Opini�n
'Magnifica Humanitas' no es solo la esperada carta sobre la inteligencia artificial, es mucho m�s

El Papa Le�n XIV a su llegada a la presentaci�n del a enc�clica.
Ferruccio de Bortoli
Actualizado
Una "magn�fica humanidad", como la llama Le�n XIV en su enc�clica, es quiz� una hip�rbole excesiva. Una utop�a. Nos conformar�amos con mucho menos. Pero la construcci�n de una sociedad mejor no solo es posible, es un deber. Cada uno, escribe el Papa citando al cat�lico Tolkien, debe aportar su granito de arena "por la salvaci�n de los tiempos en que vivimos". Magnifica humanitas no es solo la esperada carta sobre la Inteligencia Artificial, es mucho m�s.
Es, a la vez, una actualizaci�n detallada de la Doctrina social de la Iglesia, un atlas para comprender las convulsiones de la geopol�tica, una gu�a para una nueva "civilizaci�n del coraz�n en el desarme de la palabra", una propuesta de alianza educativa que arranque, sobre todo a los m�s j�venes, de las nuevas formas de esclavitud digital.
El Papa hace dos constantes referencias b�blicas ejemplares para comprender o tal vez intentar transformar nuestro tiempo: la torre de Babel como proyecto de dominio (de la tecnocracia) que "acaba deshumanizando" y la Jerusal�n reconstruida por Nehem�as como "obra de responsabilidad compartida".
Es la b�squeda del bien com�n lo que da vida a un pueblo. "El todo es m�s que la suma de las partes". En la amplia secci�n dedicada a la Inteligencia Artificial (IA), el Pont�fice precisa que "el di�logo con otros saberes no resta fuerza al Evangelio". La IA puede ser un don precioso, pero debe utilizarse con discernimiento moral. No debe llevarnos a la pereza de delegar en exceso, ni se puede confiar al algoritmo la elecci�n de qui�n merece o no, ni a un sistema de armas la responsabilidad de una acci�n militar. Hay que responder a esta pregunta: "�La IA hace la vida en la tierra m�s humana? �M�s digna del hombre?".
Tambi�n en el mundo digital ("Un continente por evangelizar") hay que buscar el bien com�n, perseguir un principio de justicia y solidaridad. En su cr�tica al transhumanismo y al poshumanismo, Prevost constata que "nuestra relaci�n con la vida est� en crisis, el l�mite parece un defecto que hay que corregir, pero la finitud no empobrece al ser humano, sino que lo abre al otro".
Un cap�tulo de gran importancia est� dedicado a la relaci�n entre la verdad y la democracia. "La desinformaci�n —se lee en la enc�clica— no nace con la IA, sino que encuentra en ella un potente multiplicador. La informaci�n veraz no nace de un control centralizado y automatizado". Haciendo referencia a Hanna Arendt, el Papa afirma que "la b�squeda de la verdad es esencial en una democracia; la verdad es un bien com�n y no una propiedad de quienes tienen poder y visibilidad".
Elogia, al igual que lo hab�a hecho Francisco, el papel de los periodistas apasionados por la verdad. "Hemos asistido con verg�enza al arduo descubrimiento de verdades dolorosas, incluso sobre miembros de la Iglesia y sobre realidades eclesiales". No parece que otros poderes, menos milenarios y m�s modestamente terrenales, hayan hecho, ante inc�modas investigaciones period�sticas, afirmaciones an�logas. �Qui�n sabe si ahora leer�n Magnifica humanitas?
Ferruccio de Bortoli fue director del Corriere della Sera.
























