

























Aleksander Akimov era el jefe de turno del bloque 4 la noche del 26 de abril de 1986. Fue quien, siguiendo el protocolo de emergencia, orden� activar el sistema de parada del reactor y pulsar el infame bot�n AZ-5 cuando la situaci�n ya se hab�a vuelto incontrolable. Muri� semanas despu�s por s�ndrome de irradiaci�n aguda, tras haber permanecido horas intentando estabilizar lo que �l mismo cre�a que a�n era un reactor intacto. Segundos despu�s de aquella acci�n, que pretend�a salvar el reactor y no detonarlo, se produjo el peor accidente at�mico de la Historia. Hoy se cumplen 40 a�os.
"Recuerdo el d�a de la explosi�n. Mi familia no escuch� nada esa madrugada y al d�a siguiente fuimos al colegio de manera normal y jugamos en la calle, ya con la nube radiactiva sobre nosotros. Nadie nos dijo nada, ni repartieron pastillas de yodo. Mis padres quisieron sacarnos en autob�s o en barco por el r�o hacia Kiev, pero no lo conseguimos. Finalmente las autoridades nos evacuaron al d�a siguiente, domingo", cuenta a este diario la traductora Olga Tarnovska, que vivi� de ni�a en la ciudad fantasma de Pripiat.
Durante una prueba de seguridad mal dise�ada y peor ejecutada, los operadores de la central desactivaron sistemas clave de protecci�n y llevaron el reactor a una imparable reacci�n en cadena. Una s�bita subida de potencia provoc� dos explosiones que destruyeron el n�cleo, liberando grandes cantidades de material radiactivo a la atm�sfera. El grafito del reactor ardi� durante d�as, extendiendo la contaminaci�n sobre amplias zonas de Ucrania, Bielorrusia y parte de Europa. Aunque la URSS quiso ocultar el accidente, ingenieros de una central nuclear sueca detectaron niveles anormales de radioactividad en su pa�s y comprobaron que no proven�a de sus centrales, sino del Este de Europa. Entonces Mosc� tuvo que reconocerlo.
Las consecuencias fueron inmediatas y a�n perduran. Aunque las cifras ofrecidas por la URSS siempre fueron cuestionadas desde Occidente, sus informes dicen que dos trabajadores murieron esa misma noche y decenas de bomberos y operarios fallecieron en semanas posteriores por s�ndrome de irradiaci�n aguda. M�s de 100.000 personas fueron evacuadas, incluida toda la ciudad de Pripiat, con 56.000 habitantes vinculados a la central, incluyendo Olga Tarnovska y su familia, y se estableci� una gran zona de exclusi�n.
A largo plazo, el accidente gener� un aumento de c�nceres, especialmente de tiroides, y un profundo impacto ambiental, sanitario y pol�tico. Tambi�n evidenci� fallos estructurales del sistema at�mico sovi�tico, desde el dise�o del reactor RBMK hasta la opacidad inicial de las autoridades y marc� un punto de inflexi�n en la percepci�n mundial de la energ�a nuclear.
UN ANTES Y UN DESPU�S
El accidente de Chern�bil no fue el �nico factor, pero s� marc� el momento en que lo nuclear dej� de ser un debate t�cnico o energ�tico para convertirse en una cuesti�n pol�tica y social de primer orden en Europa. La nube radiactiva no respet� fronteras y la gesti�n opaca de la URSS min� la confianza p�blica: de pronto, el riesgo ya no parec�a abstracto ni lejano. A partir de entonces, muchos gobiernos europeos endurecieron regulaciones, paralizaron proyectos o sometieron el desarrollo nuclear a un escrutinio pol�tico mucho mayor. Pa�ses como Italiavotaron en refer�ndum el abandono nuclear en 1987, mientras otros como Alemania iniciaron un largo proceso de cuestionamiento que d�cadas despu�s desembocar�a en el cierre progresivo de sus centrales.
Sin embargo, la respuesta no fue uniforme. Francia, por ejemplo, mantuvo y consolid� su apuesta nuclear por razones de soberan�a energ�tica, mientras que en otros pa�ses la retirada fue parcial o reversible. M�s que provocar un abandono inmediato generalizado, Chern�bil elev� el coste pol�tico de la energ�a nuclear, fortaleci� a los movimientos antinucleares en toda Europa y oblig� a replantear est�ndares de seguridad y transparencia. Ese giro se consolid� a�os despu�s con el impacto del accidente de Fukushima, que reforz� decisiones ya latentes en Europa.
�Cu�l es la fotograf�a actual de la energ�a nuclear en Europa? �Su expansi�n se cort� a ra�z del desastre de Chern�bil? Europa sigue siendo uno de los grandes n�cleos nucleares del mundo, aunque lejos del impulso que tuvo en los a�os 70 y 80. Contando los de la UE y el resto del continente, hay alrededor de 160-165 reactores nucleares operativos. Solo en la UE funcionan unos 98 reactores en 13 pa�ses. Si a�adimos Reino Unido, Ucrania, Suiza o Rusia, en Europa se superan los 160. Es decir: nuestro continente sigue teniendo un parque importante, pero envejecido, ya que muchos reactores se construyeron entre los a�os 70 y 80.
�Cu�ntos de ellos se construyeron despu�s de Chern�bil? Muy pocos en comparaci�n con el periodo anterior. Antes de 1986, Europa estaba en plena expansi�n nuclear. Despu�s de Chern�bil, el ritmo se desplom�. Hubo una ca�da brusca de nuevos proyectos en Europa occidental, con moratorias, cancelaciones y retrasos. En las d�cadas siguientes, solo se han construido unas pocas unidades nuevas en Europa occidental, como Olkiluoto 3 (Finlandia, 2023) y Flamanville 3 (Francia, a�n en marcha pero con retrasos).
En Europa del Este s� hubo m�s actividad, pero en muchos casos eran reactores iniciados antes de 1986 y terminados despu�s, no proyectos completamente nuevos. En t�rminos globales, desde Chern�bil hasta hoy, Europa ha pasado de construir decenas de reactores por d�cada a apenas un pu�ado en 30 a�os, con largos parones de m�s de una d�cada sin nuevas centrales en varios pa�ses. Chern�bil no acab� con la energ�a nuclear en Europa, pero s� rompi� su inercia energ�tica. Mantiene un parque amplio heredado del pasado pero ha sido incapaz de renovarlo con la misma intensidad.
Por eso hoy el debate sobre el "renacimiento nuclear" es, en realidad, un intento de revertir tres d�cadas de par�lisis m�s que de expansi�n.
ERRORES SOVI�TICOS
�Era posible un accidente como el de Chern�bil en una central nuclear occidental de la �poca? En t�rminos estrictos, un accidente exactamente igual al de Chern�bil era muy improbable en centrales occidentales incluso en los a�os 80. El reactor sovi�tico RBMK combinaba dos rasgos peligrosos: un coeficiente de reactividad positivo que hac�a que el reactor se volviera m�s inestable al aumentar la temperatura y la ausencia de un edificio de contenci�n robusto que sellara la fuga al momento, y que est� presente en los reactores occidentales. Adem�s, durante la prueba se desactivaron sistemas de seguridad y se oper� fuera de los l�mites establecidos. En la mayor�a de los reactores occidentales (de agua ligera, como los PWR o BWR), el comportamiento f�sico tiende a ser m�s estable y la reacci�n se frena al aumentar la temperatura. Las normas de operaci�n y cultura de seguridad hac�an mucho m�s dif�cil encadenar errores de ese tipo sin que el sistema se detuviera autom�ticamente.

Zona de exclusi�n de Chern�bil.ALBERTO ROJAS
La ingeniera nuclear Kirsty Gogan insiste en separar el accidente de la tecnolog�a actual: "No podemos permitir que un accidente de hace d�cadas defina el futuro de una tecnolog�a que hoy es mucho m�s segura". El f�sico y divulgador James Hansen, influyente en el debate clim�tico, defiende abiertamente la nuclear pese al legado de 1986: "Chern�bil es una tragedia, pero la energ�a nuclear ha salvado muchas m�s vidas al evitar la contaminaci�n del aire que las que ha costado".
Dicho eso, los riesgos pueden adoptar otras formas. Accidentes graves s� han ocurrido en sistemas tecnol�gicamente avanzados, como el de la central de Three Mile Island o el de Fukushima, donde el problema no fue una explosi�n de reactividad como en Chern�bil, sino un tsunami. En otras palabras: la probabilidad de un Chern�bil en Occidente era muy baja, pero el riesgo nuclear nunca ha sido nulo; lo que cambia es el tipo de accidente y las barreras dise�adas para contenerlo.
EL IMPACTO EN ESPA�A
El accidente de Chern�bil tuvo en Espa�a un impacto sobre todo pol�tico y social. La nube radiactiva lleg� de forma muy atenuada y sin efectos sanitarios relevantes, pero el accidente reforz� una desconfianza ya existente en nuestro pa�s hacia esta energ�a. En la segunda mitad de los a�os 80 cristaliz� un clima de oposici�n p�blica, con movilizaciones y un debate muy vivo sobre riesgos, transparencia y dependencia energ�tica. Ese contexto consolid� la llamada "moratoria nuclear" aprobada en 1984 por el Gobierno de Felipe Gonz�lez, que paraliz� nuevos proyectos y redefini� el programa nuclear espa�ol.
El mejor ejemplo es el de la central nuclear de Valdecaballeros (Badajoz), que nunca lleg� a estar operativa pese a encontrarse en un estado muy avanzado de construcci�n. La decisi�n de no ponerla en marcha no fue una reacci�n directa y puntual a Chern�bil, sino el resultado de la moratoria previa, motivada por factores econ�micos (sobrecapacidad el�ctrica y costes), regulatorios y pol�ticos. El accidente de 1986 reforz� esa decisi�n y la hizo mucho m�s dif�cil de revertir, pero la central qued� definitivamente abandonada por una combinaci�n de razones estructurales ya en curso antes del desastre. Chern�bil s�lo le puso el �ltimo clavo al ata�d.
En pleno debate sobre seguridad energ�tica y descarbonizaci�n, varias voces de peso sostienen que Europa no tiene demasiado margen si quiere cumplir sus objetivos clim�ticos. El historiador econ�mico Adam Tooze conecta el accidente con las dificultades actuales para relanzar el sector at�mico: "Cada intento de renacimiento nuclear en Europa se enfrenta a un problema de memoria: Chern�bil sigue siendo el punto de referencia".
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