De la Agencia Espacial Europea (ESA)
Este ex militar italiano es uno de los cuatro astronautas que en 2027 orbitará la Tierra durante dos semanas y ensayará maniobras clave para el alunizaje previsto para 2028. "Ya he empezado a familiarizarme con la nave Orión; será como una extensión de mi propio cuerpo", asegura desde Houston

Retrato oficial de Luca Parmitano para la misión Artemis 3
Actualizado
El pasado miércoles, un día después de que la NASA anunciara en rueda de prensa el nombre de los cuatro tripulantes de la misión Artemis 3, el astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA) Luca Parmitano (Paternò, 1976) estaba ya entrenando dentro de la nave Orión en la que el próximo año pasará dos semanas junto a sus colegas estadounidenses Randy Bresnik -que ejercerá de comandante- y los especialistas Frank Rubio y Andre Douglas. "He dedicado el miércoles y el jueves a empezar a familiarizarme con el entorno de la Orión y, sobre todo, con su sistema de mando y control, que tendré que aprender a dominar, ya que será como una extensión de mi propio cuerpo", cuenta Parmitano durante una entrevista por videollamada desde su casa de Houston.
Allí son las ocho de la mañana, y en cuanto acabe las entrevistas previstas, este experimentado astronauta y ex piloto de las Fuerzas Armadas italianas volverá al Centro Johnson de la NASA para seguir entrenándose para Artemis 3, la complicada misión que servirá para preparar el alunizaje previsto en 2028, con Artemis 4. Su objetivo será seguir poniendo a prueba la nave Orión y ensayar el acoplamiento con los módulos lunares que están desarrollando las empresas SpaceX, de Elon Musk y Blue Origin, de Jeff Bezos.
Será su tercera misión, pues en 2013 y 2019 realizó dos estancias de larga duración en la Estación Espacial Internacional (ISS). La primera, de 166 días, fue denominada Volare por la famosa canción de Domenico Modugno, mientras que la segunda, Beyond (más allá), duró 200 días.
- ¿Cuándo supo que había sido elegido para Artemis 3?
- Me lo dijeron apenas una semana antes del anuncio, porque había recibido una comunicación sobre una solicitud para que participara como piloto en la misión Artemis 3 pero no tenía ninguna confirmación; era simplemente una propuesta de asignación. Hace unos 10 días, el jefe de la Oficina de Astronautas de la NASA me llamó a su despacho para una reunión con un título ficticio. Y cuando entré en la oficina, allí estaban otros tres astronautas. Entonces, sin demasiados preámbulos, nos dijo: "Miren a su alrededor; esta es la tripulación de Artemis 3".
- ¿Pudo decírselo a su familia o fue un completo secreto?
- Justo después de la asignación preguntamos si podíamos compartir la noticia con alguien. Nos pidieron que mantuviéramos el secreto, pero que podíamos compartirlo con nuestras familias. Así que yo se lo conté a mis hijas y a mi mujer.
- ¿Puedo preguntarle la edad de sus hijas y si su mujer trabaja en el sector aeroespacial?
- Sí, claro. Mis hijas tienen 16 y 19 años y mi mujer trabaja en recursos humanos, en el sector industrial pero no tiene nada que ver con el mundo del espacio.
- Artemis 3 no va a alunizar pero usted va a formar parte del programa lunar. Cuando se convirtió en astronauta en 2009, ¿había pensado en la posibilidad de ir a la Luna o soñaba con ello, o estaba centrado en la Estación Espacial Internacional (ISS)?
- ¿Por qué hablar en pasado? Cuando fui seleccionado soñaba, y sigo soñando, con muchos proyectos. Sabía que el programa en marcha era la ISS y, por tanto, mi deseo era, y sigue siendo, contribuir allí donde sea posible hacerlo. En aquel momento, la Estación Espacial Internacional era, y continúa siendo, el mayor programa científico en órbita. Por eso, la posibilidad de participar en una o varias misiones de larga duración era, y sigue siendo, creo, algo absolutamente fascinante y de enorme interés. Hace 15 años, en cambio, la Luna era un proyecto relativamente lejano; no era algo en lo que me centrara cuando mi objetivo era volar a la ISS. Hoy, sin embargo, desde que la misión Artemis 2 regresó, la Luna se ha convertido en una meta alcanzable y creo que somos muchos los que deseamos contribuir al proyecto lunar.
- ¿Qué significa para usted ser el primer europeo en una misión del programa lunar?
- En realidad, son ustedes, los periodistas, quienes buscan los récords y se fijan en los números. Yo solo pienso en dar lo mejor de mí mismo. Ser el primero, el segundo o el tercero no es algo en lo que pensemos. Lo que realmente importa es esto: la misión más importante siempre es la siguiente, la que aún está por llegar, la que todavía debe desarrollarse. Artemis 3 no aterrizará en la superficie lunar; es una misión de prueba y validación. Mi tripulación no pasará a la historia por ese motivo, así que no estamos en busca de récords; estamos en busca de contribuir. ¿En qué papel puedo aportar más? ¿Dónde puedo aprovechar al máximo mis capacidades para mejorar la misión que vendrá después? Eso es todo en lo que pensamos.
- La NASA aún no ha dicho en qué mes de 2027 podría lanzarse Artemis 3. ¿Tiene una idea de cuándo podría ser como pronto?
- Podría dar una fecha, pero la única certeza en el mundo aeroespacial es que todo cambia. Precisamente ayer [por el jueves] estuvimos en una primera reunión con el equipo en tierra para entender cuáles serían algunas de las condiciones para las fases de aproximación entre la nave Orión y las naves espaciales con las que vamos a realizar el acoplamiento. En este momento todavía no contamos con un perfil de misión definido, por lo que es imposible dar una fecha de lanzamiento.
- En sus dos misiones espaciales previas voló en la nave rusa Soyuz, mientras que en Artemis 3, irá en Orión. Como piloto, ¿cómo valora esta nave de la NASA y la ESA?
- La Soyuz es una nave espacial absolutamente extraordinaria desde el punto de vista de su robustez, su fiabilidad y su previsibilidad. Fue diseñada para alcanzar la órbita, realizar maniobras de encuentro y acoplamiento con una precisión extrema y regresar a la Tierra. Es una nave a la que he tenido un gran aprecio, pero fue concebida hace más de 40 años. La Orión, en cambio, es una nave diseñada para el espacio profundo. Tiene una ergonomía completamente diferente, está pensada para que su tripulación pueda vivir en ella durante varias semanas y, sobre todo, cuenta con una integración entre el ser humano y la máquina propia del siglo XXI, no del siglo XX. Por eso, representa sin duda un verdadero salto generacional.
Pese a que el 40% de los astronautas de la NASA en activo son mujeres, los cuatro seleccionados para esta misión son hombres, un aspecto que ha causado una polémica en la comunidad aeroespacial.
- Ha sorprendido que entre los astronautas de Artemis 3 no haya ninguna mujer. ¿A usted también?
- Como ya tuve ocasión de decir también en Italia, aunque mis palabras fueron malinterpretadas, lo que realmente me sorprende es la pregunta: ¿qué es exactamente lo que se está buscando? Porque yo creo que lo importante es la diversidad y la inclusión. Me parece que mi tripulación representa muy bien una gran variedad de trayectorias, orígenes, capacidades e incluso apariencias. La diversidad no se limita únicamente al género; existen muchas formas de diversidad y no deberíamos centrarnos en una sola por encima de las demás. Mi tripulación es muy diversa y, sin duda, en el futuro habrá también tripulaciones con una mayoría femenina. Más que una posibilidad, estoy convencido de que será una realidad. Es una pregunta que me sorprende.
- La pregunta se debe también a que la propia NASA ha subrayado repetidamente que en la tripulación de Artemis 3 habría una mujer y un astronauta negro. Con la reestructuración del programa, eso sí, el alunizaje previsto para Artemis 3 ha pasado a ser el objetivo de Artemis 4.
- En Artemis 2 estuvo Christina Koch, con quien ya he volado [convivieron en la ISS entre 2019 y 2020]. La próxima misión tendrá, si las características de la tripulación lo requieren, una tripulación femenina, con personas de color, europea o internacional. Todo depende de la misión y del papel que cada astronauta deba desempeñar. No creo que haga falta centrarnos en esos detalles.
- Ha sido también entrenador de astronautas europeos, entre ellos del español Pablo Álvarez. En su opinión, ¿qué cualidades debe reunir un astronauta hoy en día?
- Creo que la trayectoria y la experiencia de un astronauta deben ser lo más variadas posible. Lo que buscamos en los procesos de selección son personas con un perfil que les permita aprender y desempeñar una amplia variedad de funciones y competencias completamente distintas. Por ejemplo, Pablo, con su formación en ingeniería, pero también con su experiencia de vuelo y su preparación física, es sin duda un candidato muy sólido, al igual que los demás miembros de su promoción. Marco [Sieber], que es médico; Rosemary [Coogan], con su formación científica; Sophie [Adenot], con su experiencia en vuelo experimental; o Raphaël [Liégeois], con su perfil científico e ingenieril. Todos ellos aportan trayectorias muy valiosas. El bagaje profesional es importante, porque constituye el punto de partida, pero después evaluamos a la persona en su conjunto. Lo que realmente buscamos es su capacidad de adaptación, su habilidad para aprender y también su disposición a asumir nuevos retos y ponerse a prueba. Esas son las cualidades que consideramos fundamentales. Es difícil dar una lista concreta de características.
- Usted estudió Ciencias Políticas con una tesis sobre derecho internacional. Precisamente la ISS se suele considerar como una especie del paraíso del derecho internacional, en el sentido de que trabajan juntos astronautas de distintos países, y siguen colaborando incluso cuando se han roto las relaciones en tierra o hay conflictos bélicos, como ha ocurrido con Rusia.
- El año pasado tuvimos una gran conferencia de astronáutica en Milán y el presidente de aquella conferencia pronunció unas palabras que se me quedaron grabadas: "Cuando llegamos los del mundo aeroespacial a los informativos, llevamos buenas noticias". Esta declaración encierra un gran significado, porque, en el fondo, el gran sueño de la exploración espacial tiene la capacidad de unir a las personas. Es un hecho: nos une a todos. Existen muchas formas de generar cohesión y de unir a las personas. Una de ellas consiste en crear un enemigo común; se identifica a un adversario y se une a un grupo bajo la lógica de "nosotros contra ellos". Pero también existe la posibilidad de compartir un gran sueño común, y eso es mucho más poderoso, porque une a todos sin necesidad de generar negatividad. El espacio es uno de esos motores de positividad. Nosotros llevamos buenas noticias; creemos en un sueño compartido, creemos en la tecnología, en la exploración y en la ciencia al servicio de la humanidad. Por eso, a bordo de la ISS, dejamos atrás las barreras de las banderas, las fronteras y los antecedentes de cada uno, y nos centramos en lo que tenemos en común, que es, en realidad, casi todo.

Durante un paseo espacial en la Estación Espacial Internacional (ISS)ESA
A lo largo de su carrera, Luca Parmitano ha tenido que hacer frente a dos situaciones de riesgo. En 2005, durante un vuelo de entrenamiento de la Fuerza Aérea Italiana sobre el Canal de La Mancha, una cigüeña impactó violentamente contra su caza AMX, rompiendo el parabrisas y dejando la cabina casi sin visibilidad, pero el siciliano logró mantener el control durante más de media hora y aterrizar en Bélgica.
En 2013, durante su primera misión espacial, sufrió uno de los accidentes más graves que han ocurrido en la ISS. En plena caminata espacial, su casco comenzó a llenarse de agua, y a medida que subía no podía respirar, comunicarse, ni ver. Dependía de su arnés de seguridad para regresar a la esclusa y ponerse a salvo. Lo recordó el director de la ESA, Josef Aschbacher, durante un discurso esta semana: "Luca manejó la crisis, que ponía en peligro su vida, con tal calma y serenidad que su ritmo cardíaco se mantuvo estable, como en reposo, y sus compañeros en el centro de control de la misión ni siquiera notaron que estuviera estresado. Esta es una historia que se cuenta en los pasillos de la ESA como una leyenda. Es una historia que dice más sobre un astronauta que cualquier currículum", aseguró el máximo responsable de la agencia europea.
- ¿Pensó que podía morir durante esa caminata espacial? ¿De qué modo ese incidente con el casco mejoró los protocolos de seguridad?
- Está claro que, cuando se lleva a cabo exploración y se trabaja con tecnologías que aún están en fase de desarrollo, existe una base de riesgo, un componente de riesgo inherente. Lo mismo ocurre con las actividades extravehiculares: siempre hay un nivel de riesgo que gestionamos lo mejor posible con nuestras capacidades, pero siempre puede surgir un imprevisto, como el que me ocurrió a mí. En mi caso, evidentemente, estoy aquí para contarlo. El entrenamiento que recibí y la capacidad del equipo de apoyo en Tierra me permitieron resolver aquella situación de emergencia, y hoy nuestros procedimientos garantizan que una situación similar no vuelva a repetirse. Sin embargo, cuando me preparo para una misión que es, en gran medida, experimental, nos enfrentamos a numerosas incógnitas que todavía desconocemos, y cada una de ellas implica un riesgo potencial.Nuestros procedimientos de ensayo y nuestro enfoque como pilotos de pruebas son precisamente lo que nos permite afrontar esos riesgos con plena conciencia y tratar de minimizarlos al máximo. Ese es también uno de los motivos por los que creo que he sido asignado a Artemis 3.
- Aunque afortunadamente esos incidentes no son frecuentes, la semana pasada hubo una situación de peligro en la ISS por una fuga de aire en el módulo ruso.
- La primera cuestión es que hay que analizar las cosas con el conocimiento adecuado. Yo estaba en el centro de control de Houston el viernes pasado, precisamente cuando se ordenó a la tripulación trasladarse a la cápsula Dragon en lo que se denomina una configuración de refugio seguro (safe haven configuration), es decir, una situación en la que la tripulación estaba preparada para regresar a la Tierra en caso de peligro. La razón es que esta fuga a bordo de la estación espacial es un problema conocido desde hace muchos años. Sabemos cuál es el problema y contamos con una estrategia operativa para resolverlo. Los colegas rusos habían detectado una nueva fuga y querían intervenir para repararla, pero esa intervención no había sido coordinada. Como no se conocían las posibles consecuencias, se decidió poner a la tripulación en situación de refugio seguro, porque en ese momento no sabíamos qué podía ocurrir si los colegas rusos llevaban a cabo la reparación. Por tanto, no hubo un aumento repentino del riesgo; lo que existió fue una falta de información suficiente para tomar una decisión con certeza. Por eso, inmediatamente después de que los colegas rusos comunicaran que pospondrían la intervención, la situación de emergencia quedó cancelada. Por ello, hay que ser muy cuidadosos con lo que se dice. También ustedes, los periodistas, tienen la responsabilidad de comunicar los hechos con precisión. No hubo un incremento del riesgo; hubo una medida preventiva ante posibles efectos desconocidos derivados de una intervención técnica.

Los cuatro astronautas de Artemis 3 y el reservista posan con el director de la ESA, Josef Aschbacher, durante el acto en el que se presentó la tripulación. De izquierda a derecha: Bob Hines, Andre Douglas, Luca Parmitano, Aschbacher, Randy Bresnik y Frank RubioNASA
- ¿Hay algún astronauta que admirara especialmente y al que haya podido conocer?
- He conocido a muchos pero me resulta muy difícil elegir solo a uno. Admiro a mis colegas de las generaciones anteriores por todo lo que hicieron; fueron ellos quienes nos abrieron el camino a nosotros. Del mismo modo, espero que yo también pueda contribuir a abrir el camino para los astronautas de las generaciones futuras.
- Su primera misión a la ISS fue bautizada 'Volare', por la canción de Domenico Modugno, ¿eligió usted el nombre?
- En realidad, organizamos un concurso en el que muchísimas personas de Italia propusieron nombres para la misión. Después, yo expresé mis preferencias entre los que más me gustaban y, junto con otras personas, decidimos finalmente que el nombre sería Volare. No fue una decisión individual, sino una elección colectiva.























