

























El espacio es el nuevo horizonte por conquistar; la economía de los 1,5 billones de euros dentro de una década, según cálculos iniciales, porque el mercado espacial (obligada referencia) puede llegar hasta el infinito y más allá. El apetito inversor por compañías líderes en este universo se hizo sentir el viernes en el debut en Wall Street de SpaceX, fundada por Elon Musk y valorada en 1,75 billones de dólares, según el folleto de su salida. No solo logró captar 75.000 millones entre nuevos inversores, sino que el día de su estreno las acciones subieron un 19% y en el postmercado las ganancias continúaban en la madrugada del sábado con otro 4% de subida.
Invertir en el espacio es mucho más que mirar con preocupación el despegue de un cohete desde la Estación Espacial Internacional. Cuando Elon Musk habla de conquistar Marte hay algo (o mucho) de verdad en ello. Se trata de instalar los centros de datos del futuro en el espacio, donde enfriarlos o la propiedad del terreno dejaría de ser un dilema; de dar cobertura a Internet a miles de millones de ciudadanos a través de satélites; de defender el territorio de países; de vigilar el cambio climático; de interconectar canales de televisión para comprar un sinfín de ligas y partidos de fútbol, de fabricar vehículos con gravedad cero de forma más eficiente, o de crear alimentos para un mundo donde el acceso a recursos básicos ya es un reto.
Se estima que la economía espacial alcance los 1,8 billones de dólares para 2035, multiplicando por tres veces su tamaño de 2023 y con un crecimiento anual del 9%. Esto es más que toda la economía española. Más allá de las cifras, lo relevante es que "el espacio" se va a convertir más en "una cuestión de conectar personas y bienes" con cinco industrias destacadas, que concentran el 60% de esa futurible economía espacial dentro de una década: transporte y cadena de suministros, alimentación y bebidas, defensa financiada por los estados, bienes de consumo y lifestyle y comunicaciones digitales.

Lanzar cohetes al espacio es cada vez más habitual...y también más barato. Sucede lo mismo con el oro de este siglo, los datos, "cuyo coste caerá un 10% hasta 2035, al tiempo que la demanda se disparará un 60%", apunta el World Economic Forum en su informe. "Imagina un futuro donde cada dispositivo puede conectarse remotamente a través de un satélite, o donde el transporte espacial no está solo reservado para astronautas". El WEF compara la penetración del uso de la banda ancha que está en LEO (Low Earth Orbit, por sus siglas en inglés), la más cercana a la Tierra, con la popularización del uso de la electricidad entre los consumidores estadounidenses, de la radio (masiva hacia finales de la década de los 30), el microondas, que arrancó en los 70; el móvil, cuya popularidad llegó 20 años después de su llegada, hacia los 2000, o de Internet. Hoy sobre el 5% de los estadounidenses utilizan ya tecnología conectada con LEO.
"Nuestra innovación y tecnología están redefiniendo industrias enteras en la Tierra, mientras aspiramos a crear otras nuevas en la Luna, en Marte y más allá", versa el folleto de la colocación de SpaceX, propietaria de Starlink, una de las principales empresas espaciales del mundo. Según las cifras reportadas por la compañía, en la actualidad cuenta con 9.600 satélites móviles en LEO y da servicio a 10,3 millones de suscriptores en 164 países, con el objetivo de acabar con "las zonas muertas" del mundo. De hecho, el folleto de SpaceX contempla como objetivo llegar a "establecer una nueva civilización en Marte" que permita "continuar con la innovación hacia nuevas fronteras". En esa nueva realidad que Elon Musk contempla como visionario -aunque hay opiniones-, SpaceX planea "nuevos mercados" como el transporte de pasajeros y mercancías a la Luna y a Marte, la producción energética en ambos planetas donde, además, se podrían llegar a instalar fábricas.
SpaceX, sin pudor, dice haber "identificado el mayor mercado potencial de la historia de la humanidad" por valor de 28,5 billones de dólares. De ellos, 26,5 están en el campo de la inteligencia artificial y los 2 billones restantes en el espacio.
La conquista del espacio es una aspiración de la humanidad desde hace siglos, aunque la velocidad de esa conquista no se había acelerado hasta ahora. Hay mucho intangible todavía, mucho sueño por cumplir... frente a sectores donde se están realizando avances empíricamente demostrables. En este sentido, desde la gestora francesa Edmond de Rotschild identifican "tres grandes oportunidades económicamente viables en el corto plazo" y que se centran en tres ámbitos: telecomunicaciones, defensa e infraestructura de datos. "Actualmente orbitan la Tierra alrededor de 15.000 satélites, frente a menos de 2.000 a comienzos de 2019", la mitad de los cuales pertenecen a Starlink (SpaceX). Las compañías chinas cuentan con otros 1.300 satélites y el objetivo de desplegar otros 25.000 en diez años "mediante las constelaciones Qian Fan y GuoWang".
En general, la conquista del espacio podría decirse que ha recaído en manos privadas después de que los gobiernos abrieran camino. Ocho de cada diez satélites son de uso comercial, frente al 10% promovidos o financiados por gobiernos, otro 8,8% son de carácter militar y una mínima parte, civiles, según datos recopilados a 2022 por la OCDE. Si se disecciona el tamaño del mercado espacial al que se aspira, esos 1,8 billones anuales para 2035 existen dos grandes ámbitos: el central o columna vertebral; y el que falta por conquistar. Dentro de la parte central de la nueva economía interplanetaria la parte privada, según cálculos del organismo, duplicará su valor hasta los 435.000 millones de dólares, mientras que la pública o financiada por los gobiernos lo triplicará, hasta los 320.000 millones, a partes iguales entre el uso civil y el uso militar en defensa.
Del lado comercial el objetivo es desbloquear unos 942.000 millones de dólares en servicios de comunicaciones, navegación y observación, la parte mollar de la nueva industria. Dentro de 10 años el mayor mercado privado vendrá de la televisión por satélite, con un negocio que hoy se valora sobre los 100.000 millones de dólares. El segundo área más importante será la capacidad de facilitar conexión en vuelos e industria marítima; seguida de una tercera vía como es la conexión al consumidor y a los negocios.
Se calcula que los satélites en la órbita más cercana podrían dar acceso a Internet a unos 2.500 millones de personas, un 30% de la población mundial. Starlink ya ofrece sus servicios a 2.500 aviones, señala Edmond de Rotschild.
TRES ÓRBITAS Y MIL CONSTELACIONES
Los expertos hablan de tres órbitas terrestres, LEO, MEO y GEO, de más próxima a más lejana a la Tierra, donde se refugian miles de satélites que giran alrededor del planeta recopilando información, dando cobertura de datos a móviles o en labores de defensa. A mayor cercanía, menor cobertura geográfica, pero también implica menores costes de lanzamiento. "Obliga a desplegar constelaciones de varios cientos o miles de satélites miniaturizados, pero con una latencia menor, es decir, con comunicaciones más rápidas". Se utilizan en el ámbito militar o para captar imágenes. En cambio, "el área visible desde un satélite GEO es inmensa. Su uso se centra principalmente en televisión por satélite, monitorización meteorológica (...) o para detectar lanzamientos de misiles" en el sector de la defensa.
Los beneficios derivados de la 'observación de la Tierra' son la menor parte del pastel, aunque se calculan en unos 6.000 millones de dólares ya en 2030. Se centran, sobre todo, en la importancia para la energía, la agricultura, la construcción y los servicios medioambientales o relaciones con el clima.
Es más, algo "tan publicitado como el turismo espacial desde hace años, será solo la punta del iceberg", subraya el World Economic Forum en su informe. La previsión es que de aquí a diez años vista siga siendo una actividad reservada a individuos de muy alto poder adquisitivo, con serias dificultades para subir y bajar, para acomodarles en el espacio, y con un negocio valorado en unos 1.000 a 2.000 millones de dólares, ínfimo para las cifras que se manejan. Virgin Galactic, Blue Origin y Zero 2 Infinity son algunas de las compañías pioneras en ofrecer estos viajes espaciales.
Una segunda área de negocio es el sector de la defensa. "La comercialización del espacio también implica su militarización", afirma Edmond de Rotschild en su informe. "En términos prácticos, implicaría el despliegue de miles de pequeños satélites armados capaces de neutralizar amenazas aéreas, operados a través de centros de datos también situados en órbita". En esa carrera por defenderse están todos los gobiernos, empezando por el liderado por Donald Trump dentro de una iniciativa llamada Golden Dome (o cúpula dorada), con reminiscencias a la cúpula de acero israelí.
Y una tercera vía para monetizar las inversiones espaciales que ya es una realidad es todo lo relativo a las infraestructuras. "La idea de instalar centros de datos en órbita, en la Luna o en Marte resulta fascinante, sobre todo teniendo en cuenta los rápidos avances de la tecnología espacial y la creciente demanda de capacidad de procesamiento de datos. Sin embargo, esta posibilidad debe analizarse a la luz de los retos tecnológicos, económicos y logísticos actuales", afirma Stéphane Klecha, Managing Partner y fundador de Klecha & Co. Allí, entre las estrellas, abunda la energía solar ininterrumpida y un entorno de frío, necesario para los centros de datos.
De momento, en una carrera liderada por SpaceX el negocio espacial se va definiendo con cada logro y los principales actores privados, como Amazon (a través de Project Kuiper) o Boeing y la firma de defensa Lockheed Martin están en esa carrera tomando posiciones. Esta semana, aprovechando el toque de campana de la mayor colocación de la historia en bolsa protagonizado por Elon Musk, BlacRock, el gigante de la inversión indexada y el mayor accionista de la bolsa española -como de otras tantas- sacó a la venta STAR, su fondo cotizado para quien quiera subirse a la nave de invertir en el espacio... y más allá.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。