
























Inma LidónEnviada especial Atlanta (EE.UU.)
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«Empezar bien un torneo es muy importante para ganar en confianza y tranquilidad, pero si no es así, calma». Fueron premonitorias las palabras de David Raya el sábado. España cedió un empate ante Cabo Verde que nadie esperaba. Y lo hizo mostrando debilidades donde más cualidades tiene: en ataque. Finura, acierto, claridad, cada jugador lo definió a su manera pero, aunque intentaran disfrazarlo elogiando el partido de los africanos, la decepción era muy evidente. España, por primera vez desde que Luis De la Fuente armó este grupo, se enfrenta a un dilema, cuanto menos, emocional. La selección se había construido a raíz de un desastre en Escocia en marzo de 2023 y, desde ese momento, sumaba victorias y títulos: una Nations League a los pocos meses y una Eurocopa después. Incluso una final más, que se llevó Portugal en penaltis. Pero una decepción de este calibre no se recordaba desde Qatar.
Aquel duelo de octavos de final supuso la eliminación de España en la tanda de penaltis ante Marruecos, encerrado como Cabo Verde para ahogar el juego que, entonces, proponía Luis Enrique. Desde entonces, la selección no había vuelto a empatar a cero en un gran torneo y solo Serbia fue capaz en septiembre de 2024 en el pequeño Maracaná de Belgrado de dejarla sin goles, en este caso en la clasificación para la Nations League. Ese golpe no fue importante, aunque fuera el primer partido en que lució como campeón de Europa, y ahora ante Cabo Verde necesita digerir este golpe.
«No sé cómo nos va a condicionar este empate. No nos genera ansiedad, porque somos profesionales. Nuestro planteamiento ante Arabia iba a ser el mismo aunque hubiésemos ganado. Los cálculos matemáticos que se hacen no se suelen dar», advirtió Unai Simón, que considera el partido como «extraño». No es normal que España se mostrara tan atascada y fallona. Para muestra un dato: Oyarzabal, máximo goleador de la España de Luis de la Fuente y 9 indiscutible, no tocó un balón hasta pasado el minuto 30, algo que no pasaba en un Mundial desde 1966.

Gavi, junto a Moreira, durante el partido.AP
«A todos nos viene a la cabeza que este partido lo teníamos que haber ganado. Pero es que el fútbol es así. No recuerdo el último partido en el que no marcamos, porque siempre lo hacemos», insistió el guardameta, que en este debut se enteró de su titularidad dos horas antes.
Habrá quien mire al planteamiento del seleccionador, a la elección del once, al momento de los cambios y la decisión de no mandar a Lamine Yamal al campo hasta el minuto 70, cuando el equipo empezó a ser presa de la precipitación y el individualismo. Aún así, sus jugadores creen en él. Ni Oyarzabal ni Rodrigo ni Unai Simón se atrevieron a matizar ni una sola decisión del seleccionador, al que se le vio en una imagen insólita: en charla continua con su segundo, Juanjo González. Como si les costara encontrar la solución al atasco que les estaba creando Cabo Verde. «El planteamiento ha sido el correcto. Solo nos ha falto finura en el área y ajustar en los minutos finales, cuando ya estábamos volcados», dijo el meta vasco. «La lección es que hay que meterlas», resumió Rodri.
En la misma línea, De la Fuente. «Son muy organizados y se han metido los diez en la frontal del área. Nos ha faltado circulación para desequilibrar, pero cuando no quiere entrar, no entra. Aquí cuesta mucho ganar», admitió el riojano, que bien podría haber llevado el mismo parche de debutante que lució en la manga Lamine Yamal, el ídolo que esperó todo el estadio hasta el minuto 70.
En el primer balón que tocó, ya lanzó un aviso a Sidny Lopes Cabral de lo que le esperaba, lo que Bubista, el seleccionador rival, entendió. Sacó del campo al lateral del Benfica, que había visto una amarilla en la única falta de Cabo Verde en todo el partido. Así de limpios fueron y así de poco les exigió España.
Una España que queda en una posición incómoda y que debe afrontar la situación inédita de pegar un patinazo indisimulable y, por tanto, asumir sus consecuencias. La incógnita es saber cómo va a digerir la concentración un mal inicio de Mundial, uno más, que abrirá múltiples debates y generará un clima no tan benévolo con el equipo como el que merecidamente ha tenido hasta ahora en virtud de sus resultados.
Habrá muchas críticas, y desde el viaje que por carretera completaron ayer para volver a Chattanooga la expedición ya trata de ordenar las ideas para unificar el mensaje de ahora en adelante. En Sudáfrica, en 2010, el Mundial con el que tanto se compara a este equipo, tras la derrota contra Suiza hubo tambores de guerra y la voz conciliadora de Vicente del Bosque ayudó a reconducirlo todo sin un grito más alto que otro. En los próximos días será fácil comprobar qué línea adopta el equipo ante una novedad como la que producirá el empate de ayer.
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