La ex princesa protagoniza su propia desamortización al vender las joyas que le regaló Juan Carlos I durante su 'entrañable amistad'. Sumida en la discreción, debe pagar una cifra millonaria en Londres por la denuncia de acoso al ex Monarca.

Corinna Larsen en 2014, con los pendientes que le regaló el Rey
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Corinna Larsen (62) fue el nombre más cotizado de la alta sociedad europea. Conquistarla parecía un trofeo para aquellos que coincidían con la enigmática rubia de origen danés en cacerías en el corazón de Europa. Consciente de que gustaba, la entonces empresaria aprovechó su belleza para entablar relaciones con hombres desprendidos que la colmaban de regalos. Presentes que, una vez cortada la relación, vendía para conseguir un dinero. Lo hizo por última vez hace unas semanas, cuando la casa de subastas Bonhams sacó al a venta unos lotes de una "distinguida dama europea". Eran las joyas que le había regalado el ReyJuan Carlos durante sus años de amor, por los que se agenció unos 800.000 euros. Pero no es la primera vez que esto sucede.
Tres relaciones públicas han marcado la vida de Larsen -hubo otras, pero no han trascendido y sus personajes, algúnos, han fallecido-. La primera fue la que la unió en matrimonio con el estadounidense Philip Adkins, padre de su primera hija y persona con la que accedió al mundo de la caza en Europa. Una semana después de su divorcio, en 1995, Corinna se deshizo del anillo de compromiso que le había regalado el empresario experto en rifles, una joya con un diamante "impecable" de cinco quilates. No lo guardó para su primogénita, tampoco lo devolvió. "Tiene un corazón de hielo, no le importa deshacerse de las joyas, lo ha hecho siempre", cuenta a este periódico una fuente consultada.
Su segundo marido fue el aristócrata alemán Casimir zu Sayn Wittgenstein, padre de su segundo hijo, Alexander, y con quien mantuvo una tormentosa unión que terminó con un divorcio igual de complicado en 2005. Según la misma fuente, la ex princesa llegó a "denunciar a Casimir, a quien acusó de haber asaltado su piso para quedarse con las joyas". Un episodio oscuro que no se llegó a esclarecer nunca. Tiempo después vino una segunda denuncia por allanamiento de morada, después de que asegurara que el director del Centro Nacional de Inteligencia español había enviado agentes a su despacho de Mónaco en busca de pruebas y documentos.
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- Redacción: ÁNGELA MARTIALAY
- Redacción: ESTEBAN URREIZTIETA Madrid
Pero eso fue después del matrimonio con Casimir y tras conocer a Juan Carlos I en La Garganta, la finca de Ciudad Real del fallecido octavo duque de Westminster, Gerald Grosvenor, con quien la danesa también tuvo una unión especial durante un tiempo. Hasta que en esa montería conoció a Juan Carlos I. De la "amistad entrañable" con el ex monarca español ya se sabe casi todo. La venta de las joyas son el último capítulo de un amorío que fue el principio del fin del reinado de Don Juan Carlos. Un final monetizado, fruto de la necesidad de Corinna de tener dinero efectivo.

El Rey Juan Carlos y Corinna en los Premios Laureus 2006.GTRES
La venta de las joyas le ha reportado 800.000 euros, un valor muy inferior al original de la pulsera, los pendientes o el aderezo encargado por el sultán de Omán, pero suficiente para mantener el nivel de vida de la empresaria, que se permanece en un segundo plano después del protagonismo que eligió tener durante los primeros años tras la abdicación de Juan Carlos I en julio de 2014.
Corinna recibió 65 millones de euros del Monarca. Un "regalo", según ella, que está paralizado. Don Juan Carlos amenazó con denunciar a la danesa y a Dante Canonica para recuperar ese dinero. Finalmente, y ante el convencimiento de que el abogado suizo tiraría de la manta si se viera envuelto en un proceso judicial, los amigos del Emérito le disuadieron de que siguiera adelante con la denuncia por fraude. Un procedimiento para tener más efectivo pues, aunque en Emiratos tiene todos los gastos pagados, Don Juan Carlos lamenta sus pocos ingresos, algo que ha tratado de solucionar monetizando sus memorias y con la fundación Sumer, que ahora podría gestionar la Infanta Cristina tras su marcha de Suiza.
A la venta de las joyas de Juan Carlos I se suma otra importante entrada de efectivo. Hace un año, Corinna puso a la venta su casa de la campiña británica. Una vivienda levantada en medio del campo en el condado de Shropshire que aspiraba a vender por 10 millones de euros para obtener más efectivo.

Corinna con el reloj serpenti de Bulgari que ha vendido.GTRES
Entre otros gastos a los que se enfrenta Corinna está el equipo de comunicación que hasta hace pocos años llevaba su imagen. Además, el proceso judicial que la enfrentó en Londres contra el Rey Juan Carlos por acoso. Un juicio que quedó archivado y a cuyo coste se enfrenta la ex princesa en solitario. La cifra, según distintas fuentes consultadas, rondaría los dos millones de euros para asumir abogados y costes.
Hace dos décadas que el nombre de Corinna comenzó a aparecer en los medios. 20 años después, y tras protagonizar portadas, podcast e intentar lavar su imagen contratando a grandes firmas, la ex princesa vive sumida en el anonimato y la discreción. Haciendo cuentas para pagar deudas y tras perder el relato en el que intentó situarse como una víctima a la que el Estado trató de quebrar. La venta de las joyas es el penúltimo episodio de su unión con Juan Carlos I.























