La asturiana se muestra más libre y segura que nunca en un momento vital en el que todo parece estar en orden. Tras intensos meses de rodaje, hablamos con ella en una sesión donde no faltan las gafas Polaroid y la mejor moda.
Actualizado

Paula Echevarría con gabardina de piel, de Sportmax. Gafas, de Polaroid. Joyas, de Agatha Paris.
Esta sesión de fotos tiene lugar con la actriz recién llegada de Canarias, donde ha terminado de rodar A la deriva, la serie para Atresmedia que protagoniza junto a Daniel Grao y Michel Noher. Es su primer día de vuelta a casa y por eso prefiere acudir a la cita justo después de dejar a sus hijos en el colegio. A fin de cuentas, este último mes casi no ha visto a su familia, a la que apenas ha podido dedicar unas horas cada semana, avión mediante.
Paula Echevarría (Asturias, 1977) llega puntual y dicharachera, equilibrando la cordialidad con un evidente motor ejecutivo. No le gusta perder el tiempo y ha venido a trabajar, así que, ya que el tráfico impío de Madrid ha sido clemente, mejor no enredarse en naderías.
Se considera hija adoptiva de Madrid, pero alto ahí, Candás, su pueblo, sigue siendo su cable a tierra. Asturias es para ella sinónimo de familia, de infancia y de amigos de toda la vida. En ese paraíso verde también se han debido de quedar los pretéritos perfectos simples propios de su tierra, arrasados por los 26 años que lleva en la capital. No obstante, alguno ha sobrevivido y se cuela como un polizón en la conversación.
La charla transcurre eficiente y Paula, 100% segura y profesional, responde sin dudas, directa, natural. Viene con la cara lavada (antes de pasar por boxes), con jeans y deportivas, un must rutinario desde que nació su hija Daniella, hace ya 17 años: "Dejé de usar tacones porque pensaba que me caería con ella en brazos. Empecé a ponerme zapatillas y nunca más me las he quitado", confiesa. En esta sesión luce fantástica a sus 48 años, a veces enigmática tras unas Polaroid, la firma de gafas que acompaña este shooting.
Su rostro es habitual en televisión desde los primeros 2000, ha trabajado en cine y también es imagen de diversas campañas publicitarias. Ha pasado por series como Al salir de clase, El comisario, Gran reserva y Velvet; en el celuloide se ha puesto a las órdenes de directores como José Luis Garci (Luz de domingo y Sangre de mayo); desde 2024 es jurado en el concurso Got Talent de Telecinco, y acumula unos suculentos cuatro millones de seguidores en redes sociales, con un claro protagonismo de Instagram. Así las cosas, es una actriz influencer...

Top, falda y pendientes, de Bottega Veneta. Stilettos, de Dior.
- ¿Cómo va de morriña una asturiana en Madrid?
- Llevo ya más años fuera que allí, pero creo que todos seguimos siendo un poco de la tierra donde nacemos. Asturias es el sitio al que siempre quiero ir para reencontrarme con mi familia. Todos están allí y eso tira mucho. Mis padres, mi hermano, mis sobrinas y también mis amigos de toda la vida. Es mi lugar. De todos modos, vivo en las afueras de Madrid, en un lugar rodeado de verde, con paz y tranquilidad. Realmente como un Asturias II.
- Hay gurús de la moda que demonizan algunas prendas para señoras de determinada edad. ¿Te influye?
- Me importa cero. Nada tiene edad, y menos hoy en día. Hace años, quizá sí era más habitual y, de hecho, una mujer de 40, casada y madre, no se ponía una falda corta. A mi propia madre se lo he escuchado, incluso. Ahora, ahí tienes a mujeres que rondan los 60, Demi Moore o Marta Sánchez, que están espectaculares. Lo que importa es cómo te queda y cómo te sientes.
- Si no es la edad, ¿tienes alguna línea roja en tu armario?
- Si algo no me sienta bien o no me veo favorecida, no se me pasa por la cabeza ponérmelo, aunque sea tendencia.
- ¿Priorizas el fondo de armario?
- Por regla general sí. En mi día a día suelo ir superbásica, porque para interpretar un papel tengo que ponerme la ropa de mi personaje o la que toque si es un shooting. Hace tiempo sí le prestaba más atención a mis looks, pero con los años... En mi tiempo libre, si salgo a cenar, sí me gusta jugar un poco más, pero sin volverme loca.

Jersey, de Tory Burch. Braguita, de Fendi. Botas, de Jimmy Choo. Joyas, de Bvlgari. Gafas de Polaroid.
- ¿Eres nocturna? ¿Te gusta salir?
- De vez en cuando me encanta y me lo paso pipa, pero soy 100% diurna. En mi vida cotidiana madrugo muchísimo. Cuando no trabajo, a las 7h estoy en pie todos los días, y si tengo rodaje, a las 5.30h estoy levantada. Es algo que no me cuesta nada y me gusta aprovechar muy bien las mañanas, porque por la tarde sí remoloneo más. Si algún día se me pegan un poco las sábanas y me levanto a las 8.30h o las 9h, ya siento que voy tarde a todo y que he perdido el tiempo.
- Te muestras con amigas. ¿Qué lugar ocupan en tu vida?
- Son una parte fundamental, tanto para lo bueno como para lo malo. Puedo decir que tengo unas amigas que celebran mis éxitos como si fueran suyos y lloran mis penas también como si fueran suyas. Cuando eres muy joven no eres consciente de la falta que te pueden llegar a hacer las amigas hasta que la vida te pone situaciones donde lo compruebas. Y yo me he visto ahí. Por un lado, están las de toda la vida, las del pueblo, con quienes hablo a diario y a las que sigo viendo. Y también están las que he hecho en la madurez, esas que te vas encontrando.
- Son como regalos, ¿no?
- Totalmente. Cuando vives fuera de tu tierra, al final se convierten en una parte muy importante de tu familia. En mi grupo de Pencas, que así nos llamamos aunque sea un nombre muy feo, están, por ejemplo, Elena Hernández y Ana Tenorio, mi representante desde hace 26 años [ambas presentes en esta sesión fotográfica].
- Dime un plan perfecto con ellas.
- El que sea. Da igual. Sabes que tienes las amigas perfectas cuando lo de menos es el plan. Podemos estar en pijama en una casa viendo la tele y tomándonos una infusión, y ser un plan perfecto.

Vestido, de Balenciaga. Salones, de Prada. Anillos y pendientes, de Tous. Anillo transparente, de Susmie's.
- Has terminado de rodar A la deriva, ¿cómo ha ido?
- Ha sido muy intenso, porque durante cinco meses prácticamente no he tenido vida. He sido más horas al día mi personaje que yo misma y he compartido muchísimo más tiempo con mis compañeros de trabajo que con mi propia familia o amigos. Pero estoy muy satisfecha y creo que esta va a ser una serie muy importante. Seguramente se estrenará en la última parte del año.
- Se ha rodado una parte en Canarias, ¿mucho avión de idas y venidas a casa?
- Allí hemos estado el primer mes y el último. Los tres centrales, en Madrid. Los fines de semana volvía, aunque fuese para estar apenas 24 horas, pero mis hijos lo necesitan y yo también. Ha sido un poco paliza, pero te llena el corazón de muchas cosas y siempre compensa.
- ¿Qué papeles te gustaría que te ofrecieran?
- Como actriz que soy, lo que espero es que me propongan algo que no haya hecho nunca. Lo que más me gusta de mi profesión es poder tener muchas vidas dentro de una sola. A veces es incómoda, pasas frío y calor, tienes que reír cuando a lo mejor quieres llorar y al revés, pero siempre pienso en la suerte que tenemos de poder vivir tantas cosas a las que una persona normal no tiene acceso.
- ¿Tienes alguna espinita clavada?
- He hecho muchas cosas y todo me ha gustado, ¡pero me encanta la comedia! Ojalá me llamen para hacer reír, que estoy harta de llorar [bromea]. Además, ¡yo soy muy graciosa!

Total look, de Prada. Joyas,de José Luis Joyerías.
- Hace bastante que no trabajas en el cine (Si yo fuera rico, de 2019). ¿Lo echas de menos?
- Yo nunca he diferenciado demasiado el cine de la televisión. Para mí han ido siempre de la mano, porque implican ponerse delante de una cámara e interpretar. Sí es verdad que en el cine te dan más tiempo para todo, pero hoy en día la tele se hace tan bien que incluso se rueda. Ya no es como hace 26 años, cuando empecé, que era casi como hacer churros. Ahora se hacen películas para emitirse en las plataformas y están hechas prácticamente de la misma manera.
- Vamos menos al cine porque nos quedamos en casa con nuestras teles enormes y nuestro sofá. ¿Y tú?
- En el día a día soy de sofá. Como cualquiera, cuando terminas de cenas y baños, me siento un rato antes de irme a dormir. Cada vez tenemos televisores más grandes que son casi pantallas de cine y hay tanta oferta que es muy fácil quedarse. Pero sí me gusta ir al cine a ver una película a la que tengo ganas, aunque luego vuelva a verla en casa. El cine es romanticismo y las palomitas, la Coca-Cola y el sonido envolvente son también parte de la experiencia.

Top, de Louis Vuitton. Falda, de Adolfo Dominguez. Brazaletes, de Emporio Armani. Gafas, de Polaroid. Pendientes, de Susmie's.
- Tu hijo pequeño va a cumplir 5 años y la mayor tiene 17. ¿Los has criado de modo diferente?
- No, salvo porque la casa era diferente, la situación familiar, el padre... Pero en lo que respecta a mí, lo he hecho de la misma manera.
- ¿Buscas consejo en los expertos en educación que tanto se llevan?
- No, aunque sé que hay gente a la que le ayuda mucho. Cuanto más leo y más cuentas veo en redes sociales, más se me llena la cabeza de pájaros. Al final, prefiero el instinto de una madre. Yo llamo mucho a la mía. Ella es mi gurú. Ha tenido dos hijos y tres nietas a las que ha criado de verdad, y ahora tiene un cuarto. Hay una corriente en contra de las abuelas, porque les dan galletas a los niños y esas cosas, pero yo me fío de ella al 2000%. Y si le da a mi hijo bizcocho a las 7 de la tarde, me aguanto. Los tiempos han cambiado mucho, pero me crio muy bien. No entiendo ese hate hacia ellas.
- Daniella está al borde de la mayoría de edad. ¿Cómo llevas la adolescencia?
- Muy bien. Tengo una hija muy tranquila. Apenas sale y le encanta estar conmigo. Acabamos de estar una semana de viaje las dos juntas.
- Perdóname, pero buscaba yo un poquito de drama sobre este particular...
- Es que yo ya estoy de vuelta. Por supuesto que no ha sido todo tan ideal. A los 14 años tuvo esa época complicada de mirarme como si no me soportara y de llevarme la contraria en todo: si yo decía blanco, ella, negro. Siempre ha sido muy empática y durante ese tiempo toda esa empatía desapareció. Pero le duró un año y medio. Y se acabó.
- O sea, una adolescencia de libro.
- Totalmente, y nunca mejor dicho. La cosa empezó a mejorar cuando leí uno que me recomendó una terapeuta, ¡La adolescencia se termina!, y me relajé. Dejé de agobiarme porque no saliera de su cuarto, porque no lo recogiera, por las caras de condescendencia, porque no me contase nada a no ser que ella quisiera... Entendí que no era cosa suya, sino de la edad. Esa etapa en la que, de repente, en el peor momento, vienen y quieren hablar contigo y tú sabes que tienes que soltar lo que tengas en la mano y ponerte a escuchar. Eso ya pasó. Desde los 15 todo empezó a mejorar.
- ¿Estáis en ese punto de ser incluso amigas?
- Sí, pero ella es mi hija y yo soy su madre. No se sube a la parra en absoluto y me respeta al 500%. Estamos en ese momento de irnos juntas de viaje, a cenar, a ver un musical...

Vestido, de Gabriela Hearst. Gabardina, de Roberto Verino. Joyas, de José Luis Joyerías. Zapatos, de Sportmax. Gafas, de Polaroid.
- Con 3,7 millones de seguidores sólo en Instagram eres toda una señora influencer.
- Sí, se puede decir yo abrí ese melón.
- ¿Has temido alguna vez que haya alguien que piense que eres más una creadora de contenido y modelo publicitaria que actriz? ¿Te ha condicionado de alguna manera?
- Nunca temí nada. Jamás. Siempre hice lo que me apetecía en cada momento. Y hoy, a mis 48 años, doy gracias por haber hecho lo que me daba la gana y no dejarme influir por lo que pensaran los demás. Porque sí estaba mal visto y sí, sé que a mí se me ha considerado menos actriz que a otras por hacer publicidad o por hacer contenido en redes, pero me ha dado igual.
- Te veo muy libre...
- Mi meta en la vida es que el día que muera me pregunten si he sido feliz y poder decir "sí, lo he sido y he hecho lo que he querido". Mi única meta es ser libre.
- En las redes sociales a muchos se les suelta la lengua detrás de un perfil anónimo y, a veces, ni eso. ¿Cómo llevas a los haters?
- Lo tomo como un caso perdido hasta que las redes decidan hacer algo para evitarlo. Se puede decir que algo no te gusta, pero hay situaciones que rozan la delincuencia y la violencia. No lo digo por mí, porque no me meto en muchos jardines normalmente, pero leo y veo cosas tremendas. Hasta que no se haga un control exhaustivo de quién está detrás de cada nombre y cada comentario, no va a cambiar nada y no sé por qué razón no interesa. ¡Si para tener un simple abono de transporte casi tienes que dar la partida de nacimiento!
- ¿Eres deportista? En caso afirmativo, ¿te cuesta o lo practicas felizmente?
- Hago deporte desde que tengo uso de razón, no me da ninguna pereza. A los 14 le pedí a mi madre que me apuntase al gimnasio de mi pueblo y desde entonces no he parado, literalmente. No me mato ni soy una máquina, pero nunca he parado de hacer ejercicio, ni cuando me mudé a Madrid y me daba vergüenza apuntarme a algún sitio. En aquel tiempo me compré el DVD de Mantente en forma con Cindy [Crawford] y lo hacía en casa.
- En publicidad, ¿sigues algún criterio para aceptar una campaña?
- No he hecho nunca nada en lo que no crea. Todos los productos los pruebo antes de hacer el anuncio. Eso se nota y si funciona es porque hay verdad en lo que cuento.
- ¿Recurres al look gafas y gorra para pasar desapercibida?
- No, porque te miran el doble. Siempre que ves a una persona con intención de ocultarse piensas "tiene que ser alguien". No obstante, me gustan mucho las gafas de sol, tengo muchísimas. No sólo son un complemento de moda para mí, sino que las necesito porque me molesta mucho la claridad. No salgo sin ellas.
- Eres famosa, ¿te limita para algo tanta popularidad?
- No me apetece ser conocida 24 horas al día, ir al súper a comprar un melón y que me observen para ver si lo he elegido bien; o ir al Primark de Gran Vía [Madrid] a comprarme unos pantalones y que haya 10 señoras esperando a ver cuál elijo para coger el mismo. Pero nunca hago nada para evitarlo, porque creo que si lo hago, acabaré llamando más la atención. Mi criterio es ser natural. Si quiero ese pantalón, ¿qué hago? ¿No voy? Cuando nació Daniella, me pasó igual. ¿Iba a dejar de ir a ver los Cantajuegos o al parque? Ni quería ni quiero renunciar a hacer una vida normal.
- ¿Cómo llevas que te aborden desconocidos?
- Bien, porque a los actores la gente se nos acerca, pero con tranquilidad. El nivel de acoso que experimenté cuando estaba casada con David Bustamante no lo he vivido con nadie. El hecho de que la gente lo hubiese votado en Operación Triunfo les hacía creer que era un poco de ellos.
- Tu actual marido (el exfutbolista Miguel Torres Gómez) es más joven que tú (40 años). Estamos más acostumbrados a que el hombre sea el mayor en una relación. ¿Te genera cierta presión estética?
- En absoluto. Con 20 años, a las mujeres les gustan los hombres mayores, porque maduramos antes, pero llega un momento en el que nosotras estamos mucho más guapas y mejor conservadas que ellos. Estamos para echarles un pase a todos [risas].
- Estás en Got Talent. ¿Tienes algún talento desconocido?
- Me encantaría tener el don de cantar o subirme a un aro, pero no, ¡lo que ves es lo que hay!

Chaqueta y sujetador de Dolce & Gabbana. Gafas de Polaroid. Pendientes de Tous.
Dirección de moda: Charo Lagares.
Maquillaje y peluquería: Miguel Álvarez (Ten Agency).
Producción: Asha Martínez.
Asistente de fotografía: Isabel Andueza.
Asistente de estilismo: Sandra Pardo.
Asistente de producción: Emmanuel Fernández.



























