Magnética y versátil, Leonor Watling -Premio Yo Dona Poder femenino 2026- pertenece al selecto club de artistas que han brillado tanto en el cine como en la música. En estos tiempos convulsos, reivindica la bondad como forma de poder.
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Top plisado con adorno floral, de Isabel Sanchís. Pantalón, de Simorra.LUPE DE LA VALLINA
Existen muchas Leonores dentro de una misma Leonor: la Leonor que da botes a ritmo de trap, la que juega a la goma con una imponente falda naranja o la que muestra la espalda cubierta con una sofisticada mantilla. Ahí reside buena parte del carisma de esta actriz, en la que conviven lo contemporáneo y lo atemporal, lo cercano y lo inaccesible, la ironía y la seriedad.
Leonor Watling puede parecer una chica normal al llegar a la sesión de fotos –cazadora marrón, pantalón verde, gafas y cola de caballo– y minutos después transformarse en una diosa ante la cámara. No le basta con ponerse la ropa, sino que dialoga con las prendas y las llena de matices.
La intérprete no sólo obedece las instrucciones de la fotógrafa Lupe de la Vallina, sino que colabora y ofrece todo tipo de ideas. "¿Por qué no me ponéis un escaloncito?" o "¿no tenéis un celo para pegarme la goma al zapato?", sugiere al equipo de producción.
Disfruta de la sesión y se entrega al proceso creativo con la misma naturalidad y cercanía que desprende fuera de los focos. «Ha habido un momento en el que me decían: pon el pie izquierdo más abierto y la mano más a la derecha y me recordaba al juego Enredos», afirma divertida al terminar el shooting.
La actriz acaba de recibir el Premio YO DONA Poder Femenino 2026, pero no se da ninguna importancia: "Me parece superbonito, pero no voy a tomármelo en serio para que no se me suba. Me hace muchísima ilusión, porque sentir que tienes trabajo ya es increíble y si además lo que haces se ve y gusta, es maravilloso. Es como el hat-trick del fútbol".

Blusa, de E.R.A.X. Top lencero, de Marina Rinaldi. Falda, de Pedro del Hierro.LUPE DE LA VALLINA
- Quieras o no, eres un referente para muchas mujeres.
- Me cuesta mucho. Mi manera de ser poderosa, si lo soy, es desde un lugar de mucho cuidado y de enseñar que la fragilidad te hace fuerte. También me gusta reivindicar la bondad. Creo que hay como una contractura con poder, fuerza y alfa. La expresión macho alfa la acuñó un zoólogo que estudiaba a los lobos. Pero el lobo macho alfa no es el más bravucón, sino el que mejor cuida de la manada. O sea, no es este concepto que tenemos ahora de testosterona.
- ¿Cual sería la mayor conquista de las mujeres?
- ¡Qué difícil! ¡Esta pregunta no me la he estudiado! [Ríe] La presencia en la conversación. Me da mucho pudor, porque ésta es mi percepción personal. O sea, yo no soy ministra de nada. Avanzamos bastante con una sensación de unidad, pero en estos últimos cinco años ha habido un tirón para atrás y una reacción de los megabros de que las mujeres tienen que quedarse en casa y estar muy delgadas. No sé si a ti te da esa sensación.
- Sí, la machosfera está muy activa en las redes.
- Está muy reactiva. Hay una frase que me encanta que es que el machismo es que un hombre tiene una bota en el cuello de una mujer. El feminismo es decir: "¿Me puedes quitar la bota, por favor, que no estoy cómoda?". Y la mujer que tiene muy integrado el patriarcado se enfada con las otras mujeres y pregunta: "Yo he aguantado toda la vida así, ¿ahora tú de qué vienes a quejarte?". Y el verdadero machista dice: "Pero, ¿de qué bota me estás hablando?".
- En el cine sí que ha habido un gran cambio con muchas más mujeres directoras y guionistas narrando historias que no se habían contado anteriormente.
- Y dentro de los equipos también. Debe de ser la misma sensación que se tuvo cuando acabó la Inquisición y todos esos científicos maravillosos cuyos libros ardieron en las hogueras, de repente, pudieron volver a publicar. Ahora, dicen que nos estamos inventando escritoras y pintoras y piensas: "¡No, perdona, ya estaban ahí!". Me da la sensación de que estamos como en una época de Post-Inquisición, porque nosotras nos hemos criado sin una presencia de mujeres en ningún museo.

Blusa, de Schiaparelli. Pantalón, de Roberto Verino. Pendientes Juste un Clou y anillo Clash, de Cartier.LUPE DE LA VALLINA
- Y en los rodajes, ¿en qué se nota el aumento de la presencia femenina?
- Hay más mujeres en puestos de poder. Antes en el cine había productoras, pero las mujeres estaban, sobre todo, en vestuario y maquillaje. Ahora hay eléctricas, directoras de foto, de arte... Pero yo tiendo a ser cuidadosa en generalizar mucho. Es un peligro decir que hay una forma femenina que es la mejor. Yo he trabajado con muchos hombres que tenían un acercamiento al trabajo con una energía muy de compartir y con algunas mujeres que tenían una energía muy de mandar.
- Najwa Nimri me contó que ella había sufrido a directoras tiranas porque la mujer cuando tiene poder también lo ejerce.
- El feminismo dice que somos iguales y dentro de esa igualdad está el poder ser una tremenda hija de puta. ¡Mira Margaret Thatcher! Cuidado con decir eso de que cuando la mujer tenga el poder no habrá guerras y será todo mejor.
- ¿Te ha tocado lidiar con directores o directoras autoritarios?
- Sí, pero ahora eso es más complicado porque nos tratamos de otra manera. No hay una poesía de la creación como un acto personal que duele y que te da licencia para hacer lo que tú quieras porque eres el director. No creo que fuesen individuos malos, sino que se habían criado con esa sensación de que tenían que ser así para que los respetaran.
- ¿Qué haces en esas situaciones? ¿Te rebelas o negocias?
- Pues mira, desde el principio yo siempre me he acercado y he dicho: "Yo así no puedo trabajar. No sé cómo lo haremos, pero si gritas me bloqueo y, en vez de pensar en el personaje, me sube el cortisol y estoy a la defensiva".
- Empezaste muy joven, ¿qué has desaprendido a lo largo del paso de los años?
- Un punto de sumisión que tenía. Igual que los puestos de poder tenían incorporada una manera de mandar muy patriarcal, yo tenía una manera de responder también muy patriarcal, muy de someterme y de aceptar mucha incomodidad porque era lo que me tocaba. Y con los años he aprendido que no hace falta y que no pasa nada cuando pones un límite. Me daba mucho miedo poner límites.
- Es verdad que no es fácil hacerlo.
- No nos habían enseñado. Ahora las nuevas generaciones ponen límites muy bien, aunque a veces se pasan. En ocasiones me parece que demasiado, que están con un poco de miedo, pero está muy bien.
- ¿Cuál es la orden que más te cuesta acatar como actriz?
- Jo, es que yo llevo muy mal la autoridad [ríe], que es muy gracioso siendo actriz porque es un poco paradójico. Rodando llevo bien la autoridad, pero en la vida en general, si me mandan algo que no tiene ningún sentido, no puedo. Me enfado mucho.
- ¿Qué haces si tu compañero de reparto te cae fatal?
- Trabajar y tirar de oficio. Si no hay una conexión natural, intento hablar siempre y buscar la conexión porque a veces también son malentendidos, y, de repente, encuentras algo que te vincula. Yo lo intento, y a veces funciona y otras, no.

Blusa, de Dior. Pantalón, de Woman en El Corte Inglés. Salones destalonados, de Ferragamo.LUPE DE LA VALLINA
La banda sonora de esta mañana pasa de Salvador Sobral y Silvia Pérez Cruz a David Lang y Frank Sinatra, cuyo New York, New York Watling no duda en cantar. "Cada estilismo lleva su música. Es importante para alcanzar el mood", explica la fotógrafa. La actriz ha interpretado uno de los papeles más complicados de su carrera, una veterana neonazi en la serie Salvador de Daniel Calparsoro. Mientras tanto, su grupo Marlango sigue aparcado, porque se encuentra embarcada en su nueva aventura musical, Leo & Leo, con Leo Sidran.
- Te has confesado experta en crisis vitales, ¿cómo se sale?
- Hay que pasarlas. Es que no hay más huevos. [Ríe] A veces sales mejor, y otras, no. Es mejor darte cuenta que no hacerlo, porque yo veo a gente que todavía no se ha dado cuenta y le van a caer todas encima de golpe.
- Declaraste que sospechabas de la gente que no iba a terapia.
- Hay muchos tipos de terapia, o sea, la jardinería puede ser una terapia porque es un espacio para ti y un momento para pensar. A mí desde luego me ayuda. No concibo esta profesión sin la terapia por sus daños colaterales. Cada profesión tiene sus riesgos laborales: igual que un pintor inhala amoniaco y un deportista tiene que ir al fisio. El riesgo laboral de un actor es que estás con muchas emociones y con mucha gente.
- Durante tu carrera has desaparecido en algunos momentos. ¿Qué pasa cuando el teléfono deja de sonar?
- Es horrible. Yo pensé que con la edad lo aprendería a gestionar, pero no se aprende. Con la maternidad quise estar muy presente en la crianza y tuve la suerte de poder hacerlo, con lo que en esa época sí que bajé mucho el trabajo.
- Fuiste valiente al pedir que no se exigiese un posicionamiento a los asistentes a la gala de los Goya.
- Sí, no me di cuenta de que iba a ser una cosa tan comentada, pero hay que respetar los tiempos de cada uno y a veces se nos exige mucho como mujeres y como actrices: posicionarse, adelgazar, engordar, retocarse, no retocarse... O sea, hay mucha exigencia y me parece importante respetar al que lo hace y al que no lo hace.
- Has rodado la serie 'Salvador' y has interpretado a Carla, una neonazi, uno de los personajes más difíciles de tu carrera.
- Era muy incómodo. Me encantó trabajar con Calparsoro. Con Luis Tosar ya había trabajado y es maravilloso. ¡Qué jodido es estar enfadadísimo y sentir que se aprovechan de ti!. Creo que la gente que está muy enfadada para llegar a ese sitio de odio monumental se siente menospreciada y piensa que se están aprovechando de ella. Es un sitio muy feo.
- ¿Puede un neonazi ser una buena persona?
- No. Esta conversación es súper interesante. A Hitler le encantaban los animales y los perros. Fue uno de los primeros que hizo leyes para ellos y era un asesino terrorífico. Una cosa no quita la otra. Los vecinos siempre dicen que los asesinos en serie son gente encantadora que les ayuda con las bolsas de la compra.
- Contaste que Bigas Luna fue el mejor coordinador de escenas eróticas que has conocido. ¿Qué te enseñó?
- A hablar abiertamente sobre qué te da miedo, qué te gusta o no. Te decía: "¿Con qué estás incómoda?". "Pues enseñando el pecho o las caderas". Era un coordinador de intimidad.
- Cuando todavía no existían.
- Tuve mucha suerte, porque es verdad que a la gente le da mucho pudor y vergüenza y a los directores más, y muchas veces no se habla. Es lo peor que puede pasar.

Vestido, de Ports 1961. Pantalón, de Twinset. Pulsera y pendientes, de Dinh Van.LUPE DE LA VALLINA
- Y una se planta en el rodaje con todas las dudas.
- Yo venía de la escuela Bigas y preguntaba qué íbamos a hacer y cómo. Lo que sí pido es una doble de cuerpo para que el director pueda trabajar con libertad. Si estoy cómoda haciéndolo, lo hago yo y, si no, lo rueda la doble.
- ¿Tienes instinto para salir de situaciones incómodas?
- Yo creo que ése lo hemos tenido todas.
- ¿Has vivido algún episodio de acoso en el cine?
- No. Yo he tenido suerte, la verdad, pero en la vida, sí. Y siempre con una mezcla de mucha ingenuidad y educación. Las mujeres hemos tenido que desarrollar unas técnicas disuasorias para que el otro no se sintiese mal.
- Ahora las nuevas generaciones lo tienen muy claro y les importa un pimiento si al otro le sienta mal, pero nosotras estábamos demasiado bien educadas.
- Sí para que no se ofendiese el otro y salíamos haciendo torsiones para que una situación potencialmente muy incómoda se apaciguara y nadie quedara incómodo. Bueno, nosotras quedábamos incómodas, pero para que el status quo no se alterase.
- Dijiste que a los 60 hay mujeres que rompen a follar, pero que hay otra clase de deseo femenino que no se ha contado bien. ¿A qué te referías?
- Se está empezando a contar ahora.
- El deseo femenino ha sido ignorado durante mucho tiempo.
- Yo aquí tengo este matiz de que hay muchos escritores y directores hombres que han contado muy bien el deseo femenino. O sea, a lo que aspira un creador es a no tener género. En ese momento en el que tú estás construyendo algo no tienes edad ni tienes género. Ése es el hecho artístico en mayúsculas.

Vestido de Teresa Helbig.LUPE DE LA VALLINA
- ¿Y en el sexo se ha alcanzado la igualdad? La actriz Laura Londoño reivindicaba la igualdad de orgasmos y decía que la satisfacción sexual femenina ha estado siempre mal vista.
- Cuidado, porque con la igualdad de orgasmos ahora a ver si ellos se van a volver multiorgásmicos y entonces, ¿qué hacemos? [Ríe] Nunca ha sido una conversación simétrica y no creo que sea culpa de ninguno de los dos. Es un diálogo que ha estado atravesado por unos códigos de sumisión... No es que el hombre quiera follar así, sino que ha aprendido a tener ese poder. Cuando encuentre que el diálogo es simétrico y que no hay una expectativa heroica, se van a poner muy contentos. Lo que intento decir con todo esto es que el feminismo es muy importante para los hombres porque también les libera a ellos.
- El cine también ha tenido culpa en ese sentido porque siempre se representaba la misma escena de sexo, ¿no?
- Perdón, otra vez, pero no es la culpa, es que tú estás contando lo que eres y lo que estás viviendo. Es como decir que la literatura tiene la culpa. Ese escritor o esa escritora está contando lo que tiene a su alrededor. Es un reflejo.
- ¿Cómo te gustaría que fuese la imagen de su vida?
- ¡Ostras! Si queda algo, que sea bonito. El poder siempre lo hemos asociado a una cosa muy bélica y tiene muchas formas. La bondad es muy poderosa y debería volver a tener prestigio. Estoy en campaña para ser violentamente bondadosa.

Camisa, de Marina Rinaldi. Bermudas, de Dior.LUPE DE LA VALLINA
Dirección de moda Charo Lagares.
Dirección de arte Blanca de la Cierva.
Maquillaje y peluquería Pau Sellés.
Producción Andrea Vázquez.
Asistente de fotografía Mauro Testa.
Asistente de estilismo Marifé Juez.

















