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El Mundo
Luigi Benedicto Borges · 2026-05-10 · via Premium

El 3 de agosto de 1892, el bergantín Italia zarpó de Londres rumbo a Sudáfrica cargado de carbón. El capitán Perasso tomó la ruta habitual por el Atlántico Sur y el viaje transcurrió sin problemas hasta el 28 de septiembre, cuando comenzó a salir de la bodega un humo verdoso. El barco ardía. Perasso actuó con rapidez: desplegó las cartas náuticas y encontró un milagro. Estaban en medio de la nada, pero cerca de Tristán de Acuña, la isla habitada más remota de la Tierra. El bergantín Italia puso la proa hacia ella. La tripulación forzó la marcha y, tras superar aguas traicioneras, alcanzó la costa.

Los habitantes de la isla, apenas un centenar, acudieron a socorrer a los náufragos sin dudarlo. Los marineros, agradecidos, devolvieron la hospitalidad y trabajaron codo con codo con los tristanianos durante meses. Con la madera del bergantín levantaron cercas para el ganado y construyeron una acera que domó el barro que rodeaba las sencillas chozas del lugar en la temporada de lluvias. También enseñaron a los isleños nuevas formas de pescar con redes y cuerdas rescatadas del naufragio.

De la convivencia y el esfuerzo compartido surgió algo más y cuando por fin llegó el rescate, no todos quisieron marcharse. Los marineros italianos Gaetano Lavarello y Andrea Repetto, de Camogli (Génova), se habían enamorado y decidieron quedarse. Su apellido se unía para siempre al de las otras familias que habitaban -y aún habitan- la isla: Glass, Green, Gerber, Bredell, Collins, Hagan, Rogers y Swain.

Más de un siglo después, el legado de los Repetto sigue vivo en la isla del confinamiento perpetuo, un lugar donde cada llegada del exterior se celebra como un acontecimiento. Por eso la temporada de cruceros 2025/2026 fue tildada de «memorable». El mar en calma y los vientos favorables permitieron desembarcos sin sobresaltos. Un pequeño milagro en Tristán. El último en llegar fue el MV Hondius, de la compañía holandesa Oceanwide Expeditions, el 14 de abril.

«La visita del Hondius fue mucho más que una simple escala», detalló Kelly Green, la jefa de Turismo, en la web oficial de Tristán de Acuña, un tablón digital que conecta a sus habitantes. En ella se informa de todo: nacimientos, defunciones, averías... también de las personas que entran y salen de la isla. El crucero holandés trajo de vuelta a Conrad Glass, jefe del Departamento de Policía de Tristán de Acuña entre 2007 y 2010 y autor del libro Rockhopper Copper, donde narra la vida en el confín del mundo. Y, como en 1892 pero a la inversa, subió a sus camarotes al matrimonio Paul y Geraldine Repetto y su hija Katie, quienes junto a Linda Green, viajaban al extranjero aprovechando plazas en la embarcación que trae de cabeza a la Organización Mundial de la Salud por culpa de una cepa contagiosa de hantavirus que ya ha causado la muerte de tres personas. El crucero llega este fin de semana al Puerto de Granadilla, al sur de Tenerife, tras un duro choque entre el Ministerio de Sanidad y el Gobierno de Canarias, con acusaciones mutuas de «falta de coordinación y gestión».

El MV Hondius durante su escala en Tristán de Acuña, fotografiado por Philip Kendall, el administrador de la isla.

El MV Hondius durante su escala en Tristán de Acuña, fotografiado por Philip Kendall, el administrador de la isla.TRISTANDC

La presencia de la variante andina del hantavirus a bordo del buque desató la preocupación en Tristán. «Estamos al tanto de la situación actual con respecto a la grave enfermedad que afecta a varios pasajeros del MV Hondius. Nuestros pensamientos y oraciones están con ellos en estos momentos tan difíciles. Hemos estado siguiendo de cerca la situación y estamos trabajando con socios internacionales para evaluar y gestionar cualquier riesgo potencial», explicaba a Crónica el miércoles el diplomático Scott Angell, del Ministerio de Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo del Reino Unido, que administra estos territorios.

La esperanza era que no afectara a ningún tristón, otra forma popular de llamar a los isleños. Pero la realidad fue por otro lado. El viernes, la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA, en inglés) informó de un caso sospechoso de hantavirus en Tristán de Acuña. Se trataba de «un ciudadano que había bajado del MV Hondius» para quedarse en la isla. Y eso lo hizo una única persona: Conrad Glass.

«Mis pensamientos están con el isleño que se encuentra hospitalizado y su cónyuge, que está en aislamiento», escribió Stephen Doughty, Ministro para los Territorios de Ultramar, en la misiva que trasladó a los habitantes de Tristán. En ella había otra revelación. «También entiendo que hay cuatro isleños en Santa Elena que viajaron en el barco». Se refería a Linda Green y los Repetto, que se «encuentran en buen estado de salud y reciben seguimiento diario por parte de profesionales médicos» en la isla donde fue exiliado Napoleón Bonaparte tras su derrota en Waterloo en 1815.

Estos cuatro tristaneses fueron, tras conocerse las primeras noticias del brote, las primeras personas del mundo a las que su gobierno recomendó un confinamiento preventivo por temor al hantavirus. Deben mantenerse en aislamiento 45 días a partir de la última exposición conocida al virus, período que finaliza el 9 de junio. Y lo harán a 2.161 km al norte de su isla natal, el que es a su vez el lugar habitado más cercano.

Bautizo en el fin del mundo

La unión de Paul y Geraldine con su isla está fuera de toda duda. Cuando nació su hija mayor, Chantelle, la pareja vivía en Inglaterra, pero la llevaron a bautizar a la iglesia de Santa María de Tristán de Acuña.

En la isla no hay aeropuerto, ni puerto, ni playas, ni hoteles. Los coches son contados y circulan por unas cuantas carreteras que carecen de rotondas y semáforos. Sólo se puede acceder a ella por medio de contadísimas embarcaciones que parten desde Ciudad del Cabo, a 2.800 km de distancia. El trayecto dura seis días y los pasajes se deben reservar con meses de antelación. Quienes lleguen a la isla deben que permanecer en ella, como mínimo, tres semanas.

Paul y Geraldine Repetto volvieron a su Tristán de Acuña tras vivir en Inglaterra. Andrea Repetto naufragó en la isla en 1892.

Paul y Geraldine Repetto volvieron a su Tristán de Acuña tras vivir en Inglaterra. Andrea Repetto naufragó en la isla en 1892.TRISTAN DC / MUSEO MARINARO CAMOGLI

La otra forma de entrar y salir de ella es a través de los cruceros, como el MV Hondius. Cuando el barco hizo su parada en Tristán de Acuña el 13 de abril, dentro de su Odisea Atlántica: una travesía oceánica sin igual, su pasajero Leo S., holandés de 70 años, hacía tres días que había fallecido tras padecer fiebre, diarrea y dolor de cabeza. Lo había matado el hantavirus, pero en ese momento se desconocía.

El miércoles 15 de abril la isla despertó «con uno de esos amaneceres espectaculares que te dejan sin aliento». La mujer del fallecido, Mirjam S-H., de 69 años, permaneció en el barco, pero la mayor parte de los cruceristas pisó tierra firme y acudió a la única ciudad de la isla, Edimburgo de los Siete Mares, nombre en honor al Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, quien estuvo en ella en 1867 como parte de su travesía por los territorios de ultramar. Aunque los vecinos, para acortar, se refieren a ella como El Asentamiento.

«Para los amantes de las islas aisladas, Tristán de Acuña representa el Santo Grial, el destino definitivo, el viaje que hay que hacer una vez en la vida», decía el periodista, escritor y geógrafo franco-suizo Damien Personnaz, autor de Siete oasis de mar. Y los cruceristas dieron buena cuenta de ello.

Los heptathalassoedimburgueses se volcaron con los turistas. El propio director de operaciones de Tristán, Craig Robertson, sacaba las fotos a los visitantes junto al célebre cartel de «Bienvenidos a la isla más remota». Phillip Kendall, el administrador de la isla, subió al crucero y se retrató junto al capitán del MV Hondius Jan Dobrogowski.

Kendall es la máxima autoridad de una isla donde no hay partidos políticos ni sindicatos. El poder ejecutivo recae en el Rey y Londres elige a un funcionario de carrera para que actúe como jefe de gobierno local. En este caso, Kendall, que ocupa el cargo desde septiembre de 2023.

Entre el pub, el volcán y la propiedad comunal

Los visitantes se repartieron entre el museo Museo Casa de Techo de Paja, el Pub Albatros y la cima del volcán Queen Mary. Su erupción en 1961 provocó el exilio de toda la población hacia distintas ciudades de Gran Bretaña. Dos años después, víctimas de la nostalgia, las enfermedades y la incomodidad de la vida urbana, la mitad de los tristones regresó a su isla. En ella, la sociedad se basa en principios de igualdad. Todas las tierras son de propiedad comunal y el número de cabezas de ganado se regula para preservar los pastos y evitar desigualdades económicas.

El único de los cruceristas que se salió de la norma fue Joep, dueño de un museo en Katwijk, Holanda. Él acudió al Colegio Santa María, el único de la isla, y dio una charla para los alumnos. Le acompañaron la ingeniera del barco, Esmeralda, y un miembro de la tripulación guatemalteco que ya había visitado la isla en 2013.

Tristán de Acuña toma su nombre del navegante portugués que la descubrió en 1506. Junto a ella se encuentran las islas Inaccesible y Nightingale, y algo más lejos, a 350 kilómetros, la escarpada isla de Gough, donde Sudáfrica tiene una estación meteorológica.

El Hondius «culminó su visita» , en palabras de Kelly Green, con el desembarco en Nightingale, en busca de ballenas, delfines y pingüinos de Mosley. «Nos alegró mucho saber que las condiciones eran ideales en Nightingale, lo que permitió el desembarco de 110 pasajeros. Siempre es un momento especial cuando eso sucede, y una forma magnífica de finalizar la visita por todo lo alto. El viernes, el Hondius circunnavegó la isla Gough antes de continuar su viaje hacia Santa Elena. Se llevó varios sacos de patatas de Tristán encargados por los vecinos sanhelenios y un suministro de marisco fresco para la cocina del barco, incluyendo nuestra famosa langosta», relató la jefa de Turismo, que vive en la isla desde 2013, cuando fue destinado a ella su padre, un diplomático que había ejercido antes en Kenia, Mozambique, Antigua y Bangladesh.

Las langostas fueron servidas por el chef Khabir Moraes el 17 de abril y presumió de ello en sus redes sociales. Pero las patatas pasaron desapercibidas al llegar a Santa Elena. Al llegar el crucero a la isla donde Napoleón vivió prisionero desde 1815 hasta su muerte en 1821 -y que hizo que fuera habitada Tristán de Acuña por los británicos, temerosos de que fuera utilizada de base de operaciones de rescate por los franceses- fue sacado del barco el cadáver de Leo.

Muerte en Sudáfrica

Su viuda Mirjam también abandonó el crucero. Y con ella, otras 29 personas finalizaron sus vacaciones y volvieron a sus hogares. La mujer ya estaba infectada y durante el viaje a Johannesburgo el 24 de abril, en el único vuelo semanal que sale de la isla, su estado empeoró. Cuando llegó al hospital, ya en Sudáfrica, falleció.

«Hubo, y sigue habiendo, bastante miedo e incertidumbre entre la comunidad. El mensaje de nuestro Gobierno es que la población debe mantenerse vigilante pero no asustada, y en su última actualización describieron la situación en Santa Elena como "estable y controlada"», cuenta a CrónicaLiam Yon, editor de SAMS Radio 1 y del semanario The Sentinel. Santa Elena, con 4.000 habitantes, está acostumbrada a que su lejanía geográfica le proteja de las pandemias. Durante el Covid apenas registró casos y en la actualidad mantiene a 13 personas en autoaislamiento preventivo, entre ellas los Reppeto.

El último recuento de habitantes de Tristán de Acuña detalla que viven en ella 220 isleños, con 24 residentes de la isla en el extranjero y 20 visitantes, entre turistas y trabajadores expatriados y sus familiares. La familia de los Swain y los Green son las más numerosas, con 57 miembros cada una. Los Gerber (con dos hombres), Brendell (con un hombre) y Collins (una mujer), se encuentran en declive.

Hay 32 Repetto, que han vivido unos últimos años duros. El 28 de octubre de 2024 falleció, a los 75 años, Asturias Frances 'Tordy' Repetto. Fue profesora de educación especial, jefa de la Secretaría del Departamento de Obras Públicas y una reputada artista: diseñaba patrones de punto, grababa intrincados motivos inspirados en Tristán sobre vidrio y tejía peluches que «alegraban a los niños». El 6 de septiembre de 2025 falleció, con apenas 56 años, Darren Repetto.

Un mes después, el 2 de octubre de 2025, murió a los 80 años Gerry Repetto. Estuvo en la Marina Real de Reino Unido y en la Armada australiana. Regresó a la isla en 2005 y aprovechó su experiencia en el sector de las telecomunicaciones para llevar el teléfono a todos los hogares de Tristán de Acuña.

Ahora, en la isla, se reza porque los Repetto vuelvan sanos y salvos. También se bebe. Whisky, mayormente. En los 90 se calculó que cada habitante consume una media de 50 litros al año. La media en Gran Bretaña es de 1,25 litros por persona al año.