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Nazareno, el gaucho que sobrevivió 'de milagro' al hantavirus: "Pasé 12 días en coma. Experimentaron conmigo y gracias a Dios fui saliendo..."
Manuel Nieto · 2026-05-18 · via Premium

Mientras el fantasma del hantavirus recorre Europa, hay comunidades en la Patagonia argentina que están acostumbradas a lidiar con ese riesgo. Una de ellas es la de San Carlos de Bariloche, un enclave paradisíaco al pie de la Cordillera de los Andes que tiene 120 mil habitantes y recibe más de un millón de turistas al año. En el hospital local tratan, cada temporada, entre cuatro y seis pacientes con la cepa más letal del hantavirus —la de los Andes, que abordó el crucero MV Hondius—, y prácticamente la mitad de ellos fallecen. Pero tienen razones para mantener el optimismo: un tratamiento experimental desarrollado por un médico e investigador local comienza a dar muestras de efectividad.

«Pasé 12 días en coma. Experimentaron conmigo hasta que empezaron a ver que mejoraba y gracias a Dios de a poquito fui saliendo», repasa ante Crónica el gaucho Nazareno Eggers, de 32 años, que atravesó el hantavirus entre abril y mayo de 2024 y es uno de los pocos que puede contar la enfermedad después de haber visto su cara más peligrosa. «Una vez que me desperté no me acordaba de nada. Me costó volver a caminar y estuve tres meses con una arritmia, pero ahora estoy normal, como antes», completa.

Nazareno vive entre el campo y la ciudad, a 20 kilómetros del pintoresco centro de Bariloche. Trabaja con ganado en un campo y vive como cuidador en un terreno de seis hectáreas en el que hay un hotel en construcción. Las montañas dibujan a su alrededor un entorno de postal, mientras que los bosques le aportan la leña para la calefacción de su casa. Cada invierno, él, con la motosierra y el hacha, corta y almacena troncos para que se sequen para el año siguiente. Pero justamente esos son los ambientes predilectos del ratón colilargo, el principal reservorio del hantavirus de los andes. Con esa actividad cree que se produjo el contagio.

Como suele ocurrir con el hantavirus, el caso de Nazareno comenzó como un cuadro gripal.

Como suele ocurrir con el hantavirus, el caso de Nazareno comenzó como un cuadro gripal.Cedida

«Empezó como una gripe normal, y yo no soy de ir al hospital nunca. Pero después me empecé a sentir tan mal que no podía dormir, y me tomé dos pastillas para dormir e igual no pegaba un ojo. Y transpiraba un montón», cuenta Nazareno. En una primera atención, en la guardia de emergencias confundieron los síntomas con un cuadro gripal. Después, en una clínica privada detectaron el cuadro de hantavirus y lo derivaron al hospital de Bariloche. De un día para el otro estaba en coma y así comenzó un período del que no recuerda nada. Además del tratamiento, él atribuye su asombrosa recuperación a la vida sana que siempre llevó. «Yo nunca tuve vicios y por el trabajo en el campo, siempre ando moviéndome, creo que eso fue muy bueno para poder salir adelante», comenta.

Su novia estuvo contagiada, algo esperable porque se trata de la única cepa del hantavirus transmisible entre humanos, pero ella no presentó síntomas. A su familia, le dieron el peor de los panoramas: bajísimas posibilidades de supervivencia. Organizaron entre amigos y vecinos cadenas de oración, como si estuvieran al pie de la cruz, hasta que el Nazareno de los Andes volvió de la muerte.

¿Le cambió mucho la experiencia? «La verdad que no. No tengo un trauma con las ratas ni nada, solo me lavo las manos más seguido. Yo antes jineteaba y he tenido otros accidentes, he quedado inconsciente. Entonces ya es medio común para mí, tengo más vidas que un gato», responde con simpatía criolla.

El tratamiento experimental

El médico que logró salvar a Nazareno se llama Fernando Tortosa, está a cargo de la unidad de epidemiología del Hospital de Bariloche y también investiga en la Universidad de Río Negro. Con 18 años de experiencia, es una de las voces clínicas de referencia internacional en el estudio del hantavirus Andes Sur.

El tratamiento experimental que lleva adelante consiste en la utilización de tocilizumab, un fármaco para bloquear a los receptores de la interleucina 6, que es una proteína del sistema inmunológico reguladora de la respuesta inflamatoria y la fiebre. Tortosa explica que el hantavirus adquiere sus fases más agresivas «por la respuesta inflamatoria exagerada del organismo, no tiene que ver con la presencia del virus en sí mismo». El tocilizumab no actúa como un antiviral, sino que intenta frenar esa «cascada inflamatoria» que puede dañar los pulmones y el sistema cardiovascular en los pacientes graves.

Fernando Tortosa trata pacientes con hantavirus hace 18 años.

Fernando Tortosa trata pacientes con hantavirus hace 18 años.Universidad de Río Negro

La experimentación lleva algo más de dos años, en los cuales el hospital de Bariloche recibió 13 pacientes con hantavirus. Tres de ellos no reunían los criterios por no estar graves, otros dos llegaron al hospital en una fase demasiado avanzada de la enfermedad y fallecieron, y para otros tres el equipo médico no pudo contar con los fármacos. De los cinco restantes, cuatro sobrevivieron, entre ellos Nazareno. Hay otro más internado en estos momentos, un joven de 29 años, y también se está recuperando con el tratamiento del doctor Tortosa.

«Por ahora son pocos pacientes», reconoce el profesional, pero explica que es una línea de investigación clínica interesante para una enfermedad para la que todavía no hay una terapia específica aprobada. Y recuerda que el mismo fármaco también se utilizó en pacientes con coronavirus con cuadros graves. El costo estimado es de cinco millones de pesos argentinos por paciente, equivalente a 3.000 euros.

Tortosa, además, trabaja en un modelo de evaluación de riesgo para anticipar qué pacientes contagiados tienen más riesgo de avanzar hacia formas mortales de la enfermedad. Esa información puede evitar manejos clínicos inadecuados que agraven el daño respiratorio, en el contexto de una enfermedad que no suele generar un shock cardiogénico clásico, sino alteraciones «en la perfusión tisular», lo que puede favorecer la fuga de líquido hacia los tejidos y dificultar que la sangre oxigene los órganos. Por eso, subraya la importancia de avanzar hacia un soporte clínico adecuado y llegar a «la decisión correcta sobre cuándo recurrir a ventilación mecánica».

El especialista confirma que la mayoría de los casos coinciden con el perfil de Nazareno o del paciente actualmente internado: hombres jóvenes que, por sus trabajos o la ubicación de sus viviendas, están expuestos al peligro que porta el ratón colilargo. Un caso muy distinto es el del español contagiado, de 70 años, que al cierre de esta edición permanece internado en el Hospital Gómez Ulloa de Madrid, con síntomas pero estable, aislado junto a los otros pasajeros del crucero, quienes no han presentado manifestaciones de la enfermedad.

«El mayor riesgo es en la zona periurbana, con la acumulación de desechos y especialmente de leña alrededor de los hogares», considera Tortosa. Y asegura que los casos en turistas son muy infrecuentes, pero que, para disminuir los riesgos, recomiendan que no hagan senderismo por caminos que no estén habilitados.

Otro de los responsables del área de epidemiología del Hospital de Bariloche, Rodrigo Bustamante, pone el foco en las dificultades para la detección temprana que entraña el hantavirus. En la zona de cobertura del centro de salud hay una población estable que supera los 200 mil habitantes, a la que se suma el flujo millonario de turistas. «Hace dos años tuvimos un pico de seis casos, y ahora vamos por el tercer caso del año. Es muy baja la incidencia de la enfermedad, pero toma relevancia por el desenlace que suele tener», apunta Bustamante.

«Empieza muy parecido a un cuadro gripal leve, con fiebre, tos, dolor de cuerpo, decaimiento. O también se lo puede confundir con un cuadro gastrointestinal con diarrea y vómitos o una gastroenteritis viral que le puede ocurrir a alguien que comió algo y le cayó mal»

En ese marco, para el sistema de salud es complicado el diagnóstico ante los primeros síntomas. «Empieza muy parecido a un cuadro gripal leve, con fiebre, tos, dolor de cuerpo, decaimiento. O también se lo puede confundir con un cuadro gastrointestinal con diarrea y vómitos o una gastroenteritis viral que le puede ocurrir a alguien que comió algo y le cayó mal», aclara el profesional. Y añade que «a partir del tercer o cuarto día, si el paciente empieza a tener dificultad para respirar, entonces se puede sospechar que es hantavirus».

Desde ese punto, se piden placas de tórax y hemogramas con recuento de plaquetas. Si los valores dan normales, se le indica al paciente que vuelva a su casa y que si continúa con los síntomas vuelva a consultar en 48 horas, para repetir los estudios. «Si vemos que hay una alteración en los valores, principalmente descenso de plaquetas, se realiza PCR o serología, que son las técnicas de diagnóstico para hantavirus», comenta Bustamante. Y agrega que, por el alto coste de la prueba PCR, «se intenta filtrar un poco y realizarla a los que realmente tienen una alta sospecha, y no a cualquier paciente». «Porque si no, con tener fiebre y vivir en Bariloche ya habría que hacerla», marca.

Bustamante describe que, una vez que el paciente ingresa en la fase pulmonar, el avance es «drástico»: «Puedes estar hablando con la persona perfectamente y que en dos o tres horas pase a estar internado en terapia».

Los protocolos de aislamiento

Una vez que se confirma un caso, el equipo del hospital busca rastrear sus contactos. «Si la persona está en condiciones de hablar —porque muchas veces pasa que entra directamente a terapia muy grave y no puede hablar— entramos a la habitación con todos los cuidados para que nos diga dónde estuvo los últimos días y con quién», relata Bustamante. La importancia del rastreo radica en que es la única cepa de hantavirus transmisible entre humanos, como quedó demostrado en el pico de contagios ocurrido en 2018 en la localidad también patagónica de Epuyén, donde la diseminación de la enfermedad se dio a partir de una fiesta familiar.

A los contactos estrechos de los pacientes se les ordena un aislamiento estricto durante 21 días, en los que se les realiza un seguimiento telefónico para ver si presentan algún síntoma, y en ese caso se les envía una ambulancia para directamente examinarlos y eventualmente internarlos.

Otro punto de conflicto tiene que ver con el estigma social que genera «el janta», como lo pronuncian todos en la Patagonia, tanto argentina como chilena, donde también tiene presencia. «La enfermedad ya tiene una fama y la gente en general quiere saber dónde viven los pacientes, como si pasar cerca de una casa pudiera ser un problema», afirma el doctor Tortosa. Bustamante señala que, ante esas situaciones, guardan con cautela los datos de los enfermos: «No se dan los nombres, ni siquiera el barrio, porque se genera una psicosis y no tiene ningún sentido».

Nazareno, en tanto, valora el apoyo que recibió su familia por parte de la comunidad barilochense y no considera que el episodio le haya quedado como un trauma. «Creo que soy bastante fuerte psicológicamente, así que no. Retomé mi vida de a poco pero normal», reflexiona. También desmiente el bulo que circuló en los últimos días sobre la supuesta reducción del tamaño del pene que causa el hantavirus. Entre risas, contesta: «Es al revés».