


























Antes y despu�s de su desaparici�n, el aspecto bonach�n de este p�jaro le ha reportado toda clase de burlas, desprecios e incomprensi�n. Mucho antes de que aniquilasen la especie, los marinos portugueses y holandeses la tomaron con aquel p�jaro extravagante que encontraron en Mauricio en el siglo XVI. Grandull�n, de torpes andares, era incapaz de volar y consideraron est�pido su comportamiento, al no escapar cuando se le persegu�a. La persecuci�n humana y el acoso de los animales dom�sticos importados en esta isla perdida en mitad del oc�ano �ndico, como cerdos, gatos y ratas, acabaron por extinguir a la magn�fica ave en la segunda mitad del XVII.
Tres siglos despu�s de su desaparici�n, la empresa de biotecnolog�a estadounidense Colossal Biosciences ha cambiado los garrotes y piedras que acabaron con el dodo, por microscopios, tubos de ensayo, matraces y novedosas t�cnicas gen�ticas. Buscan reparar su p�rdida y desextinguir la especie. O, al menos, crear una criatura que se le parezca lo m�s posible mediante complejas t�cnicas de ingenier�a gen�tica que ya est� dando los primeros resultados.
La primera referencia del dodo (Raphus cucullatus) se remonta a 1598. El origen del nombre com�n con el que fue bautizado prueba hasta qu� punto se le ridiculariz�. Seg�n algunos procede del vocablo luso doudo, que significa loco, en alusi�n a su aspecto desali�ado. Para otros deriva del neerland�s doodars, es decir, culo gordo. El ave no despert� mayor atenci�n que su captura a garrotazos para com�rselo y llevar algunos ejemplares a los museos y gabinetes de curiosidades, o cuartos de maravillas, que proliferaron en la aristocracia europea entre los siglos XVI y XVIII. El �ltimo avistamiento de un ejemplar vivo fue en 1662, aunque posiblemente algunos ejemplares sobrevivieron en �reas apartadas un tiempo.
Cuando fue descubierto, al dodo se le consider� un ganso ex�tico. Tambi�n fue emparentado con los avestruces, confundido con un buitre, un albatros y una lim�cola, y en Europa hasta que no llegaron los primeros ejemplares se dud� de su existencia, consider�ndolo un ser legendario. No fue hasta que en 1842 el bi�logo dan�s Johannes Theodor Reinhardt, a partir de unos restos conservados en el Museo de Historia Natural de Copenhague, encuadr� al ave dentro de las col�mbidas. Determin� que el dodo era primo de t�rtolas y palomas; la paloma m�s grande de la historia, con una talla cercana al metro de altura y un peso en torno a 20 kilos.
Lo poco que sabemos del dodo procede de los relatos e ilustraciones del XVII. M�s o menos fieles a la realidad, copiados unos de otros, como hoy representamos al ave no se corresponde a como fue en realidad. Menos a�n se conoce su ecolog�a. Su comportamiento tranquilo era debido a la ausencia de predadores en la isla, lo que posiblemente influy� en la p�rdida de su capacidad de vuelo y que las hembras solo pusieran un huevo al a�o. Se considera que desarroll� un pico poderoso para cascar semillas, abrir cocos, romper los caparazones de cangrejos, escarbar en el suelo rocoso y obtener las ra�ces y bulbos que constitu�an su alimento, as� como para fragmentar las rocas que tragaba para facilitar su digesti�n.
La indiferencia con que fue tratado en vida el dodo, una vez que se extingui� mut� primero a curiosidad, luego a franca admiraci�n. Los primeros renglones de esta nueva manera de mirar al ave los escribi� Lewis Carroll en 1865. En cierta medida, el escritor brit�nico resucit� y populariz� para siempre al dodo, cuando en Alicia en el Pa�s de las Maravillas incluy� entre los personajes a un dodo tartamudo y atolondrado.
Para saber m�s
Un siglo despu�s, la Warner Bros crea la animaci�n Porky in Wackyland, en la que el cerdito protagonista captura al �ltimo dodo, en un curioso remedo de lo que pas� en la realidad. En 1951, Walt Disney retoma el relato de Carroll, otorgando al ave el mismo aspecto simp�tico y a la vez rid�culo.
Alejados de tales divertimentos y apoyados en los datos de la Uni�n Internacional para la Conservaci�n de la Naturaleza, UICN, que se�alan que el 38% o de las especies est�n al borde de la extinci�n, los de Colossal Biosciences aseguran que su inter�s final es revertir esta tendencia, con la reconstrucci�n de organismos gen�ticamente similares a los desaparecidos: "Buscamos fusionar la biodiversidad del pasado con las innovaciones actuales para crear un futuro m�s sostenible".
En el proceso de desextinci�n del dodo, los genetistas emplean las mismas t�cnicas I+D que les han permitido reconstruir al lobo terrible, c�nido que pobl� el continente americano hace 10.000 a�os. En abril de 2025 se proclam� el nacimiento de los cachorros R�mulo, Remo y Khaleesi, suceso que mereci� la portada del Times y ha sido calificado como "una haza�a monumental de la ingenier�a gen�mica".
Adem�s del lobo terrible y el dodo, los laboratorios de Colossal se aplican en la reconstrucci�n de un pu�ado de otras especies extintas: el mamut lanudo, desaparecido hace 4.000 a�os, el tilacino o tigre de Tasmania, extinguido a principios del siglo XX por la caza, y la moa, gigantesca ave no voladora de tres metros de altura que vivi� en Nueva Zelanda, tambi�n desaparecida hace 500 a�os por la presi�n humana.
En el caso del dodo, el primer paso fue secuenciar y ensamblar el ADN del dodo. Se logr� a partir de muestras obtenidas de un cr�neo conservado en el Museo de Historia Natural de Dinamarca. A continuaci�n se busc� entre las aves vivas la de mayor proximidad gen�tica con el p�jaro extinto. Las pesquisas determinaron que la paloma de Nicobar (Caloenas nicobarica), ave arbor�cola que habita en algunas islas del archipi�lago Andam�n, cercano a India, es su pariente vivo gen�ticamente m�s cercano.
Colossal Biosciences ha logrado tambi�n editar c�lulas germinales primordiales de la paloma de Nicobar. Estas c�lulas constituyen el material gen�tico precursor de �vulos y espermatozoides. Ha sido posible a partir de una colonia de estas palomas criadas en Texas, en las que se han inducido sucesivos cambios en el ADN, para aproximarlo lo m�s posible al obtenido del dodo de Dinamarca.
Al tiempo, se han modificado gen�ticamente pollos de gallina dom�stica, para que no produzcan sus propias c�lulas germinales. El siguiente paso es inyectar c�lulas madre de paloma en estas gallinas, que actuar�n como hembras sustitutas de dodo. Cuando sus pollos eclosionen, sus �vulos y espermatozoides tendr�n un genoma similar al del dodo.
Tras reconocer la dificultad de aplicar estas t�cnicas en aves, Beth Safiro, cient�fica jefa de Colossal, se muestra satisfecha y segura del resultado final: "Es un avance muy emocionante. Ser� un proceso lento, cuidadoso y preciso, no vamos a arrojar un d�a miles de dodos en Mauricio".
Ben Lamm, director ejecutivo de la empresa gen�tica ha se�alado que creen que faltan "entre cinco y siete a�os para que regrese el dodo".
Algunos cient�ficos cuestionan la recreaci�n de especies editadas gen�ticamente. Consideran en primer lugar que no son exactamente iguales a las extintas, sino m�s o menos parecidas. De igual modo, se�alan que los ecosistemas en los que aquellas vivieron han desaparecido, o se han transformado profundamente por la presi�n humana y los cambios del clima. Es posible que su aspecto se parezca al original, se�alan, pero no se puede saber c�mo se van a enfrentar sus genes a un ecosistema que les es extra�o. Dudan si el destino de estos seres h�bridos es acabar en zool�gicos.
S�mbolo sobresaliente de la fragilidad de la biodiversidad, el dodo goza de id�ntico ascendente en nuestra sociedad que el panda gigante, aunque de significado completamente opuesto. Mientras el oso asi�tico representa la esperanza y, de momento, el �xito en la conservaci�n de una especie que estuvo a las puertas de la extinci�n, el ave mascare�a es la imagen de lo contrario: la desaparici�n insensata de un ser �nico por nuestra culpa. El dodo posee el triste r�cord de ser la especie animal que menos tiempo ha tardado en extinguirse desde que fue descubierta por el hombre: 100 a�os.
Hoy se sabe que, por encima de los atractivos tur�sticos de la paradisiaca Mauricio, el mayor tesoro de la isla son las 600 especies que solo viven en ella, igual que hace tres siglos la habitaba el dodo. Con mayor o menor inter�s y fortuna, se intenta evitar que tengan la misma suerte de esta criatura, imagen de los agujeros negros que el ser humano abre en la biodiversidad.
Tarde o temprano, los de Colossal Biosciences, o los de otra empresa similar, lograr�n la desextinci�n de la legendaria ave. Mientras llega, los �nicos dodos que hoy tenemos sobre la faz de la tierra son los c�micos y entra�ables p�jaros dibujados en las etiquetas de la cerveza m�s popular de la cercana isla Reuni�n. Brindemos con ella, al menos, para que ninguna otra especie siga su triste senda.
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