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En el círculo libertario más radical de Silicon Valley, León XIV es algo así como el anticristo. Este grupo encabezado por Peter Thiel, defensor de la desregulación absoluta de la tecnología, lo ve como un carca peligroso y ludita, un apéndice con sandalias de pescador y mucha pompa que tiene una pulsión normativa tan proteccionista como la Unión Europea.
Esa animadversión a buen seguro debió crecer ayer a medida que llegó a California el contenido de la encíclica Magnifica humanitas, y eso que en ella León XIV realiza la mayor defensa de la tecnología nunca hecha por el más alto representante de la jerarquía católica.
La tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» ni «un mal en sí misma», Prevost la describe como esperanzadora, como un «don que puede aliviar el sufrimiento y abrir nuevas posibilidades». No olvidemos que el Papa es matemático y ha llegado incluso a programar páginas web.
«El Papa se ha mojado» –dice Ricardo Mejía, sacerdote y doctor internacional en Lógica y Filosofía de la Ciencia por la Universidad de. Salamanca. «Y mucho», añade. Comparte su opinión sobre la contundencia del documento Sara Lumbreras, codirectora de la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia Comillas. «Es un texto muy valiente que va en línea de Antiqua et nova y refleja un gran esfuerzo por continuar construyendo doctrina social de la Iglesia ante un problema nuevo, la IA, pero en continuidad con sus fundamentos. Estos fundamentos son el bien común, el destino universal de los bienes, los principios de subsidiaridad y de solidaridad».
Como sucedió con León XIII y la Revolución Industrial, su sucesor es plenamente consciente de la importancia del impacto, aún desconocido en su totalidad, de la IA en la humanidad.
«El Papa ha dado un gran salto definiendo la tecnología como una revolución, lo que supone un paso más a lo que había dicho Francisco, que la remitía a un cambio de época», apunta Mejía, autor del ensayo Trashumanismo integral (Ed. Encuentro).
Su enfoque no es nada reaccionario: apoyo a una IA para la humanidad, pero con límites y no en manos de unos pocos.
Esos límites deben ser líneas rojas para sus desarrolladores. : «Actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente privado, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común».
Los tiene identificados y los ve como
la industria más influyente y poderosa de la historia.
Por ello, León XIV deja claro un factor determinante en su pensamiento, que va contra la línea de flotación del mantra feliz que durante este siglo han vendido las plataformas digitales: el principio de neutralidad que supuestamente rige sus actividades. Un valor que estudios sobre el diseño adictivo de las redes sociales y recientes sentencias judiciales han desmentido. El Papa es claro al respecto: la tecnología no es neutral.
«Asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza», explica. Es decir, es presa de sesgos, creada por personas y, por tanto, sujeta a intereses. Más en un sector en el que el usuario es visto como un producto al que explotar. De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos».
Respecto a la responsabilidad y el control, su opinión puede tener unas consecuencias más importantes de lo que parece dada su influencia en el votante católico, que no conviene despreciar en un mundo en el que los gobiernos cada vez se sienten más tentados por tomar medidas regulatorias, como se puede comprobar en el número creciente de países que afronta el dilema de, por ejemplo, prohibir las redes sociales a los usuarios menores de 16 años, como sucede en España.
La Santa Sede pide regulación. Y algo muy importante: «Responsabilicen a los proveedores de servicios -sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación- y prevean protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado». Esto, al mismo tiempo, incide en la necesidad de educar a los niños y jóvenes para que "aprendan a reconocer las manipulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los demás, también en los entornos digitales».
La gran pregunta es cuáles van ser los efectos de este pensamiento tecnológico. ¿Influirá esta encíclica en Silicon Valley? ¿Supondrá munición para los legisladores que quieren presionar a las tecnológicas?
«La encíclica va a tener mucha repercusión», cree Ricardo Mejía. «Su interés trasciende a la religión. Prueba de ello es la encíclica Laudato si', firmada el 24 de mayo de 2015 por el papa Francisco, dedicada a la ecología. Hablamos de un texto de gran influencia, que atrajo a muchas personas que no eran creyentes, fuera de la zona de influencia católica, y que es citada en muchas obras. La gente no sólo quiere que se le hable en tecnología de dispositivos y apps, quiere reflexión»
J.B.
Hay una iglesia en cualquier lugar del mundo. Y, por supuesto también en Silicon Valley. El portal de noticias de la Santa Sede, Vatican News, recogió ayer el testimonio de Brendan McGuire, ex ingeniero y sacerdote de la esta zona de la bahía de California, en el que relataba cómo durante la última década ex compañeros de estas empresas le hablaban de su inquietud por el futuro de la tecnología y la tensión de sus trabajos. Con el apoyo de su obispo, creó unos grupos de diálogo en búsqueda de soluciones éticas para los desafíos tecnológicos a los que se enfrentaban que han sido claves para llegar a esta encíclica.
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