Un centenar de estudiantes de Bachillerato sufre una oleada de 'ceros' en la PAU que les impedirá estudiar en el País Vasco

Íñigo Ibeas, con el megáfono.ARABA PRESS
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Un centenar de estudiantes de Bachillerato de colegios concertados de orientación religiosa de Vizcaya están a punto de verse obligados a abandonar Euskadi después de ser castigados con una insólita oleada de ceros y de puntuaciones por debajo del 2 en el examen de euskera de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Ni su denuncia pública de un hecho insólito, ni las protestas de madres, padres, centros escolares, ni la constatación por el Gobierno vasco de este escarmiento extraordinario han modificado la decisión de la Universidad vasca de realizar una revisión ordinaria de sus pruebas. Expertos en Educación ya apuntan a una «debacle emocional» en todo el alumnado y, especialmente entre los señalados. «Se nos quiere echar a los que somos de Bilbao y no tenemos el C1 de euskera», denuncia Iñigo Ibeas, alumno de Munabe penalizado con un cero en una prueba que finalizó convencido de que sacaría una buena nota.
El bilbaíno Iñigo Ibeas nunca imaginó que cinco días después de acabar las pruebas de la antigua selectividad acabaría exigiendo «transparencia» megáfono en mano junto a la Escuela de Ingeniería. Su intención de formarse como médico en la Facultad que el Gobierno vasco construye a apenas doscientos metros del lugar elegido para protestar está a punto de desvanecerse porque la Universidad vasca -enrocada en un silencio sepulcral- se ha negado a aclarar por qué decenas de alumnos fueron penalizados con ceros en su examen de euskera y casi medio centenar recibieron notas por debajo del dos que hunden sus calificaciones para optar por los grados con las notas de corte más altas como la de Medicina y Enfermería, que se sitúan en torno a los 12,3 puntos. Ibeas reconoce que cuando finalizó el examen de euskera que arrancaba con un texto sobre la importancia de la lengua materna en medicina estaba convencido de que podría quedarse en Bilbao. «Estaba ilusionadísimo porque la Facultad es nueva y en Bilbao lo que me permitía casi ir andando y, además, mi familia es numerosa y la matrícula en la pública es muy económica», recuerda casi una semana después en la que decenas de estudiantes vizcaínos castellanohablantes han visto sus sueños rotos en pedazos. «Yo nunca he tenido un cero y me parece más difícil sacar un cero que un 0,8 porque hice todos los ejercicios y salí contenta del examen», explica María Martínez, estudiante de Ayalde. María, como Iñigo, también recurrió a un megáfono para constatar a grito pelado la indignación de alumnos, madres y padres y profesores por la correción sufrida por la mitad de los casi 300 alumnos asignados al Tribunal 11 de Vizcaya en la prueba de la PAU.
«¡Un cero injusto, mil sueños rotos!», «¡corrupción en la corrección!», «¡por justicia y transparencia basta ya de incompetencia!», corearon los alumnos, madres y padres y profesores en la primera protesta pública en la historia de la selectividad en Euskadi. María, junto a compañeras como Ana Núñez y Marta López junto al resto de estudiantes penalizados con ceros en el examen de euskera denunciaban que las notas son un castigo contra centros que emplean el castellano como lengua vehicular y tienen una orientación religiosa.

Alumnas muestran 'ceros' en sus móviles.ARABA PRESS
«Soy muy consciente que a nuestros colegios se nos persigue: se nos bajan las notas, sabemos que hay determinadas cosas que nos penalizan y que lo hacen para fastidiarnos. Son cosas muy concretas y no son sin querer. No se ponen de la nada 60 ceros», sostiene esta estudiante de notables en el Bachillerato que rompe el cliché utilizado por portavoces de la izquierda abertzale en redes sociales contra estos alumnos. «A mí me encantaría vivir en Bilbao y tengo claro que el euskera me lo voy a sacar. Yo voy a trabajar para sacar mi carrera pero también para tener un nivel alto de euskera que me permita trabajar en Bilbao», advierte María Martínez que, como Iñigo Ibeas y decenas de sus compañeros no están dispuestos a ser expulsados de su tierra por la política de imposición del euskera intensificada por partidos como PNV y EH Bildu e instituciones como la Universidad Pública Vasca, ahora denominada solo en euskera Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU).
El equipo rectoral presidido por el ex viceconsejero vasco Joxerramon Bengoetxea nombró a la experta en matemática Leire Legarreta Solaguren como responsable de la organización de la PAU. Docentes universitarios con experiencia han sido relevados por nuevos profesores e incluso por investigadores bilingües pero sin haber impartido ni una sola clase como correctores de la selectividad vasca. El sindicato Comisiones Obreras (CCOO) planteó hace meses cambios en el modelo de la PAU vasca que permitieran facilitar el trabajo de corrección y actualizaran los apenas 3 euros por examen que cobran los correctores. Propuestas que fueron denegadas y que volverán a ponerse sobre la mesa al comprobar que, según los datos provisionales, el porcentaje de alumnos euskaldunes aprobados es 7 puntos superior a los de los que se han formado en castellano.
«Lo que ha pasado en la PAU es muy serio. Somos docentes y sabemos que a nivel emocional ha sido una debacle», advierte Marina Anda, responsable del área de Educación de CCOO. Anda y veteranos correctores de selectividad consultados por EL MUNDO constatan que los profesores seleccionados para evaluar en la PAU sí saben de qué colegios proceden los alumnos. Casi nadie en la comunidad educativa entiende que la EHU encauce la anomalía del escándalo de los ceros como una revisión convencional que realizará el mismo tribunal que avaló el último ejemplo de persecución contra los vascos castellanohablantes.
























