Esto va más allá de un triste proceso judicial. Estamos hablando de proteger la alianza de las civilizaciones

Rodríguez Zapatero, a su llegada a la Audiencia Nacional.
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Querido Luis. Ya imaginarás el tormento por el que yo, como en su día Mandela, estoy pasando. Para los que hemos hecho de la honradez una divisa y de la decencia una seña de identidad, no es fácil vivir con la sospecha de que algunos españoles se hayan puesto a dudar de mi inocencia. Por eso he difundido el comunicado en el que exijo a mis feligreses que no pierdan la fe en estos tiempos de tribulación. Yo no he dejado de creer en ellos: que crean ellos en mí. No olvides que la falta de fe en los liderazgos espirituales autoproclamados es propia de fascistas. No sé todavía si el juez Calama pertenece o no al infame bando de los que fusilaron a mi abuelo: te lo diré en función de la sentencia que me ponga. Pero ese tipo acaba de decir que mi declaración "no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad". ¿Y qué es la racionalidad al lado de la bondad? Me declaran culpable mis enemigos de derechas, cuando yo soy el de los derechos.
Esto va más allá de un triste proceso judicial. Estamos hablando de proteger la alianza de las civilizaciones. De volver a supervisar nubes y dejar de contar joyas. De jurar que la tierra es del viento y los collares eran de mi suegra. Mi deber como faro moral es confortar a los que vacilan en este credo, el único que puede salvarnos de la ofensiva reaccionaria que Trump ha lanzado contra mí. Por eso me he animado a escribirte. Porque me han dicho que tú también has dudado. Ya sé que te dije que el vistoso contenido de mi caja fuerte valía 30.000 euros, pero ¿cómo iba a esperar que te tomarías esa estimación al pie de la letra? Eso solo lo hacen los patriotas de hojalata, y yo prefiero el oro. Para los que militamos en el lado correcto de la historia, ubicado concretamente en todas las dictaduras del Sur Global, las cantidades son irrelevantes al lado de los valores. La rumbosidad china o marroquí es siempre bienvenida, y no negaré el gusto con el que Sonsoles ha decorado nuestro nidito de Lanzarote, pero mi verdadera riqueza es la paz. Y ya sabes que mis ansias de paz son infinitas.
Concluiré parafraseando a Borges, al que tan cercano siento en estos momentos de ceguera colectiva. Yo que tantos hombres he sido nunca fui el presidente que recibió 12 rubíes, 29 zafiros tailandeses y un par de esmeraldas de Zambia entre otras bagatelas para una masacre, como diría Céline. Yo soy tu amigo. Y el de Pedro. Dile que lo recuerde. No vaya a ser que al final nos hagamos daño. Con el mejor talante, el Presidente.
























