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«Ustedes están siendo opacos, no han devuelto ningún regalo ni han incorporado ningún regalo al patrimonio. Esto es un auténtico disparate, pero al final ustedes van a ser víctimas del disparate que han obligado a cometer a algunos». Esta admonición la hizo en mayo de 2010 el diputado del PP Rafa Hernando. Dieciséis años después, y con las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero en el centro de la polémica por su altísimo valor -no menos de 1,3 millones de euros-, esas palabras adquieren una importancia crucial ante la declaración como imputado del ex presidente ante el juez Calama de la Audiencia Nacional, hoy y mañana. Y que también incluirá preguntas sobre el origen de las gemas, alguna de las cuales supera los 278.000 euros de valor de mercado.
La profecía de Hernando no se quedó en lo meramente dialéctico. El PP registró 17 preguntas parlamentarias reclamando, por escrito, el listado «detallado» de todos y cada uno de los regalos recibidos por los ministros en los últimos tres años, desde 2007. Y quiénes hicieron esos regalos. El Gobierno no contestó a ninguna de ellas -dejó correr un año-, de manera que un alto cargo de cada ministerio tuvo que responderlas de viva voz en cada comisión parlamentaria.
El análisis del Diario de Sesiones de las Cortes permite corroborar que el Ejecutivo de Zapatero negó 17 veces que los miembros del Ejecutivo hubieran recibido «obsequios de valor». Y arguyó que por eso no los había inventariado. Todos y cada uno de los ministerios rechazaron aportar el listado de los regalos, en pos de la transparencia.
Uno a uno, se acogieron a la literalidad del Código de Buen Gobierno que aprobó el propio Ejecutivo de Zapatero en 2005, y que dice así: «Se rechazará cualquier regalo, favor o servicio en condiciones ventajosas que vaya más allá de los usos habituales, sociales y de cortesía o préstamos u otras prestaciones económicas que puedan condicionar el desempeño de sus funciones, sin perjuicio de lo establecido en el Código Penal».
¿Y qué pasaba con los regalos caros, como es el caso de algunas de las joyas encontradas en la caja fuerte de Zapatero? «En el caso de obsequios de mayor significación de carácter institucional se incorporarán al patrimonio del Estado».
De las intervenciones oficiales descolló la del que fuera secretario de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios, José Luis de Francisco. Él aportó, en nombre de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, la respuesta coordinada de todo el Ejecutivo: «En el Gobierno no se reciben obsequios que vayan más allá del contexto de los usos habituales, sociales y de cortesía, o que sean de un valor o de una significación relevante que precise de su incorporación a Patrimonio del Estado en los términos previstos en la ley».
Otro ejemplo gráfico fue el del secretario de Estado de Investigación, Felipe Pétriz Calvo, mano derecha de la ministra Crisitina Garmendia, quien aseguró que el compromiso del Gobierno era hacer la «aplicación del código extensible a todas las administraciones». Desde la Presidencia del Gobierno a los ayuntamientos. «En las visitas institucionales lo normal es hacer un obsequio entre los mandatarios y las delegaciones extranjeras», rebajó.
María Jesús Figa, entonces subsecretaria del Ministerio de Asuntos Exteriores, que es uno de los más interpelados en cuanto a los regalos, se ciñó al guion del Código de Buen Gobierno: «Los obsequios recibidos por el titular del departamento de Exteriores y de Cooperación, que ha sido el mismo ministro en todo este periodo [Miguel Ángel Moratinos], se han realizado en el contexto de los usos habituales, sociales y de cortesía, sin ser objetos de un valor relevante ni de una mayor significación de carácter institucional que haya determinado su incorporación al patrimonio del Estado y, por lo tanto, su correspondiente inventariado».
Del Ministerio del Interior, entonces capitaneado por Alfredo Pérez Rubalcaba, Hernando escuchó la misma respuesta, del subsecretario Justo Zambrana. En Política Territorial fue Gaspar Zarrías, entonces secretario de Estado con el vicepresidente Manuel Chaves, el encargado de repetir la letanía, pero añadió una frase de su cosecha: se comprometió a regalarle a Hernando una «garrafa de cinco litros» de aceite de su tierra, Jaén. Porque ése es un regalo «social y de cortesía» como los que sí se podían recibir en el Gobierno. Y no joyas por valor de cientos de miles de euros.
La subsecretaria de Industria en 2010, Amparo Fernández, contestó en el que los regalos recibidos por el ministro Miguel Sebastián «no son objetos de un valor relevante». «Se ha habilitado un pequeño espacio expositivo», reconoció, para algunos obsequios «simbólicos». Eran joyas saudíes que sí se inventariaron (al contrario que las de Zapatero), como ha reconocido Sebastián ahora.
Diario de Sesiones del 19 de mayo de 2010. La secretaria general de Igualdad, Isabel Martínez, sí se prestó a especificar algunos regalos obsequiados a Bibiana Aído, que era la titular de Igualdad: «No pasan de ser meros catálogos o meros elementos de merchandising de las organizaciones e instituciones que vienen a presentarse al ministerio. Le aseguro que no hay ningún bolso». Gaspar Zarrías fue más específico: los ministros sólo habían recibido regalos de cortesía, «como la garrafa de cinco litros de aceite que yo le voy a regalar a usted la semana que viene de mi tierra».
Con sus 17 preguntas, Rafael Hernando, buscaba también un Camps en el PSOE. El Supremo falló en mayo de 2010 que el presidente valenciano había cometido cohecho pasivo impropio al aceptar trajes de la trama Gürtel en «atención» a su cargo». Hernando se quejó en el Congreso de que, con la doctrina del Supremo, «bastaba con recibir un regalo, independientemente del valor o de la actuación de esa persona, para ser considerado como cohecho impropio», una situación que veía «ciertamente disparatada». En todo caso, el PSOE no le dio ningún dato. Ni trajes, ni bolsos. Nada.
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