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El Mundo
Rebeca Yanke · 2026-05-03 · via Premium

En la familia de Iñaki Iriarte (Pamplona, 1971), profesor de Historia del Pensamiento Político en la Universidad del País Vasco, hubo siempre un gran misterio. «De niño creía que había tenido un tío abuelo que trabajó para el Times y al que fusilaron en Egipto por espía», recuerda. Un tío abuelo que, de alguna manera -quizá literaria-, le emparenta con el legendario clan de los Durrell:el de Gerald (Mi familia y otros animales) y el de Lawrence (El cuarteto de Alejandría).

Ahora el profesor Iriarte, que también fue diputado en el parlamento de su comunidad, publica El columnista. Amor y mentiras en un mundo en guerra (Ed. Almuzara), su investigación sobre dicho misterio familiar: el que rodea al matrimonio de su tía abuela, Nieves Fernández, con el periodista británico Keith Scott-Watson. Una relación nacida «entre los ecos de las bombas sobre Guernica y apagada en Palestina durante la batalla de Jerusalén», acota el autor.

«Luego, de más mayor -sigue rememorando Iriarte a través de videollamada- me fui percatando de que hay informaciones confusas y de que el recuerdo es grumoso». Cuenta que lo que ha hecho es desentrañar cierta «memoria histórica a través de la memoria familiar», pero reconoce que la traslación de ésta se parece al juego del teléfono escacharrado. «Alguien ha dicho una cosa, tú la cuentas deformada sin ser consciente de que la estás deformando, el siguiente la deforma más y, al final, queda una impresión muy vaga de un personaje», matiza.

Nieves era bastante particular: ensalzaba a La Pasionaria y rezaba fervorosamente a Cristo. Keith era pintoresco. Fue ayudante de Sefton Delmer, el periodista británico que consiguió una entrevista con Adolf Hitler en 1931, fue corresponsal en España para Daily Herald y The Star durante la contienda -confirmó el bombardeo de Guernica para diversos medios, también radiofónicos- y llegó a tener un encuentro con el militar español Queipo de Llano.

En el libro, Nieves Fernández es la comunista y también la más guapa, la loca y la madre desesperada. En casa de Iriarte, a Keith Scott-Watson se le veía como alguien «sin atributos morales». Un hombre que ni siquiera se llamaba como firmaba en sus informaciones en la prensa y que acabó muriendo...

Pero no desvelemos de momento el final. Digamos que, según las andanzas que recoge en Single to Spain (Billete de ida a España), Scott-Watson, que en realidad se llamaba James Henry, fue testigo del bombardeo de Guernica, de las últimas sesiones de las Cortes Republicanas, de la voladura del Castillo de Figueras y del fusilamiento del Obispo de Teruel. El periodista pareció haber estado en todos los acontecimientos relevantes que se iban sucediendo en la España del 36 y después. En el momento exacto. Junto a la persona idónea para poder escribir, en sus crónicas, hasta el mínimo detalle. ¿Pero realmente fue así? ¿Cómo conoció a Nieves, que por aquel entonces estaba empleada del Hotel Carlton de Bilbao? ¿Era comunista, como ella? ¿Acaso fueron espías los dos?

En el volumen se lee: «Nieves había entrado antes de la contienda a trabajar como recepcionista en el mejor hotel de Bilbao, el todavía hoy emblemático Gran Hotel Carlton. Aquel había abierto sus puertas en 1926 y en él, tal cual decía, Nieves pudo atender al poeta Federico García Lorca, quien se alojó y dio una conferencia en el lugar en enero de 1936. En su cuaderno, Nieves deja caer que no era una trabajadora muy responsable: a menudo llegaba tarde, pero, gracias al privilegio de su buena presencia, conseguía que sus superiores no la castigaran mermando su salario. Le gustaba vestir bien e ir maquillada. Era, en definitiva, coqueta y muy consciente del gran efecto que su belleza causaba entre los hombres».

Pese a su título, El columnista no comienza con él sino con ella. En concreto con los recuerdos, en absoluto grumosos, de un Iriarte que va a visitar a sus tías mientras estudia la carrera en Madrid. A Nieves, mayor y silenciosa, le brota una voz gutural cuando Iriarte cuenta que se va de vacaciones a Atenas. «Yo tuve un niñito en Atenas.... En el hotel de la Gran Bretaña... Y se me murió en Egipto», le confesó.

La estancia de los Scott-Watson en ese país, así como en Grecia y en Palestina, se narra en el libro sin teléfono escacharrado. Es el relato de lo vivido por un matrimonio que vivía peligrosamente en los años más arriesgados del siglo XX, saltando de país en país. Y el fruto del abordaje de Iriarte a decenas de universidades y archivos en esos y otros países del sobrino que recordaba vagamente las visitas a Pamplona de la tía Nieves, que traía chocolates de Londres. «Ahora sé que hace 30 años no podría haberlo escrito;no sin las hemerotecas digitales que hay ahora», detalla.

El resultado es la historia más verídica posible entre un periodista británico alistado en las Brigadas Internacionales «al iniciarse la guerra de España» y una joven comunista que también trabajó para el Gobierno vasco. Recapitulemos: huyeron juntos a Francia, Alemania, la ciudad libre de Dánzig, Roma, Atenas, El Cairo y Jerusalén.

El autor no tiene la intención de engrandecer la figura de su tío abuelo inglés, sino la de esclarecerla lo máximo posible. De ahí que lo describa como un «Gran Gatsby», un «fabulador» que circunscribe a un tipo de periodismo, el de principios del siglo XX, que ya estaba muy desarrollado (Daily Herald tenía entonces 300.000 lectores) pero precisaba de color constantemente porque las guerras eran largas y no abundaba la imagen. En las palabras de Iriarte se vislumbra también la personalidad de Scott-Watson: era capaz de cometer los peores errores por las mejores razones. «Su llegada a España es sospechosa, y que fuera contratado por Sefton Delmer, que sí tenía contactos con los servicios secretos, también. Parece estar en todos lados».

Tras el bombardeo de Guernica, las comillas de Scott-Watson describiéndolo aparecieron en numerosos periódicos de la época. A partir de entonces, se convierte en redactor de plantilla del Daily Herald. Como si haber estado en tal tragedia le hubiera proporcionado la credibilidad suficiente para conseguir el puesto. «Quizá su vivencia, relatada en tantos papeles le granjeó el contrato», dice Iriarte. No era extraño, por aquel entonces, que los corresponsales de guerra emplearan el oficio como tapadera de distintas actividades. Entre ellas, las relativas al espionaje.

Iriarte también ha recopilado los informes policiales relativos a Scott-Watson durante su estancia en Roma con Nieves. «La Policía italiana, que lo sigue, informa de que ha ido a visitar a Queipo de Llano, que en ese momento está en la capital», resume. Y se pregunta: «¿Por qué este hombre de izquierdas va a entrevistarlo?». Y también por qué, de ser así, no hay una sola línea publicada. «Hoy se sabe que Queipo de Llano estaba recibiendo dinero de los servicios secretos para que España no se metiera en la guerra. Que mi tío abuelo fuera espía, o que fuera correo o que fuera algo... encajaría. Explicaría por qué un rojo antifascista va a visitar a un tipo con el historial represivo de Queipo de Llano. La propia invención de una biografía como periodista podría estar detrás de esta posibilidad», argumenta.

El oficio como coartada. A esta hipótesis se suma, a juicio de Iriarte, el hecho de que publicara Single to Spain apenas tres meses después de volver de España y que, allí, hiciera amistad con Esmond Rossily, sobrino de Winston Churchill, también miembro de las Brigadas Internacionales. «Quizá lo mandaron para controlar por qué ambientes se movía. Se produce la batalla de Boadilla y repatrían al sobrino de Churchill, pero él sigue trabajando en España. En Jerusalén lo hace para la oficina de prensa británica». Iriarte ha podido comprobar que, hacia 1942, la Palestinian Information Office evacúa a todo el personal británico. Scott-Watson, sin embargo, permanece durante todo el sitio de la ciudad en un hotel «con su nuevo amor judío». El sobrino nieto se pregunta: «¿Por qué no lo sacaron? ¿Se queda por amor o porque le mantenían como enlace?».

Son preguntas que se multiplican a medida que se avanza en la lectura de El columnista. Las respuestas parecen estar en el aire hasta la última imagen que de Nieves tiene su familia. La comunista, la guapa, murió en 2008 en una residencia de Pamplona. Sus sobrinos hallaron después, en la casa de Madrid, una carta de 1948 firmada por Scott-Watson que empieza fuerte y termina incendiaria: le acusa de haber tenido amantes en cada puerto.

«Recordarás que a los pocos meses de casarnos tuviste una aventura con Pedro Basaldúa, tu último jefe en el Gobierno vasco. Al mismo tiempo, te jactabas de haber tenido otra porque querías 'vivir la experiencia'. (...) En Roma, en 1939, comenzaste una nueva relación con un escritor italiano. En Grecia, en 1940, cuando estabas embarazada, acepté olvidar el pasado y empezar una nueva vida. Unos meses después de nacer nuestro hijo, comenzaste una relación inmoral con el estudiante griego Yanik Merlin. Meses más tarde, en El Cairo, me causaste un daño considerable al proclamar tus opiniones comunistas, no en discusiones políticas, sino en escenas públicas y en ataques contra mis superiores. Recordarás el escándalo que armaste en una recepción de la embajada, ofrecida por sir Walter Smart, cuando te levantaste e insultaste al ponente».

La escena del «escándalo en una recepción de la embajada» aparece también en For the rest of our lives, novela del irlandés Dan Davin sobre El Cairo de la Segunda Guerra Mundial, y al que Iriarte cita en la segunda parte de su libro. Scott-Watson llegó a ser un habitual entre los escritores británicos de la capital egipcia de la época, como Lawrence Durrell y Olivia Manning. Pero otras fuentes recogidas contradicen que Nieves fuera una femme fatale de la relevancia que recoge la carta de su marido ¿Era la comunista una matahari? Iriarte lo duda.

En aquella ciudad y en aquel ambiente es donde enferma el hijo de la comunista y el columnista, Jon Ebro -bautizado así por la batalla-, que muere tras ingerir un medicamento contraindicado. Algo que Nieves no se perdonará nunca y que relata en su diario:el que conserva su sobrino-nieto y, ahora, menciona también en su libro.