




















La salida a bolsa de SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk, ha representado el gran evento bursátil del año. En un solo día, la compañía se metió entre las diez más cotizadas del mundo y Musk se convirtió en el primer trillonario (con más de un billón de dólares) de la historia de la humanidad. Pero el fundador de Tesla no fue el único ganador; también hay en España inversores que vieron incrementado su patrimonio gracias a los cohetes y los satélites de SpaceX. Esos son los casos de Sergio Escoté y de Carlos Perea: ambos ingresaron con capital propio en rondas de inversión de años anteriores a la IPO (Oferta Pública Inicial) de este viernes y ahora ven multiplicados esos fondos. Vender ahora sería para ellos un negocio redondo, pero ninguno de los dos lo considera siquiera como una remota posibilidad: «Holdear» es el verbo que ambos repiten ante Crónica y que marca su visión optimista respecto al futuro de este proyecto.
Escoté tiene 36 años y vive en Barcelona. Empezó a emprender en el mundo digital desde adolescente con la compra y venta de dominios web. A los 22 años fundó la compañía Óptima, de marketing digital, y luego creó BestPrice, una fintech que facilita descuentos en compras por Internet. Con amplia liquidez, también invierte en compañías tecnológicas que considera «estratégicas a largo plazo». Desde su mirada «aceleracionista, muy aceleracionista, pro aceleracionista», en su cartera no podía faltar la joya de la corona de Elon Musk.
Pudo entrar en 2023, a través de una Special Purpose Vehicle (SPV), es decir una sociedad creada especialmente para esa inversión. El monto mínimo, recuerda, era de entre 50.000 y 100.000 euros. Y si bien no revela de cuánto fue su apuesta inicial, sí calcula que, de vender ahora sus acciones, para conocer la ganancia tendría que multiplicar aquel monto inicial por 12. «Doce equis», según la jerga.
«Pocos inversores en España tuvieron la oportunidad de hacerlo. Era algo un poco privado. Tenías que tener acceso a unos contactos», aclara este empresario que llegó a millonario mucho antes de los 30 y hasta tuvo un fugaz intento de participación política en Alternativa Joven, el fallido proyecto lanzado por «El Pequeño Nicolás», con quien se lo ha visto en 2015 en el Camp Nou disfrutando de un clásico entre el Barcelona de Messi y el Real Madrid de Cristiano Ronaldo.
«SpaceX tiene una combinación muy difícil de replicar, que es liderazgo tecnológico, ejecución brutal, contratos gubernamentales, Starlink como negocio recurrente y una visión de largo plazo que va mucho más allá de lanzar satélites»
Sergio Estapé
«Siempre me ha interesado la vida pública en el sentido amplio: la tecnología, la libertad individual, la innovación, el futuro de España y cómo el país puede ser más competitivo», cuenta sobre su mirada política, pero aclara que aquella experiencia «fue algo muy puntual y que no tuvo recorrido» y que conoce al condenado «Francisco» (Nicolás Gómez Iglesias) desde hace años, sin que tenga «especial relevancia» en su trayectoria. «Mi foco real siempre ha estado en emprender, invertir y construir empresas, especialmente en sectores como internet, inteligencia artificial, espacio y longevidad», destaca el fundador de Óptima, a la cual el Financial Times situó dos años seguidos entre las mil empresas de mayor crecimiento en Europa.
Escoté cree que SpaceX es «una de las compañías más estratégicas del Siglo XXI y tiene una combinación muy difícil de replicar, que es liderazgo tecnológico, ejecución brutal, contratos gubernamentales, Starlink como negocio recurrente y una visión de largo plazo que va mucho más allá de lanzar satélites». La empresa bajó de forma radical los costos de los lanzamientos de cohetes, desplegó sus satélites para ofrecer Internet con Starlink (su principal fuente de ingresos actualmente) y también se fusionó con xAI, de inteligencia artificial (responsable de Grok, el modelo de lenguaje estilo ChatGPT). Pero esa es solo la foto del presente para el vehículo con el que Musk sueña desarrollar centros de datos orbitales, tirar miles de cohetes más y sembrar en Marte la semilla para que la humanidad pueda convertirse en una especie interplanetaria.
Todo ese panorama futurista hace juego con las motivaciones de Escoté, que tiene a la (lucha contra la) muerte como principal obsesión personal. «La persona más rica de la historia del mundo va a ser la que logre la inmortalidad biológica», vaticina. Y es de los que ponen su dinero donde ponen su boca: cuenta que tiene inversiones en empresas de biotecnología, entre las que se cuenta a Tomorrow Bio, una compañía de origen alemán dedicada a la criopreservación humana. «Hay gente que piensa que en vez de quemar un cuerpo, es mejor criopreservarlo para mantener las estructuras sinápticas y celulares para que en el futuro se pueda intentar recuperarlo y devolverlo a la vida», explica. Y añade: «Esto no es una inversión que hago para ganar dinero, sino que me motiva una fuerte convicción ideológica y personal».
Para una mentalidad como esa, invertir en una empresa de robótica californiana que ya produce humanoides capaces de hacer la cama o apalancarse en el mega juguete espacial de Elon Musk son decisiones conservadoras. «Si no necesitas el dinero, desinvertir en SpaceX es estúpido. No tienes que fijarte en el beneficio de 2026, sino en lo que logrará en 10, 20, 30 años. Yo pienso en el largo plazo y esta empresa tiene un crecimiento infinito. Puede cambiar sectores enteros: telecomunicaciones, defensa, transporte espacial, infraestructura en órbita», apunta.
Las «12x» de Escoté seguramente se quedan muy cortas ante las que puede haber hecho su vecino de Barcelona Carlos Perea, inversor tecnológico mexicano instalado en la Ciudad Condal hace ya varios años. Se metió en SpaceX en una ronda de inversiones en 2018, cuando valía aproximadamente 25.000 millones de dólares. Este viernes la empresa alcanzó una valorización de mercado de 1.800 millones de dólares, es decir que aumentó 70 veces su valor en ese período. Pero a Perea no le interesa abrir la app de la calculadora para saber cuánto ganó. «A esto no lo veo como un evento de liquidez, sino como una estrategia a largo plazo. Porque lo que viene va a ser mucho más importante», sostiene Perea, que se define como un «atleta de alto rendimiento» en el mundo financiero, capaz de tener paciencia y proyección.

Carlos Perea invirtió en SpaceX en 2018. Desde entonces la empresa de Elon Musk multiplicó su valor por 70.CEDIDA
Con experiencia como operador global en el mundo de las empresas tecnológicas desde los 90, Perea se especializa en «identificar los cambios estructurales de la tecnología antes de que se vuelvan evidentes en el mercado». Y partir de eso invertir, claro, y asesorar a otros. SpaceX, cree, es un gran ejemplo de empresa que supone transformaciones a gran escala porque «habilita muchas de las nuevas industrias que pueden surgir alrededor de la actividad espacial», donde «se están construyendo las nuevas capacidades que se verán en los próximos 10, 15, 20 años». De cara al futuro, entonces, «vamos a ver un cambio dramático», anticipa.
En todo ese combo, la figura de Elon Musk no tiene un papel decorativo. «Más allá de las opiniones que pueda generar el personaje, y yo en eso me mantengo neutral, creo que es muy difícil encontrar cualquier otro empresario que tenga la capacidad de construir compañías líderes en industrias extremadamente complejas como el espacio, la energía, la manufactura avanzada, la movilidad, la conectividad. Hay muy pocos que puedan decir que han llegado a ese nivel de transformación», declara Perea.
Consciente de que en gran medida es su figura la que tracciona las voluntades a favor de la empresa, Musk no verá su poder diluido a partir de la salida a bolsa. Controlará cerca del 85% del poder de voto de SpaceX, principalmente a través de acciones clase B, con lo que evitará que Wall Street cambie sus planes, y seguirá al mando de la estrategia. Es en ese contexto que más del 20% de la colocación de acciones de este viernes fue dirigida al pequeño inversor, el doble de lo habitual, y otro 10% al mercado minorista europeo, con una valoración de 135 dólares por acción. Aun así: la demanda superó por mucho a la oferta.
De este modo, Musk puede exhibir desde este viernes un patrimonio de un millón de millones de dólares, de los que tiene una parte importante del mérito su buque insignia, Tesla. La salida a bolsa también posiciona al ex asesor de Donald Trump como el primero de los grandes desembarcos de la IA en el mercado en este 2026. En los próximos meses, esa nueva fiebre del oro algorítmico sumará las salidas estelares de Anthropic (responsable del LLM Claude), Open AI (de ChatGPT), Databricks (procesamiento de datos) y Crusoe Energy Systems (de infraestructura energética para IA).
Perea ya tiene inversiones en Anthropic, que cuando salga a bolsa seguramente seguirá «holdeando». Para él, en sus inversiones «la tecnología tiene que ser positiva y ayudar al desarrollo de otras industrias de manera ética». Escoté, por su parte, con su línea aceleracionista (que busca potenciar el avance de la tecnología y el capitalismo hasta desencadenar una transformación radical de la sociedad), cree que la IA llegó, entre otras cosas, para alargar la vida humana, y que cualquier freno es «inmoral»: «Un intento de regulación que paralice de algún modo la IA sería una desgracia para la humanidad. No se puede frenar a las personas y empresas que quieren hacer del mundo un lugar mejor».
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