






















A mediados de mayo, los días ya son casi indistinguibles de las noches en Tromsø, la ciudad del norte de Noruega conocida como la puerta de entrada al Ártico. Durante la madrugada, hay apenas tres horas en las que el cielo se oscurece ligeramente, sin llegar a anochecer del todo. Ya no es posible disfrutar de las auroras boreales que cada invierno atraen a cientos de miles de turistas a Tromsø, considerado uno de los mejores lugares del mundo para divisarlas, pero toma el relevo el no menos famoso sol de medianoche, ese fenómeno que hace que la luz permanezca todo el día.
Ha llegado la primavera a esta remota región de Europa, y tanto los animales como los paisajes están saliendo del letargo invernal en los alrededores de la ciudad. Hay que ir con cuidado porque los lagos que quedaron helados están semicongelados; la nieve de las montañas también está derritiéndose, y eso se percibe en las cascadas, que cada semana bajan con más agua.
Pero las cosas no transcurren como antes. La primavera se ha vuelto a adelantar en 2026. Y es un aspecto que preocupa a los científicos del clima, a los oceanógrafos y a los biólogos. "Este año llevamos cuatro o cinco semanas de adelanto en lo que se consideraría una primavera normal: los ríos se abren antes, ya no se pueden conducir motos de nieve porque no hay suficiente nieve, aumenta el riesgo de dañar la tundra... Todo se ha adelantado muchísimo. Hace cada vez más calor y cada año llega antes", resume Kit Kovacs, científica del Instituto Polar Noruego, durante una entrevista en Tromsø. Aquí se encuentra actualmente la sede principal de este organismo fundado en 1928 para asesorar científicamente al Gobierno noruego en sus decisiones y políticas públicas.
Esta bióloga especializada en mamíferos marinos dirige el programa de Svalbard, es decir, coordina toda la ciencia que realizan en el archipiélago noruego en el que viven osos polares, zorros y otras especies icónicas para las que el hielo es imprescindible.
Se unió al Instituto Polar Noruego en 1999, pero antes estuvo viviendo tres años en Svalbard, por lo que ha sido testigo directo de los cambios experimentados en los últimos 30 años. "Cuando mi marido y yo vivíamos allí, entre 1996 y 1999, todavía había hielo marino cada año sobre el que se podía viajar durante mayo e incluso junio. Solíamos conducir sobre el hielo marino hasta Barentsburg, en Isfjorden [el fiordo más grande de la isla de Spitsbergen]. Ahora ese fiordo ni siquiera se congela en invierno, y los glaciares son cada vez más peligrosos porque las grietas se abren y no hay suficiente nieve. Se ha convertido en un lugar totalmente distinto. Me siento un poco como un dinosaurio hablando con mis estudiantes de esa época, creo que les cuesta entender lo rápido que ha cambiado", señala.
El año pasado la primavera también llegó antes: "Ha sido un cambio progresivo, aunque hay variaciones. Aquí en Tromsø es muy difícil decir qué tiempo hará dentro de 10 minutos", bromea. Pero cuenta esta anécdota: "Hace 20 años planté en mi jardín un ciruelo, y todo el mundo se reía de mí, pero yo me dije, si seguimos con este calentamiento, quizá dentro de 20 años tengamos ciruelas. Pues bien, el año pasado dio frutos por primera vez, tuvimos 60 ciruelas grandes. Estaban buenísimas, pero es deprimente que podamos cultivarlas a esta latitud".
Coincide su colega Arild Sundfjord, investigador senior y director del programa de Océano Ártico: "Hemos perdido más de un mes de invierno, y no sólo este año. La nieve llega más tarde en otoño y la primavera empieza antes, así que el invierno se está encogiendo por ambos extremos. Hay menos días con nieve en el suelo".

La bióloga Kit Kovacs, responsable del programa en Svalbard, en un helicóptero.TRINE LISE SVIGGUM HELGERUD / INSTITUTO POLAR NORUEGO
El Ártico se ha convertido en un punto caliente o hot spot del cambio climático, pues es la zona del planeta en la que más está subiendo la temperatura: "En promedio, todo el Ártico circumpolar se está calentando dos veces más rápido que la media global. Pero nuestra región ártica en particular se está calentando cinco veces más rápido, según las estimaciones más recientes: el Mar de Barents y Svalbard son un punto caliente dentro del contexto ártico. Es aterrador", advierte Kovacs.
La base de datos del Instituto Polar Noruego es una de las más completas y antiguas para documentar lo que está ocurriendo en esta región. Arild Sundfjord nos muestra un mapa que tiene en su despacho para señalar las zonas más afectadas: "El gran cambio empezó alrededor de 2012", señala.
Además de proporcionar asesoramiento al Gobierno noruego, este centro aporta datos y conocimiento a organismos internacionales como el Consejo Ártico o el IPCC (el grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). Tanto por el enfoque de sus investigaciones como por la calidad y variedad de sus instrumentos se ha convertido en una de las instituciones más destacadas de la ciencia polar en el mundo. Podríamos llamarlo el centro de control que vigila el Ártico.
"El hielo marino es, obviamente, uno de los cambios más visibles que hemos observado en las últimas décadas. En unos 30 años, el grosor del hielo marino se ha reducido entre un 30% y un 40% en el océano Ártico central, y la extensión del hielo se ha reducido en una cantidad similar. Así que el volumen de hielo marino en el Ártico se ha reducido aproximadamente un 50%", advierte Sundfjord. "Es un cambio muy dramático y profundo, y tiene efectos sobre todos los ecosistemas. El mar de Barents, por ejemplo, solía estar cubierto de hielo casi todo el año, o al menos 10 meses. Ahora es menos de la mitad del año", advierte.

Arild Sundfjord, en una imagen de archivo con el buque Kronprins Haakon al fondo.ANN KRISTIN BALTO / INSTITUTO POLAR NORUEGO
Este instituto dirigido por la científica Camilla Brekke cuenta con instalaciones en varios emplazamientos pero, como explica Kit Kovacs, la sede de Tromsø es la principal. Se trata de un moderno edificio denominado Centro Fram que comparten con otros organismos científicos del país, y que está emplazado frente al fiordo que enmarca la ciudad, con las montañas aún cubiertas de nieve.
Aquí se analizan las muestras y datos recopilados por los instrumentos científicos y en las expediciones sobre el terreno. El Centro Fram custodia, asimismo, un archivo de muestras geológicas del Ártico y la Antártida y una biblioteca con más de 15.000 volúmenes y diversa documentación sobre las regiones polares.
"Contamos también con dos estaciones en el archipiélago de Svalbard: en Longyearbyen tenemos una base logística que alberga a investigadores y gran parte del equipamiento que usamos allí para no tener que transportarlo continuamente desde el continente, pues intentamos reducir nuestra huella de carbono tanto como sea posible. Y luego tenemos otra estación, Sverdrup, en la Base de Investigación de Ny-Ålesund, que es un conglomerado internacional. Además, nuestro instituto tiene instalaciones en Troll, en la Antártida", resume Kovacs.
La joya de la corona es el Kronprins Haakon, el moderno buque de investigación que les permite surcar en cualquier época del año los océanos helados. Es uno de los mejores rompehielos de Noruega y está amarrado en Tromsø durante nuestra visita. Pertenece a este instituto, pero lo comparten con otros centros de investigación así que existe un comité nacional que organiza quién lo usa, cuándo y dónde: "El barco que teníamos antes no podía romper hielo grueso ni estaba preparado para expediciones invernales pero con el Kronprins Haakon podemos entrar en el océano Ártico central. Intentamos trabajar de forma holística: océano, hielo marino, contenido de calor... pero también luz, interacción entre compuestos geoquímicos y organismos vivos, ciclo del carbono.... Estudiamos el ecosistema completo", detalla Sundfjord.
El buque cuenta con laboratorios con diferentes funciones y salas de congelación para trabajar con hielo marino. "Algunas observaciones se realizan mediante sensores automáticos. Otras implican tomar muestras de agua, peces u organismos vivos o muertos. Cuando instalamos observatorios autónomos en el océano, solo cubren un tiempo limitado o una zona limitada. Para comprender áreas más grandes y periodos más largos utilizamos teledetección y modelización", precisa este investigador, que ha pasado largas temporadas en el barco.

Despliegue de plataformas de instrumentación en las cuencas de Amundsen y Nansen, desde el buque Kronprins Haakon, en 2022.TRINE LISE SVIGGUM HELGERUD / INSTITUTO POLAR NORUEGO
La duración de las expediciones de los científicos varía, aunque lo habitual es que pasen entre tres y cuatro meses sobre el terreno, tal y como señala Kovacs: "A veces hacemos viajes rápidos de una o dos semanas, pero lo más frecuente es que duren uno o dos meses. Históricamente ha sido un instituto muy orientado al trabajo de campo pues hacemos muchas mediciones originales directamente sobre el terreno. Por supuesto, también usamos satélites y todas las nuevas tecnologías posibles para evitar tener que visitar cada lugar individualmente".
No obstante, monitorizar las regiones polares requiere mucho tiempo de oficina, como destaca Sundfjord: "Planificar una expedición y luego analizar los resultados lleva muchísimo tiempo. Y quizá la parte más importante del trabajo sea precisamente analizar los datos, ponerlos a disposición del público y sacar conclusiones", apunta.
El frío extremo y la oscuridad que reina entre noviembre y febrero en Svalbard no es un obstáculo para hacer trabajo de campo aunque el periodo de máxima actividad para estos científicos árticos empieza en marzo y termina en noviembre: "El periodo oscuro o noche polar complica muchas de nuestras actividades, aunque el barco sí opera en esos meses y tenemos muchas estaciones de monitoreo que funcionan todo el año", relata Kovacs. "Para poder trabajar durante el periodo de oscuridad en Svalbard necesitas apoyo logístico y medidas de seguridad especiales. Hay osos polares, así que siempre tienes que ser muy consciente de que el superdepredador no eres tú, sino ellos", señala.
Según la misión, cambia la logística: "A veces dormimos en pequeñas cabañas instaladas sobre el terreno, a veces en veleros y en ocasiones dormimos en el barco. Otras veces puedes alojarte en Longyearbyen. Depende del tipo de trabajo que estés haciendo".
En lo que respecta al clima, la científica considera que en Svalbard el mayor reto no es tanto la temperatura como el viento. "Tener diez grados bajo cero no es inusual en primavera, y es una temperatura bastante tolerable siempre que haya poco viento. Pero realmente no me gusta que los investigadores polares se quejen del clima", dice riendo. "Si no puedes soportar el frío, no deberías dedicarte a esto. A mí tampoco es que me encante aunque estoy cómoda en un rango térmico muy amplio", señala.
Las consecuencias de la pérdida de hielo que sufre la región son muy variadas. "El impacto en los animales es enorme. Estamos observando cambios en la fenología [cómo los ciclos biológicos responden a las variaciones estacionales] y también aumenta el riesgo de que contraigan diversas enfermedades porque hace más calor, y el frío es un gran combatiente natural. A muchos virus, bacterias y ectoparásitos [organismos que viven en el exterior de otro organismo] no les gusta el frío", asegura esta bióloga.
El aumento de las temperaturas está haciendo a los animales árticos vulnerables a problemas ante los que gozaban de una protección natural: "Por ejemplo, nuestra investigadora de zorros, Eva Fuglei, acaba de medir en Svalbard cuántos zorros cazados este año tenían piojos. El 60% los tenía, y hace 20 años ni siquiera hablábamos de los piojos", afirma. "La consecuencia es que pierden el pelo, y no es saludable para los zorros tener que comer mucho más alimento para mantener su equilibrio térmico", señala.

Un investigador coloca a un zorro ártico un collar de seguimiento para rastrear su migración desde Svalbard a Canadá. El ejemplar batió el récord conocido de distancia recorrida en el menor tiempo.Elise StrømsengINST. POLAR NORUEGO
También están viendo descensos en especies asociadas al hielo: "Animales como las focas anilladas, que viven estrechamente ligadas al hielo y se reproducen sobre él, han disminuido un 57 % en sólo dos décadas. Es un porcentaje enorme", alerta esta bióloga, que menciona otros problemas de salud en la fauna ártica como los brotes de gripe aviar y su transmisión a mamíferos. "Están cambiando muchísimas cosas", resume.
¿Y los osos polares? "Las condiciones climáticas están cambiando drásticamente, pero ellos están cambiando con ellas, y por ahora, les está yendo bien", expone. "Nuestra población de osos polares es un poco particular. En 1973, cuando fueron protegidos, su población era diminuta comparada con lo que tendría que haber sido, y fue mejorando. Ahora no tenemos una estimación completa muy reciente, pues el último estudio es de hace una década, y en aquel momento, comparado con el recuento anterior, a principios de los 2000, la población estaba estable o incluso aumentaba ligeramente".
"Si todo lo demás permaneciera igual, cabría esperar que nuestra población de osos creciera exponencialmente. Pero esto se verá frenado por el cambio climático, porque están disminuyendo las focas, que son su principal alimento. Ahora mismo ocurre algo curioso: el hábitat de las focas está reduciéndose tan rápido que las que quedan, aunque sean la mitad, se concentran en primavera en áreas muy pequeñas de hielo. Gracias a esa concentración en áreas pequeñas, los osos polares están relativamente bien", afirma.
Además, han observado que están empezando a cazar muchos más renos. "También atacan colonias de aves que anidan en el suelo y en acantilados. La condición física de nuestros osos polares -los gordos y saludables que están- ha mejorado bastante en la última década". Desafortunadamente, asegura, "esto va a cambiar. Es un respiro temporal derivado de los cambios en las poblaciones de las que dependen para alimentarse. Son depredadores inteligentes y muy adaptables. Aprenden. Ajustan su comportamiento. Pero hay límites. No podrán mantenerse sin focas, y las focas tienen muchos problemas", asegura.
Tal y como explica la científica, hay alrededor de 300 osos polares que viven a tiempo completo en el archipiélago de Svalbard, y que forman parte de una población más grande que llega hasta [el archipiélago de] la Tierra de Francisco José, en Rusia: "Desconocemos el total de osos que hay en la región, porque no se ha estudiado desde principios de los años 2000. Y no es porque no queramos", afirma.

Toma de muestras de un oso polar adormecido en Svalbard.JON AARS / INSTITUTO POLAR NORUEGO
"En 2015, cuando hicimos el estudio en aguas noruegas, las autoridades rusas no nos permitieron entrar en el sector ruso. Y ahora, por supuesto, esa relación ha empeorado mucho más a raíz de la guerra en Ucrania. Así que no sabemos qué está ocurriendo con la mayor parte de la población en las zonas de hielo permanente y en Tierra de Francisco José. Antes era una gran población conjunta con la nuestra. Pero ahora sabemos que hay menos contacto", señala.
La ruptura de las relaciones con los rusos ha complicado el trabajo en esta zona: "Compartimos frontera y tenemos amigos a ambos lados. Tenemos colegas con los que hemos trabajado durante muchas décadas pero no trabajamos profesionalmente con ellos, salvo en algunas circunstancias concretas. Dentro del Consejo Ártico sí seguimos hablando con colegas rusos aunque se ha reducido mucho", afirma. "Es muy triste estar en la situación actual pero respaldo plenamente al Gobierno noruego en su decisión de no actuar como si todo fuera normal, como si fuera aceptable que Rusia ocupe Ucrania", sostiene.
¿Llegarán a desaparecer los osos polares? "Hay nuevos estudios de modelización que sugieren que algunas poblaciones desaparecerán por completo en las próximas décadas, pero las proyecciones a largo plazo son mucho más inciertas. Depende de cuánto tiempo siga habiendo hielo marino en las áreas de refugio. Se está intentando proteger una zona en el norte de Canadá y el noroeste de Groenlandia porque allí el hielo permanecerá más tiempo que en otras zonas del Ártico. Se llama "la última área de hielo". Si el hielo permanece allí y su alimento también, seguirán existiendo algunos osos polares. Pero, en general, el cambio climático es extremadamente negativo para ellos".
Desde su punto de vista, la hibridación con otras especies de osos no es lo deseable: "Si crees en la preservación de especies puras, los híbridos son animales extraños. Son distintos. Espero que mantengamos líneas puras de osos polares, ya veremos", apunta Kovacs.
Los osos polares también les permiten estudiar un problema en aumento: la acumulación de contaminantes, que llegan a todos los ecosistemas. De hecho, aunque podamos pensar en Svalbard como una región casi prístina, hay una gran acumulación de plásticos y otros tóxicos: "Los contaminantes viajan largas distancias, ya sea a través del agua o del aire. En las zonas frías, tienden a precipitar y salir de la atmósfera. Así que Svalbard está en una posición particular donde recibe muchos contaminantes transportados desde zonas lejanas. Y los osos polares son nuestros grandes depredadores. Comen animales que ya han acumulado contaminación a lo largo de la cadena alimentaria. Por eso, los niveles de contaminantes son moderadamente altos en los osos polares de Svalbard. Y son extremadamente altos en las belugas de Svalbard, porque viven mucho tiempo y porque todos los cetáceos dentados tienen muchos problemas para descomponer contaminantes".
Heli Routti es la toxicóloga del instituto que junto con Jon Aars y Magnus Andersen, científicos especializados en osos polares, llevan a cabo cada primavera un programa de monitoreo de estos animales: "Les adormecen para tomar pequeñas muestras de grasa de su trasero. También muestras de sangre pero en la mayoría de los casos para toxicología lo mejor es analizar lípidos, es decir, grasa", relata.
Además de obtener información sobre los tóxicos que hay en el entorno polar y el estado de salud de los osos, esos análisis les permiten averiguar qué comen y por tanto si ha habido cambios en su dieta: "Disponemos también de mediciones directas a partir de las heces de oso polar, que son otra forma de ver qué están comiendo",
¿Por qué se están produciendo todos estos cambios? "Una cuestión fundamental es el nivel del mar. Hay una enorme cantidad de hielo terrestre en el Ártico: glaciares en Svalbard y, sobre todo, en Groenlandia. Y hemos visto una aceleración muy fuerte del deshielo de glaciares en las últimas décadas", explica Arild Sundfjord.
"Es una combinación de una atmósfera más cálida, que derrite el glaciar desde arriba, y de un océano más cálido, que derrite los frentes glaciares desde abajo, ya que muchos glaciares llegan directamente al mar. Esto contribuye significativamente al aumento del nivel del mar, algo que afecta a todas las comunidades costeras del planeta, sin importar dónde estén. Y la segunda cuestión son los patrones meteorológicos. Existe una batalla constante entre el aire cálido del sur y el aire frío del norte. Entre ambos se forma un frente, y esa zona frontal genera tormentas. La posición y la intensidad de ese frente determinan cómo se forman las tormentas y hacia dónde se desplazan. Así que esto modifica los patrones climáticos mucho más allá del propio Ártico".
Hay menos nieve y más lluvia, y este patrón también tiene consecuencias. "Los animales que viven Svalbard son los que están teniendo problemas con esto, sobre todo los renos, pues para ellos es fácil excavar a través de la nieve y llegar al alimento que hay debajo durante el invierno, pero cuando llueve y luego vuelve el frío, se forma una capa de hielo que es muy difícil de penetrar", explica el científico.
¿Hasta qué punto se puede revertir la tendencia de deshielo actual recortando las emisiones de gases de efecto invernadero? "Aunque redujéramos las emisiones un 100 %, algo imposible hoy en día, eso no tendría un efecto inmediato que detuviera las tendencias actuales. Pero las proyecciones de los modelos climáticos son muy claras. Si reducimos las emisiones ahora, el futuro dentro de unas décadas será muy distinto. Si no hacemos nada, será muchísimo peor que si actuamos de manera significativa hoy", defiende Sundfjord.
"El deshielo marino y el derretimiento de los glaciares afectan directamente al nivel del mar. Ya estamos viendo países con islas bajas que se están inundando, y estamos viendo muchos fenómenos meteorológicos extremos", sostiene por su parte Kovacs. Nuestro planeta está cambiando y nos está diciendo que ya es suficiente. Deberíamos estar haciendo muchísimo más".
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