Me gusta lo que el Papa dice sobre la inmigración. Qué gran contraste con ese acuerdo entre Vox y el PP de Extremadura para suprimir la agencia extremeña de cooperación al desarrollo

León XIV, en la misa del Corpus en Cibeles.
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Me gusta este Papa. Sonríe a menudo, es cercano y cordial. Proyecta una Iglesia que acoge y dialoga, no una que impone. Me gusta lo que ha dicho sobre la inteligencia artificial. Su aproximación humanista a esta tecnología coincide plenamente con lo que la Unión Europea intenta defender, dentro y fuera de Europa. Me gusta también cómo le ha parado los pies a Trump: en voz baja y con humildad, como se puede permitir quien habla desde la solidez de sus principios y valores.
Me gusta lo que el Papa dice sobre la inmigración. Qué gran contraste entre este Papa estadounidense que hizo de Perú el lugar donde plasmar su fe y ese acuerdo entre Vox y el PP de Extremadura para suprimir la agencia extremeña de cooperación al desarrollo con el argumento de «extremeños primero».
Hubo un tiempo en el que la derecha se enorgullecía de presentarse como adalid de un «conservadurismo compasivo» de fuerte raigambre religiosa. Hoy, sin embargo, lo que domina en sus discursos públicos es un «conservadurismo punitivo» que trata a los inmigrantes como criminales, potenciales delincuentes, amenazas a nuestros valores o, en el mejor de los casos, a seres inferiores a los que no tenemos más remedio que aceptar como mano de obra barata para no tener que limpiar nuestras casas y cuidar a nuestros hijos y mayores, pero en ningún caso conceder derechos iguales. ¿Caben la prioridad nacional y el conservadurismo punitivo dentro de esa Iglesia compasiva que el Papa nos presenta estos días?
Me gusta ver a tanta gente celebrar su fe, sentirse orgullosa de sus creencias y ser feliz compartiéndolas. Es fantástico, en especial en tiempos de epidemias de odio, soledad y ansiedad provocadas por las redes sociales, ver tantos jóvenes comprometidos con sus ideas y sus valores. Me parece bien que el Estado en todos sus niveles se vuelque en acoger al Papa: son millones los españoles que se definen como católicos y esta visita es un gran momento para ellos y su fe. Solo deseo que la visita concluya con un pequeño recordatorio por parte del Papa de que los valores y creencias religiosos -especialmente en el ámbito moral y sexual- son propios y se practican hacia dentro, no se imponen a los demás, y un escueto mensaje del Estado realzando que solo los derechos y deberes que se expresan en la Constitución son de obligado cumplimiento, para todos.























