creo, la industria militar rusa se está degradando. Hay retrasos. Este deterioro sólo se compensa con los suministros procedentes de China. El objetivo del Gobierno es mejorar la eficacia del Ejército. No olvidemos que ahora en Europa sólo hay dos ejércitos serios: el ruso y el ucraniano.
- ¿Está el Kremlin preocupado por el desgaste interno que está sufriendo Donald Trump?
- Está claro que la presidencia de Trump le ha venido muy bien.
- ¿Encuentra similitudes entre la Rusia de los oligarcas que usted conoció con la relación de muchos empresarios de Silicon Valley con la Casa Blanca?
- No acabo de entender la influencia de los empresarios tecnológicos en la política estadounidense, pero debo decirle que la percepción que se tiene de los oligarcas rusos ha sido un mito…
- ¿Un mito?
- Un mito que debemos a Borís Berezovsky y que luego se reforzó con el caso de Borís Nemtsov...
- ¿Acaso los empresarios más ricos no eran parte del sistema?
- Los hombres de negocios nunca han jugado un papel significativo en la vida política rusa. Hay un dicho en Rusia que dice que el oro puede comprarlo todo, pero el cuchillo puede cogerlo todo. Las fuerzas de seguridad del Estado siempre han mandado mucho más que los empresarios. Le garantizo que de haber sido al contrario, Rusia no estaría en guerra.

- Como experto en la industria del petróleo, ¿qué impacto espera que tenga en la economía la guerra de Irán? Rusia puede ser la gran beneficiada.
- Rusia exportaba todo lo que podía. Subir la producción de forma muy considerable no lo podría conseguir, porque sólo podría aumentarla en los pozos con acuíferos y eso no supone un incremento demasiado elevado. Habría que abrir nuevos pozos.
- ¿Tiene información nueva sobre el apoyo ruso a los movimientos populistas y separatistas europeos?
- Estoy seguro de que en los próximos años Putin va a llevar a cabo una guerra híbrida contra Europa y su objetivo continúa siendo el de debilitar las instituciones. Piensa que si destruye la unidad europea, Rusia será el poder hegemónico del continente. Le interesa la cizaña y para ello se aprovechará de las grietas que existen. Así sucedió con la quema de coranes en las que se incitó a la ira del mundo musulmán contra Suecia. En España hay grupos independentistas, que considero marginales, que Putin ve como puntos vulnerables del sistema. No estaría de más investigar los movimientos financieros en este ámbito.
- ¿No tiene la impresión de que la censura sobre internet aplicada ahora en Rusia es un síntoma de debilidad del régimen?
- Por supuesto. Este control es un clásico de los regímenes autoritarios. Putin es un político experimentado y, desde mi punto de vista, utiliza siempre un criterio basado en represalias limitadas. Las que sean necesarias para conservar el poder. El problema es que a medida que envejece y que el régimen se debilita, necesita que éstas sean cada vez más contundentes. En ese sentido, el FSB no ha evolucionado mucho en relación a la libertad de expresión, actúa igual que la KGB en la era soviética.
- ¿De qué habló en su última conversación con Putin?
- De una posible fusión de Yukos con Sibneft, la empresa de Román Abramóvich [esta compañía petrolera fue vendida finalmente a Gazprom, en el año 2005].
- Entonces usted era el hombre más rico del país. ¿Cuál fue el error estratégico que considera capital para su caída a ojos del Kremlin?
- Era un hombre de negocios, no un político. A finales de los 90, después de la crisis que sufrimos, empecé a mostrar más interés por los asuntos públicos, en cómo se estaba construyendo el sistema. Me involucré demasiado y quise cambiar las cosas sin darme cuenta de que Putin ya había decidido que la corrupción sistémica sería el pilar del régimen. De haberlo sabido, mi carrera empresarial quizás hubiera durado más. Es como la historia de la rana: si esta cae sobre una cazuela con agua hirviendo, salta; pero si cae en agua templada se acaba cociendo hasta morir sin ser consciente de ello. Lo que no sé es que habría sucedido si hubiera caído yo en la cazuela con agua templada... Tal vez hoy estaría al otro lado de la barrera. ¿Hubiera sido mejor o peor para mí? Pienso que peor. Mi familia ahora me apoya, algo que no habría pasado de haber estado al otro lado.
- ¿Tiene miedo de ser asesinado?
- Para mi alegría, el Estado no ha intentado matarme. De haberlo dispuesto así, la probabilidad de supervivencia sería del 10%. En la cárcel sí fui agredido con un cuchillo, pero no fue un encargo del Estado, fue por otro motivo. Es cierto que hay gente que era cercana al régimen que sí me amenazó. Yevgueni Prigozhin, jefe de Wagner, puso precio a mi cabeza y Ramzán Kadírov, el líder de Chechenia, me calificó de «enemigo del Islam» por haber defendido a la revista Charlie Hebdo y pidió permiso a Putin para cortarme la cabeza.
- ¿Cuál es el recuerdo que más le atormenta de su paso por la cárcel?
- No fue una experiencia agradable, pero una de las cosas que más me impresionó fue conocer a algunas personas fantásticas, que no venían de mi ambiente, sino de la Rusia rural. A algunos de ellos les debo la vida. En cuanto a experiencias negativas, recuerdo con pavor los traslados al juzgado, que podían durar muchas horas. Me metían en una caja de metal que era una especie de ataúd que me impedía moverme. En verano, la temperatura alcanzaba los 50 grados, y cuando te desmayabas era tan extraño que no te podías caer al suelo. Los vigilantes tenían prohibido sacarme de ese cubículo. Perdía el conocimiento una y otra vez



























