
























Carlos Malamud
Actualizado
LA reciente gira europea de Mar�a Corina Machado gener� grandes expectativas, como mostr� el ba�o de masas el 18 de abril en la Puerta del Sol, pero tambi�n dio lugar a una gran pol�mica. Antes de entrar en materia ser�a bueno sentar algunas premisas sobre la realidad venezolana y su gobierno, heredero directo del surgido tras las elecciones fraudulentas del 28 de julio de 2024. El robo, con nocturnidad y alevos�a, impidi� la llegada al poder de la oposici�n liderada por Machado y representada por Edmundo Gonz�lez Urrutia.
Si en tiempos de Hugo Ch�vez y Nicol�s Maduro el pa�s viv�a bajo una aut�ntica dictadura, que hipotec� su futuro con fines pol�ticos e ideol�gicos, la situaci�n a�n persiste pese a algunos efectos colaterales de la Operaci�n Resoluci�n Absoluta. Sin embargo, el programa de estabilizaci�n econ�mica de la Administraci�n Trump todav�a no ha propiciado nada parecido a un cambio de r�gimen, ni siquiera el inicio de una transici�n de la dictadura a la democracia. Cuanto m�s, se intuye el pasaje de una dictadura a otra dictadura con, eso s�, incluyendo una transici�n econ�mica.
El escenario m�s deseable pasa por convocar elecciones libres, igualitarias y sin restricciones, una justa y leg�tima reivindicaci�n opositora. Y si bien los comicios, de celebrarse, abrir�an las puertas de la presidencia a Machado, �sta posteriormente deber�a recorrer un camino plagado de peligros y graves dificultades. Ahora bien, en esta larga marcha de la oposici�n venezolana hay diversos errores a evitar y el primero es no poner todos los huevos en la misma cesta o no jugarse el cuantioso y muy valioso capital pol�tico acumulado a una sola carta.
La afirmaci�n varias veces repetida por Machado de que Trump �ha puesto en riesgo la vida de ciudadanos de su pa�s por la libertad de Venezuela� no se condice con el escaso o nulo inter�s MAGA por la democracia y la vigencia de las libertades. M�s all� de la ret�rica, el relato no convence a casi nadie, salvo a los recalcitrantes asistentes a las reuniones de la Conferencia Pol�tica de Acci�n Conservadora (CPAC) o a los n�cleos m�s extremos de las oposiciones cubana y venezolana. Mientras tanto, en su lucha por la democracia y por regresar a Venezuela Machado ha debido tragarse demasiados sapos, comenzando por el flagrante desplante que soport� en la conferencia de prensa de Mar-a-Lago del 3 de enero y siguiendo por la entrega a Trump, m�s lit�rgica que real pero repleta de simbolismo, del premio Nobel de la Paz.
Se diga lo que se diga, mientras Espa�a es una democracia consolidada y se puede permitir ciertas �licencias� de estilo en sus disputas pol�ticas cotidianas, Venezuela se debate en c�mo dejar atr�s la dictadura y c�mo transitar hacia la democracia. Para abandonar la primera no basta con buenas intenciones. Ni siquiera con el te�rico compromiso de Trump y sus buenas palabras, hasta ahora no refrendado en hechos concretos m�s all� de su vocaci�n petrolera. Hace falta mucho m�s, comenzando por temple, astucia y clarividencia. Es necesario transformar a la innegable l�der pol�tica que es Machado en una estadista irreprochable, sobre todo si se tiene en cuenta que en esta coyuntura cualquier convocatoria electoral no es el final de nada sino solo el comienzo de casi todo.
Hoy es momento de sumar y no de restar o de dividir innecesariamente a aquella parte de la sociedad venezolana que no comparte al 100% las propuestas de Vente Venezuela, el partido de Machado, pese a ser la agrupaci�n opositora mayoritaria. Creer, como Javier Milei, que en Argentina todos sus votantes son libertarios y seguidores de la Escuela Austr�aca y que lo apoyaron por sus ideas y no para evitar el retorno del kirchnerismo al poder es un serio error que los venezolanos deber�an evitar, y m�s en un momento tan decisivo como el actual.
Tambi�n hay que sumar en el frente exterior, algo reconocido por la propia Machado cuando reclam� un amplio apoyo internacional para una urgente convocatoria electoral. Por eso, no ser�a descartable que en alg�n momento de la futura transici�n la oposici�n venezolana requiriera el apoyo y la cooperaci�n del Vaticano, de la Uni�n Europea e incluso de Espa�a. De ah� el acierto de su reciente gira europea, incluyendo los encuentros con Emmanuel Macron en el Eliseo, y con los primeros ministros de Pa�ses Bajos, Rob Jetten, y de Italia, Giorgia Meloni.
Y si bien la gira incluy� a Espa�a, �sta se sald� sin una visita al presidente de Gobierno Pedro S�nchez al estimar que �no era conveniente�. Una dificultad de esa inconveniencia es que Machado impidi� un posible encuentro con el rey Felipe VI que le hubiera dado una mayor proyecci�n espa�ola y europea. Es verdad que su decisi�n pudo ser influida por el recuerdo de la no felicitaci�n del gobierno espa�ol tras la concesi�n del Nobel de la Paz o por el respaldo del expresidente Jos� Luis Rodr�guez Zapatero a Maduro primero y m�s recientemente a Delcy Rodr�guez, aunque el riesgo de esta sobreactuaci�n deber�a ser evitado.
En la agitada y agria pol�tica madrile�a, Venezuela se ha convertido, al igual que Cuba en su d�a, en un tema de debate hispano -espa�ol. Pero, en defensa de sus intereses, los venezolanos deber�an saber elevarse por encima de la mel� y hablar o negociar con todos. El enemigo real de su democracia sigue siendo el chavismo, hoy encarnado en el rodrigato (el r�gimen liderado por los hermanos Delcy y Jorge Rodr�guez), tutelado por Estados Unidos y no otros percibidos como tales.
El nuevo gobierno que surja de las urnas deber� lidiar con diversos problemas y con m�ltiples enemigos agazapados que intentar�n, a la primera de cambio o con algo m�s de paciencia, hacer descarrilar a la transici�n. De ah� la necesidad de contar incluso con el apoyo de aquellos gobiernos latinoamericanos, como los de Brasil y M�xico, que en alg�n momento le dieron la espalda para garantizar el tr�nsito a una democracia m�s exitosa. Es el momento de dejar atr�s los prejuicios ideol�gicos y apostar por la Pol�tica con may�scula.
La b�squeda de respuestas adecuadas es m�s necesaria que nunca y m�s en un pa�s como Espa�a donde se encuentra lo m�s activo y potente de la oposici�n venezolana en el exterior, no solo por el elevado n�mero de exiliados e inmigrantes sino tambi�n porque aqu� ha encontrado refugio y solidaridad buena parte de la dirigencia pol�tica obligada a salir del pa�s, como Edmundo Gonz�lez, Antonio Ledezma o Leopoldo L�pez padre e hijo, sin olvidar a figuras destacadas de la sociedad civil, caso de Roc�o San Miguel.
Carlos Malamud es investigador principal del Real Instituto Elcano y catedr�tico de Historia de Am�rica en la UNED. Su �ltimo libro es Golpe militar y dictadura en Argentina (1976-1983) (Catarata, 2026)
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