Que no existan democracias islámicas no es casualidad. Sí existe una democracia judía: Israel

Actualizado
No hace falta haber leído los Escritos anticristianos de Voltaire para ser tomado por un racionalista respetable, como lo era el finado Jürgen Habermas. En célebre diálogo con Ratzinger vino a reconocer la insuficiencia moral de la razón democrática. Es decir, concedió que la democracia solo pervive bajo ciertas condiciones espirituales que ella no puede generar por sí misma. El pensador alemán, considerado el padre de la democracia deliberativa, era un optimista de la razón pero no se engañaba respecto de sus limitaciones epistémicas. Por eso no le importó conceder ante el futuro Benedicto XVI que la razón se vuelve cínica si no se beneficia de las intuiciones morales preestablecidas por la religión, del mismo modo que Ratzinger sostuvo que la religión necesita a la razón para no volverse fanática.
¿Y entonces cómo nace una democracia liberal? Pues se lo explicó León XIV a sus señorías el lunes en el Congreso:
- La libertad moderna ha sido preparada por una larga educación de la conciencia, profundamente marcada por la tradición cristiana. En esa escuela interior los pueblos aprendieron que el derecho debe servir al bien, que la justicia pone límites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad, que los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía.
Este fue el núcleo político (en la mejor acepción de ese adjetivo) del discurso papal. ¿Alguien que no sea tonto puede sentir estas palabras como una amenaza a la aconfesionalidad del Estado o una injerencia teocrática en el BOE?
Y sin embargo existen. Caminan entre nosotros y opinan en las tertulias tontos aconfesionales que rezongan porque un Papa haya hablado en el mismo hemiciclo donde pontifican a diario diputados nacionalistas convencidos de que sus terruños respectivos preexisten cósmicamente a la España constitucional y deben emanciparse de ella. Eso sí que es una superstición premoderna, y no la Escuela de Salamanca.
Lo que no sospecha el tonto aconfesional es que la laicidad es el paradójico fruto de una concreta confesión: que no existan democracias islámicas no es casualidad. Sí existe una democracia judía: Israel. Lo cual me recuerda al chiste de los dos supervivientes de Auschwitz que están bromeando sobre sus traumas hasta que interviene Dios:
- ¿No os da vergüenza bromear sobre el Holocausto?
Y los judíos responden:
- Tú cállate, que no estabas allí.























