





















España se enfrenta a un nuevo verano de récord, con una guerra en Oriente que ha redirigido el flujo de viajeros hacia Europa y con eventos de tal magnitud que ponen a prueba la capacidad de las infraestructuras nacionales, como la tanda de conciertos del cantante puertorriqueño Bad Bunny o la visita del Papa León XIV a partir del 6 de junio. Las cifras oficiales reflejan cómo en el primer trimestre ya se notó un repunte de visitantes como consecuencia del conflicto que afecta a otros destinos turísticos como Dubai o Abu Dabi y todo vuelo que hace escala en la región hacia Asia. El PIB turístico repuntó un 2,1% de enero a marzo. La patronal Exceltur subraya que este verano más turistas "elegirán España por el atractivo y seguridad de su oferta", a pesar del alza de los precios. Y el Instituto de Turismo de España (Turespaña) prevé un 7% más de asientos en vuelos internacionales dirigidos solo hacia España en el mes de junio, hasta unos 13,1 millones de pasajeros.
No es una tendencia novedosa: desde la pandemia, España acumula varios años de récord de visitantes que han llevado incluso a sus administraciones públicas a diseñar estrategias para gestionarlos mejor. En el primer trimestre España ya batió su techo al recibir un 2,5% más de turistas extranjeros (17,5 millones).
El escenario que manejan distintos estudios como el Smart Observatory Primavera - Verano 2026 de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT) y la consultora PwC es que el verano de 2026 tendrá una ocupación en línea con 2025, "con buen comportamiento en destinos vacacionales y mayor moderación en algunos urbanos", pese a la incertidumbre.
Así que el país ibérico surfea la inseguridad geopolítica con éxito: a la par que el papel de Europa como destino refugio anticipaba una atracción del turismo con destino inicial a Oriente Medio, también se esperaba que el previsible alza de la inflación pasara factura al turismo y al ocio. Pero esta ha sido una situación volátil durante meses, y durante los mismos, comparadoras como Skyscanner han mantenido a España, Italia, Francia y Portugal en el top 10 de destinos de los turistas europeos. Una situación similar a la del año pasado. "La mayoría de los viajeros sigue confiando en viajar a pesar del contexto actual" explicaba Laura Lindsay, experta global de la compañía británica, el pasado abril. También Booking.com prevé un buen verano: España es el país más buscado por viajeros a nivel global para el verano 2026 con un aumento del 8% respecto a las mismas fechas de 2025, explica Pilar Crespo, responsable de la plataforma para España y Portugal.Y si de demanda interna se trata, sigue siendo el segundo destino para los residentes, con una diferencia al alza del 20% respecto al año pasado.

Se avecina otro verano de grandes flujos de viajeros: los regulares y los potenciales 47 millones de turistas que no viajarán a zonas próximas al conflicto cifrados por Exceltur. A todos ellos deberán recibirlos las infraestructuras españolas, que ya en estas primeras semanas de junio se enfrentan a su prueba de fuego: las visitas simultáneas de Bad Bunny y el Papa León XIV. Se espera que el primero aporte unos 600.000 asistentes a sus conciertos en las capitales del país, con una importante presencia internacional, mientras que el Sumo Pontífice congregará a más de un millón de asistentes.
La súbita y fuerte demanda -con un primer ejemplo de estrés de movilidad en los dos primeros conciertos de Bad Bunny en Madrid celebrados pasado fin de semana, que han inundado las conexiones urbanas en torno al Estadio Riyadh Air Metropolitano-, ya ha obligado al Ministerio de Transportes a reforzar los servicios en junio: más trenes en doble composición, más frecuencias y servicios especiales tanto en Cercanías de Madrid como Rodalies de Barcelona, y habrá un importante incremento de plazas en los tres corredores de Avant Centro de Renfe, que unen Valladolid-Segovia, Ciudad Real-Puertollano y Toledo-Madrid.
Aunque no todos los eventos significativos -y las grandes llegadas de viajeros- quedarán en junio: en agosto tendrá lugar el primer eclipse del Trío Ibérico (que se dará entre 2026 y 2028). Transportes prevé con este "importantes desplazamientos" hacia las zonas de observación, y una Comisión Interministerial se encuentra desarrollando un plan de movilidad.
Exceltur pone el énfasis en "la urgencia de reforzar las inversiones de Adif en el mantenimiento y adecuación de las vías de alta velocidad ferroviaria para alcanzar la normalidad operativa" y recuperar la confianza de los usuarios tras el trágico accidente de Adamuz (Córdoba) "y la errática gestión de las incidencias posteriores". El primer reflejo de ello estuvo en los datos de viajeros de ferrocarriles del INE, con un desplome del 15,8% en el uso del tren en el primer mes tras el accidente, pero también en el recorte del 2,4% de las pernoctaciones hoteleras en las ciudades andaluzas aisladas por la interrupción de la línea Madrid-Sevilla entre enero y febrero.
En teoría, en los próximos meses esta situación debería mejorar: además de la reapertura de las conexiones entre Madrid y Andalucía (en una vía, aún están pendientes de resolverse las incidencias de la segunda) está el compromiso de Transportes y Adif para la revisión y mejora del estado de los carriles, para los cuales hay distintas obras -y también plazos- en curso. Y el compromiso de elevar un 38% el gasto público en el mantenimiento de la red convencional y un 44% en la de alta velocidad para 2030. Pero estas son operaciones que llevan tiempo. Prueba de ello es que en las últimas semanas, cuatro meses después de los accidentes ferroviarios que pusieron en alerta a todo el sistema, los trayectos de la alta velocidad entre Madrid y Barcelona aún siguen viéndose demorados por distintas incidencias en las vías. Un goteo de complicaciones que se extiende a nivel nacional, según reporta Adif en sus canales oficiales y corroboran los viajeros en redes sociales.
Entre tanto, el gestor de infraestructuras mantiene, como mínimo hasta diciembre, la medida acordada con las operadoras el pasado febrero de alargar oficialmente los trayectos entre Madrid y Barcelona en 25 minutos -desde las tres horas promedio- para que las operadoras no incumplan sus políticas de puntualidad. Aunque Adif no atribuye esta medida únicamente al mantenimiento o reparación de las vías, sino que asocia los retrasos a las actuaciones para acelerar la llegada del ritmo de 350 kilómetros por hora en las vías entre capitales.
Tampoco mejora la situación en la red convencional: en base a la programación semanal de los maquinistas de Adif, mayo concluyó con 1.035 Limitaciones Temporales de Velocidad (LTV) programadas. Son incidencias que obligan a bajar la velocidad en distintos tramos porque hay desperfectos o se están realizando obras de distinta índole. Entre los motivos más frecuentes, se encuentra estado de vía (entre el 45% y el 50% de los casos) con defectos de nivelación o de soldaduras de vías. Una proporción muy inferior a las debidas a obras de mejora y adecuación (15%).

Para los viajeros terrestres, la alternativa al tren es el viaje por carreteras. Cuyo estado igualmente se está sometiendo a importantes revisiones debido a que, pese a ser la vía para el 50% del tráfico total del país, el Gobierno le reconoce un déficit de inversión de 5.600 millones de euros. Para subsanarlo, el pasado abril el Ministerio de Transportes anunció un plan de reparación de los firmes de más de 5.000 kilómetros de carreteras estatales a iniciar entre 2027 y 2031 con un desembolso de 1.629 millones de euros.
"Un reconocimiento explícito del deterioro que viene sufriendo la red viaria", valora la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), que "resulta claramente insuficiente para dar respuesta a la situación actual". Consideran que actuar sobre 5.000 kilómetros de una red que supera los 26.000 kilómetros "implica dejar sin intervención a una parte mayoritaria de las infraestructuras" de las cuales muchas presentan "un estado crítico" para la seguridad vial, la eficiencia operativa y los costes de empresas de transportes. Además, critican los plazos y reiteran la urgencia de actuación: "El progresivo deterioro de los firmes no admite más demoras". Otra alianza de las carreteras, la Asociación Española de la Carretera (AEC), ya contabilizaba un déficit de conservación y mantenimiento recórd de 13.491 millones en 2024, y advertía que más de la mitad de las carreteras requieren mejoras y en 33.966 kilómetros, "una reconstrucción urgenteen menos de un año".
De cara al verano, reducir la operatividad de las carreteras entraña sus riesgos: los datos de la Dirección Digital de Tráfico (DGT) muestran que los desplazamientos por carretera -medidos en movimientos de largo recorrido- alcanzaron solo en el pasado verano los 100,48 millones de desplazamientos, un alza del 3% respecto al año 2024 pero que además crece un 10% desde 2019, año previo a la pandemia y cuando se alcanzaron los 91,16 millones de trayectos. Porque también los viajes por carretera, en consonancia con el volumen de viajeros veraniegos, sigue una tendencia muy al alza. Más si cabe con el eclipse solar de agosto, recogido en la Resolución de medidas especiales de regulación de tráfico para 2026 de la DGT en las carreteras de Aragón, Asturias, Castilla-La Mancha, Castilla y León, La Rioja, Baleares y Comunidad Valenciana "con motivo del incremento de desplazamientos previstos" hacia numerosas zonas muy bien posicionadas para el fenómeno.
Mientras tanto, hay otra crisis para las calzadas: la guerra de Oriente Próximo, que ha encarecido el precio del betún un 49%, amenazan 881 millones de euros de obra pública en la operación de asfaltado nacional, según la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras (Seopan). El motivo se encuentra en la Ley de Contratos del Sector Público: no permite aplicar revisiones de precios en el primer año de construcción, lo que deja los alzas en los costes de materiales a cargo de la empresa concesionaria. Y no es que no sea necesaria una revisión: Seopan estima que son necesarios 1.458 millones de euros anuales para el mantenimiento de la red estatal.

Aena lleva varios años advirtiendo de que su capacidad técnica se encuentra al límite en aeropuertos críticos como el de Barcelona. Es por ello que dentro de su plan inversor, el DORA 2027-2031 con casi 13.000 millones de euros, uno de sus principales ejes es la ampliación de dimensiones de sus aeropuertos, donde mantiene la previsión de un flujo de pasajeros -que no turistas- de 1.690 millones en los próximos cinco años. En los planes de la estatal está aumentar las tasas como ya ha empezado a hacer este 2026, con un incremento anual de 0,43 euros por pasajero en los próximos cinco años) para respaldar dicha inversión.
"En algunos aeropuertos, de manera puntual y acotada, va a haber restricciones por el lado de la oferta precisamente por el éxito extraordinario de los últimos años", avisó Maurici Lucena, sin concretar el plazo para las reducciones, a principios de 2026.
Sobre este próximo verano, desde Aena reiteran a este medio que "algunas de las principales infraestructuras aeroportuarias se están acercando al límite de su capacidad técnica por lo que, hasta que se completen las obras planteadas del DORA, su crecimiento operativo será contenido". Estos límites se miden a través de la capacidad del campo de vuelos (aeronaves por hora); de acomodo de naves en las plataformas; o el alcance del edificio terminal de pasajeros por hora. Pero en lo que operatividad se refiere, afirman que "todos funcionan con normalidad".
Desde la pandemia, los pasajeros que pasan por los aeropuertos españoles han aumentado en un 47,36%, en base a los datos de meses veraniegos de Aena desde 2019. En concreto, en 2025 hubo hasta 126,98 millones de pasajeros, un récord para el histórico de la estatal, que previsiblemente volverá a batirse este año. Según los datos del INE, los turistas extranjeros que utilizaron aeropuertos alcanzaron los 33,8 millones solo en verano; una proporción que escala un 11,6% respecto a 2019, año previo a la pandemia y del boom turístico que aún perdura.

La otra alternativa de acceso al país son los puertos. En una evolución general creciente, aunque más atenuada que en las entradas aéreas, los datos mensuales de Puertos del Estado para los veranos de 2019 y 2025 reflejan que el número de viajeros totales que han pasado por los puertos españoles ha crecido un 8,57% desde la pandemia, ya que en 2019 se alcanzaron los 17,75 millones de pasajeros y en 2025 la cifra se situó en 19,27 millones. La presencia de cruceros, regulada por distintas administraciones para calibrar el flujo desmedido de turistas, aportó un 26,24% del total de pasajeros, y esta cifra sí evoluciona en llamativo aumento desde la pandemia: hasta un 28,52% más.
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